[Crónica] Festival Groezrock 2011 (22-23 abril)

[Crónica] Festival Groezrock 2011 (22-23 abril)

La habitualmente gris Bélgica ha vivido este año una de las Semanas Santas más calurosas que los lugareños recuerdan. “¡Hemos tenido la máxima temperatura de Europa durante el fin de semana!“, decían los belgas maravillados. Y no sólo eso: en plena mitad de la nada, donde no llegan los trenes, el supermercado más cercano está en el siguiente pueblo de la carretera y el paisaje se compone de granjas y tractores, ha habido durante tres días un desembarco masivo – 34.000 en todo el fin de semana – de alemanes, holandeses, ingleses y resto de europeos festivaleros que han llenado la pequeña localidad de Meerhout para asistir a una de las grandes citas anuales del punk rock y hardcore del viejo continente: el festival Groezrock.

Con éste, se cumplen veinte años desde que lo que empezó siendo un pequeño festival local, que en sus comienzos tiraba más hacia el pop rock, echó a andar y que hoy es “una reunión de amigos, en la que cualquier cosa puede pasar”, como comenta el organizador Hans Maes. Para celebrar el cumpleaños, el cartel de esta edición incluía a 66 bandas (16 más que en la pasada edición) con nombres de la talla de Nofx (porque, “¿qué es un 20 aniversario sin Nofx en él) o los reaparecidos Descendents (“¡después de 7 años intentándolo!”) y la cerveza volvía a los precios populares de antaño, más baratos que el agua (tres vasos, cinco euros). Total, como dicen los belgas, “el agua es para los peces”.

Con ingredientes así, no es de extrañar que durante los tres días de acampada y música desde primera hora de la mañana lo normal fuera oír que “it’s such a fucking nice day” de la boca de gente aleatoria bailando el irish punk de Dropkick Murphys o Flogging Molly, otros dos de los platos fuertes del fin de semana. Los primeros, con un setlist plagado de sus clásicos, llenaron de buen rollo y bailes irlandeses el escenario principal del sábado, justo después de que en el mismo sitio se batiera, con The Kids Aren’t Allright de The Offspring, el récord mundial de Air Guitar.

flogging molly

Viernes

El día anterior, los cabezas de cartel Flogging Molly habían hecho lo propio, mezclando viejos y nuevos temas (abrieron con su nuevo single, Speed of Darkness) y algo de discurso sociopolítico en un concierto que ponía el punto y final a la primera jornada del festival. Desde el mediodía bajo el sol, de un escenario a otro y con alguna caja de patatas fritas con mayonesa entre concierto y concierto, escuchamos el punk pop azucarado de Rufio y, más tarde, al público coreando Bro Hymn. Y no, Pennywise no estaban en el cartel, pero sí su ex-cantante Jim Lindberg con su nuevo proyecto The Black Pacific. Al término de la actuación, que, como el disco, sonó inevitablemente a la mítica banda californiana, la nostalgia entre los que estábamos abajo era un hecho bastante notable.

Justo después, y mientras en los otros dos escenarios la cosa iba más del post-hardcore de The Blackout o el punk fresquito y pegadizo de Veara y Grey Area, Danko Jones puso el toque rockandrollero del fin de semana. Consciente de que su estilo era el más alejado de la media del festival, agradeció a la organización y al ejército de punkrockeros y hardcorekids del público el poder estar allí, al tiempo que les hacía bailar con temas como ‘Do you kiss on the first date?’ o corear eso de ‘Do you kiss on the first date? ‘Cause I do!’. Más tarde, mientras Sick of it All celebraaban también su 25 aniversario, Cancer Bats daban, en el Etnies Back to Basics, el escenario en el que el festival rememora sus orígenes y permite subir, cantar y saltar, uno de los conciertos en los que el público dio más de sí. Millencolin, otros que estaban de celebración, tocaron Pennybridge Pionners entero por su 10º aniversario. De nuevo, su descafeinado sonido en directo no estuvo a la altura de la ocasión.

