[Crónica] Maryland en Madrid (Costello, 25-2-2012)
Si habéis ido alguna vez a la sala Costello ya sabéis cómo son allí los conciertos: pegajosos, húmedos, resonantes… vamos, con mucho encanto (sin ironías, que conste), con ese sabor subterráneo que hace que la cueva de la Costello sume cierta magia a toda banda que se suba a su minúsculo escenario, -otra cosa es que sume una excelente acústica-. Si habéis escuchado alguna vez a Maryland, ya sabéis como suenan: dulces, de estribillos pegadizos, melodías que enganchan… quizás demasiado uniformes. Sin embargo, otra cosa es que mantengan esa dulzura en el escenario…
¡BOOM! Suena “Atom Bomb”. De repente, los cinco que parecían tan tranquilitos, sueltan un chorro de sonido que achica, más si cabe, la sala. El ambiente estaba en perfecta consonancia con el grupo. Se notaba que había mucho vigués (me incluyo) y también mucha familia con ganas de escuchar los nuevos temas de Maryland, de su vinilo 7’’ “Something to Share” con Ernie Records, pero también de sus ‘míticas’ que diríamos en Galicia. Y es por eso que no pudo faltar “Fury Road”, “Red Boots” o “Lux” de “Get Cold Feet”.
Pero aquí no valían los pies fríos (o más bien, el echarse atrás, el acobardarse) y Maryland mantuvo el calor de los amplificadores llevados por unas melodías enternecedoramente pop. Para ello, sacaron la artillería pesada: los nuevos temas sonaron geniales, limpios, pero quizás ¿más de lo mismo? Sea como sea, se notaba que había ganas de presentar “Lost” y “Too Cold” de ese nuevo trabajo que compartirán, y nunca mejor dicho, en marzo. Supieron bascular entre lo nuevo y lo viejo, sobre todo teniendo en cuenta una audiencia que, se notaba, eran ya conocidos. Así, concedieron espacio en la set list para algunos temas de su álbum debut “Surprise” como “This Time”.
Claramente, Maryland es un grupo con empaque. Los temas tienen un estilo férreo pero quizás lo que les falta es eso que llaman ‘factura’, ese “¡ay!”, ese detalle que les perfile y les aporte más personalidad (vamos, algo que les distinga de todas esas bandas ‘enternecedoramente pop’). Sin embargo, en el escenario se crecen y hacen de una discografía un tanto plana (con poco ácido, por decirlo de alguna manera) una explosión que engancha y anima. Ése es su secreto, su “¡ay!”: el directo. Y por eso, una vez que nos dejamos llevar con el primer tema, entramos de lleno hasta en las melosas formas más pop (incluso) como “25 Springs” o “In My Song”.
Está claro que Maryland no es un grupo referencial, sino que es una banda que mama de referencias de evidente regusto americano (¿y quién no?). Pero también está claro que en el escenario se respira otra cosa (y no me refiero solamente a los efluvios del público y de las paredes de la cueva del Costello, que también) sino que hay una distensión, un buen rollo y tan buena disposición que parte del escenario, que acabas saliendo de la sala con un muy buen sabor de boca, un “something to share” en toda regla.

