[Crónica] Adele en Barcelona (Sala Bikini, 1 de abril 2011)
Aun y ser consciente de que da muy mala impresión debutar en esta página con una afirmación tan rotunda como la que me dispongo a soltar, no me preocupan las consecuencias y me voy a desahogar con vosotros, fieles lectores de Binaural. Quiero que prohíban ya la entrada de los ingleses a los conciertos de Barcelona (desconozco como serán los de Cáceres, así que limito el área restrictiva a mi ciudad). La bella y dulce joven británica nos regaló un viaje por el universo de sus emociones en el escenario de una sala Bikini que registraba un 60% de público anglosajón. El dato sería irrelevante de no ser por la habilidad de éstos para berrear consignas entre litros de alcohol y destrozar así la magia de Michael Kiwanuka (http://www.myspace.com/mikeksongs) con un irrespetuoso rumor en los límites de la sala durante su actuación. El hombre de apellido imposible fue el telonero escogido por Adele para estrenar el escenario barcelonés con un apetecible gusto por el soul y el folk acústico acompañado por dos guitarras y una magnífica voz con vestigios del Bill Withers de ‘Ain’t No Sunshine’.
Adele visitó España en uno de los momentos más dulces de su carrera. El número de ventas de su segundo álbum, 21, está batiendo todos los records posibles, superando a la reina del pop Madonna como la artista femenina que más semanas se ha mantenido en el número 1 de las listas británicas (nueve) e igualando gestas incluso con los mismísimos Beatles.
En Barcelona el cartel de entradas agotadas ya hacía meses que colgaba en las taquillas del recinto. Pasadas las 9 y media de la noche, se apagaron las luces y tras unas breves notas de piano empezó a recitar los primeros versos de ‘Hometown Glory’ desde la parte de atrás de un escenario preparado previamente con un taburete alto, una mesa con dos botellas de agua y una taza de té hirviendo para calentar su voz. Y entonces apareció, por fin, con gestos tímidos y esa voz blanca viajando desde su garganta hasta los poros de nuestra piel.
Adele es la antítesis de los macro-espectáculos, de los escándalos, de los gestos y el vestuario sexy y provocador. Ella es pura y simple emoción. Es paradójico cómo alcanza sus mejores registros cuando le canta a la tristeza. Sus palabras impactan en lo más hondo del alma y lo purifican a través de la música. Aunque no tengan mucha relación, no puedo evitar pensar en ella como el equivalente pop de Antony and the Johnsons, con toda seguridad dos las dos voces actuales con más poder para estremecer.
Los temas de sus dos discos, 19 y 21 (haciendo referencia a la edad que tenía en el momento de componerlos), combinaban momentos de melancolía sentada en un taburete, acompañada de un piano y su guitarra en ‘Turning Tables’, ‘Don’t You Remember’ o ‘Daydreamer’; con otros más enérgicos en ‘Rumour Has It’, ‘Right As Rain’ o ‘My Same’ en los que se acompañaba de hasta 6 músicos y dos coristas. Se reservó lo mejor para el final, ‘Someone Like You’ (¿en el top five de las mejores canciones del año?) y ‘Rolling in the Deep’, todo un hit que hizo las delicias de un público entregado moviendo el esqueleto.
Muy cercana a la gente, no cesó de responder a los gritos del respetable con un “¡yo también os quiero!”, hizo bromas sobre su exceso de sangría la noche anterior y se mostró sorprendida por la ingente cantidad de público inglés desplazado para verla (yo creo que estaban de Erasmus o de vacaciones, pero bueno). Mezcla la timidez y la madurez de una manera entrañable. Ante los aplausos y vítores del público cuando su voz alcanzaba los registros más elevados con una facilidad pasmosa, se llevaba las manos a la cara vergonzosa pero agradecida. No sé si es consciente de que con 22 años ya es una de las divas del siglo 21. Todo un placer para los sentidos.

adele es una mujer erosa vueno es por que asen fhotoshop pero la voz que tiene es increible…