Crónica concierto Mad Madison en la sala Wurlitzer de Madrid (16 de junio de 2010)
Hay quien dice que los críticos somos músicos frustrados. Es cierto. Pero también tenemos el inmenso placer de, muy de vez en cuando, descubrir pequeñas joyas de la música y compartirlas con los demás.
La noche del miércoles tuve el inmenso placer de asistir, en la sala Wurlitzer de Madrid, al primer concierto que Mad Madison ofreció fuera de su Cataluña natal. Les había visto actuar en Barcelona, en las salas KGB y BeCool y me parecieron especiales, muy buenos, pero no me parecieron los mejores. El miércoles, cuando iniciaron su demoledor directo en el pequeñísimo escenario madrileño –que, por cierto, se les quedaba corto por todas partes- tuve una especie de revelación: estaba asistiendo al nacimiento de una de las mejores bandas del panorama indie español. Yo, un don nadie que se atrevió a hablarles de ellos hace escasos días.
Atacan su repertorio con furia y maestría porque creen en él, porque saben que son muy buenos y jóvenes y que tienen el mundo por delante y todo el tiempo que haga falta. Si en las primeras escuchas sus temas pueden parecer demasiado pop, su punzante directo disipa cualquier duda: Mad Madison no es El Canto del Loco. Por supuesto, hay mucho que pulir, pero todo ello es secundario. Fundamentalmente eché de menos auténticos solos de guitarra, ya que creo que a ambos guitarristas les sobra calidad para ello –por cierto, si quieren saber lo que es rock and roll actitud pregunten por Bernardo Guardiola- y un sonido algo más desenmarañado, así como la inclusión en el repertorio de alguna versión para atraer el interés de los menos dados a disfrutar de nueva música. Pero como les digo, todo ello es secundario, porque los chicos de Mad Madison, todos, desde el primero al último, rezuman saber hacer y una actitud impecable, unas tablas impensables en unos chavales de su edad. Son enormes, créanme.
Algunos de sus temas, como “Antes de hablar”, empiezan a hacerse muy familiares para los que los escuchamos y nos sorprende, en especial, el tema escogido para echar el cierre: “Quédate”, un glorioso rock que nos deja extasiados y con más y más ganas de Mad Madison. Aunque el momento álgido de la noche llega con una emotiva “Hoy moriré”, dedicada a un amigo de la banda, tristemente desaparecido.
Hay que desearles toda la suerte del mundo, porque se lo merecen y porque la música los necesita. A juzgar porque lo que vi y escuché en Madrid, la van a tener.
En efecto soy crítico, un músico frustrado, de acuerdo, pero el miércoles por la noche vi el futuro de la música en español: Se llaman Mad Madison y, de mayor, quiero tocar como ellos.
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