[Crítica] Interpol – Interpol (2010)

[Crítica] Interpol – Interpol (2010)

Todo apuntaba a que Interpol iba a ser uno de los motivos de debate de este último cuarto de 2010. El cuarto y homónimo disco de la ya mítica banda de indie-punk-rock capitaneada por Paul Banks, no deja a nadie indiferente. Tal vez este sea, sin embargo y desgracidamente, su mayor logro.

En los últimos años hemos sido testigos de la evolución lógica de muchos bandas de éxito que, sobrepasados los dos álbumes, se ven obligados a cambiar de rumbo para no estancarse (¿quién ha dicho que eso de estancarse es malo? yo, desde luego, no). Evolucionar o morir. Como dirían algunos. Pongamos algunos ejemplos: Muse cada vez suena en más discotecas. A Editors, una banda siempre comparada con Interpol, le ocurre tres cuartos de lo mismo. Grupos más pop como Keane o The Killers han movido baza en la misma dirección. ¿El resultado? Discos más flojos que sus predecesores, con algún hit destacable que asciende rápido hasta el número uno y cuyo videoclip nos sabremos de memoria en pocas semanas.

Interpol, por supuesto, se veía abogado a una situación similar tras arrasar con Antics (2004) y, sobre todo, con Our Love To Admire (2007). Su rumbo, sin embargo, no se ha movido en la misma dirección que el resto. En vez de evolucionar hacia una música más discotequera, han rechazado todo atisbo de luces de neon para arrimarse todavía más a las tinieblas. Y es que este Interpol es un disco oscuro, muy oscuro. Con una composición muy barroca, tremendamente recargada y en algunos puntos incluso mareante. El movimiento gustará a muchos -seguidores de los neoyorkinos, sobre todo-, y decepcionará no pocos, que a las pocas escuchas se darán cuenta de que a la banda le quedan pocas ideas.No podemos ni siquiera pensar que en gran medida este tropiezo se debe a la marcha de Carlos Drengler, pues el bajista abandó la banda poco después de grabar el disco.

Quizá el mayor problema del álbum es que no te lleva a ningún sitio. Las canciones son en su mayoría largas y pesadas, algo pobres en cuanto a lírica y deprimentes en exceso. La voz de Banks ayuda a esto último; no encontramos en los tres cuartos de hora del disco ni un momento de brillantez que emanaba del magnífico y ya mencionado Our Love To Admire. Salvamos, en cualquier caso, singles como “Lights” (cuyo video podéis ver a continuación), que se presenta a priori como la mejor pieza del disco, y “Succes”, uno de los temas más frescos del álbum y que nos hacen recordar esa absurda frase que dice que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Veremos que tal se desenvuelven en sus conciertos de noviembre.

[Puntuación: 5/10]


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