[Crónica] Battles en Madrid (Joy Eslava, 1 de diciembre)
Hay momentos que no hay que entender, que no hay que clasificar ni darles vueltas una y otra vez. Como la música en directo de Battles, tan sólo se trata de disfrutar. Que al principio llame tanto la atención la posición del platillo de John Stanier comparado con su sillín prácticamente besando el suelo, o los chapurreos de la banda con el español (“Soy Santiago Calatrava” o “Me gusta la montaña rusa”), todo queda en un segundísimo plano y el cuerpo solo te pide más y más música, más y más progresión.
Al igual que la portada de “Gloss Drop”, Battles son un cúmulo de lo que sea, de todo o de nada, pero compacto y loco. Una mezcla de sintes con la dosis exacta de guitarrazo y de bajo y un exceso de violencia a la batería (pero un excelso exceso, digámoslo así). Lo de Stanier es algo sobrenatural y te deja embobado por momentos viéndole alargar el brazo hasta el plato en un ejercicio de contorsionismo . Pero para contorsionista, su propia música. Yo no puedo más que deshacerme en halagos y si algo tengo que criticar es la duración del concierto: lo haría infinito. Una vez que te dejas llevar a los ritmos más electrónicos, más reggae incluso o con un toque evidente jazzístico, estás perdido: salir de ahí es como intentar romper una gran telaraña extremadamente bien entretejida.
Todo parece un caos, con ritmos dispares que el trío de Nueva York sabe hacer melódicos, pegadizos y lógicos entre tanto desorden orquestado. Obviamente los ánimos se enfurecieron con los primeros acordes de “Afrocastle” y, sobre todo, de “Atlas”. Pero tanto la divertida “Ice Cream” o, valga la redundancia, la futurística “Futura” (de los más progresivas en su discografía) no se quedaron atrás. Un setlist completo con una puesta en escena simple pero efectiva. Las dos pantallas verticales que emitían imágenes de los colaboradores vocales como Matias Aguayo o Gary Numan, me recordaron al rollito Rinôçérôse, donde el directo empasta con las presencias virtuales. En un grupo como Battles, lo artificial encaja y place porque ellos, en esencia, son experimentación. Vamos, que no se echó de menos la falta de Tyondai Braxton, ellos solitos pueden llenar el escenario de la Joy Eslava y hacerlo grande, enorme.
El tema que me hizo escuchar Battles fue “Railroad Cancellation” de Don Caballero, exbanda del guitarrista Ian Williams. Sin duda, Don Caballero se queda como antesala (muy digna) de una evolución mayor, magnánima y atrevida. Battles se comieron la Joy Eslava el jueves y, como las imaginativas estructuras del arquitecto Calatrava, son sorprendentes, fuertes, redondos y sobre y ante todo, experimentales. Que sigan experimentando y que vuelvan pronto por la capital. Se agradece mucho un aire tan fresco y revelador.