Sábado

Con el recinto y el horario más saturados, el desayuno del sábado estuvo aderezado con el punk rock de Dead to Me y Teenage Bottlerocket y con los tintes country de Old Man Markley. Streetlight Manifesto, ya a la una, despertaron definitivamente al personal con un ska que sonó bastante mejor que el de sus similares Catch 22 en el Resurrection Fest del 2010.

Streetlight Manifesto

El escenario Etnies acogió durante el día dos de los conciertos más comentados: el de los enérgicos Dear Landlord (para muchos, la sorpresa del fin de semana) y el de los reaparecidos No Trigger, que volvían entregados al público europeo, cuatro años después y con dos canciones nuevas. Mientras tanto, viejas glorias como Goldfinger decepcionaban (“se nota que están viejos”, se oía a la salida) y otras como Mike McColgan, cantante de Street Dogs, revolucionaban a la chavalería del público marcándose un stage-dive desde el escenario hasta la columna central, subiéndose a ella y organizando varios circle-pits alrededor. Todavía había espacio para ello, porque poco después, con Comeback Kid tocando, el Eastpak stage estaba impracticable, abarrotado de gente coreando ‘Wake the dead’ incluso cuando los canadienses ya habían salido. Thursday, en el principal, ofrecían su segundo (¡segundo!) concierto del fin de semana: si con el del viernes rememoraron su álbum de début, Full Colapse, en éste presentaron su nuevo trabajo, ‘No Devolución’. “Shows you how much Thursday loves Groezrock and we love them”, que dicen desde la organización.

Groezrock también ama a NoFx y a Descendents, que, junto a Dropkick Murphys, pusieron el broche de oro a dos días de música y cerveza belga. Milo y los suyos, los más esperados del fin de semana, reaparecieron en Europa diez años después para dar, pese a sus ya casi 50 años, el concierto de punkrock que hasta los más escépticos (pocos se creían lo de que ‘Milo goes to Groezrock’ cuando empezó a correr por la red) esperaban. Vale que la edad pesa y la voz lo nota (de hecho, la banda ha tenido que cancelar algún concierto esta semana por esa razón), pero el empeño en himnos como Everything Sux o I’m the one seguía presente y la multitud salió encantada, casi casi como lo hizo tras el concierto de Fat Mike y compañía. Que no es que fuera nada del otro mundo, pero como con NoFx nadie sabe nunca qué esperar (“veremos, veremos cómo de borracho sale”, se oía desde el viernes), un setlist plagado de clásicos (Linoleum, Stickin in my eye, The longest line o Franco Unamerican) y no demasiado de discurso ebrio fueron suficientes para satisfacer al personal.

Cerrado el recinto, cerrado incluso el punto discotequero del festival (la carpa Total Chaos de Eastpak, un continuo set de drum and bass de la mano de Rock the Kasbah), la reunión de amigos de este año llegó a su fin. Y para el año que viene, y los siguientes, ¿qué? Esta vez han sido Descendents, pero ahora las miras de Maes siguen puestas en Rancid, en Social Distortion y hasta en los legendarios Refused, que, como desvela, “no son imposibles. Mira Pixies…”. Por lo demás, Rancid no tenían este año planes europeos (“¡veremos en 2012!) y los de Mike Ness han preferido, como paradoja, tocar en el también belga Rock Werchter escondidos a las dos de la tarde en el cartel bajo Kasabian, Kaiser Chiefs, Iron Maiden y Black Eyed Peas. “Ahí está la cuestión, en si les merece la pena o no… Llevamos años intentándolo, aquí serían los cabezas de cartel”. Pero, en fin, es también parte de la gracia del Groezrock. Así lo concluye Maes: “si no pasa este año, pasará otro”. Que Dios le oiga. Y que así sea.

Texto: Analía Plaza

Fotos: Punkstatic

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