[Crónica] Primavera Club Madrid (25 de noviembre)
Tras tres días de festival y con las energías casi flaqueando, por fin llegó el viernes de Primavera y todo el fin de semana por delante para ir de club en club sin horas de trabajo de por medio. Con un humor más relajado nos metimos de lleno en el dream pop texano de Pure X y Sleep ∞ Over en la Joy Eslava. Lo mejor para disfrutarlos es destensar el cuerpo, cerrar los ojos y viajar… pena que pese a que las bandas trabajasen en conseguir el sonido perfecto, el público se esmeraba en tener conversaciones paralelas por encima de los temas convirtiendo estas dos actuaciones en un patio de vecinos.
Aún así, Nate Grace se insertaba en la mente de los oyentes que querían dejarse poseer por su voz, una llamada continua a la introspección, una droga acústica que paraliza la tensión y te susurra que a ese Éxtasis Puro se puede llegar a través de la psicodelia. Destacable la interpretación de “Twisted Mirror” y la sobrecogedora “Stuck Livin” de ecos ilimitados, tocada con la delicadeza sucia de los temas grunge de corte más lento (lo siento, pero con esos pelos y la voz rota de Grace, tenía que utilizar la palabra “grunge” en algún momento).
La gran pega de este concierto tuvo que ver con la tos de Grace en los últimos temas (tanto desgarro de voz en algunos momentos clímax acaban provocando estragos) y con los continuos parloteos: los coitus interruptus eclipsaron un viaje que podría haber llegado mucho más allá de la Joy Eslava; cierto es que hay grupos que precisan de un estado mental concreto para ser realmente disfrutados, pero la falta de respeto hacia un intérprete *casi nunca está justificada.

El segundo intento vino de parte de Sleep ∞ Over, acompañados del bajo de Pure X, Jesse Jenkins. La melena infinita y curvilínea de Steffanie Franciotti acompañaba a la perfección a una voz impecable que te haría creer que ‘los platillos volantes son reales’. Capaz de flotar entre agudos como en “Casual Diamond” (pelos de punta), la fórmula que suma el empaste de voces con Christine Aprile, una lenta suciedad y el ensoñador toque synth, dieron en el clavo: el disco “Forever” suena arrollador en el escenario.
Con las piernas como blandiblú, nos esperaba el Círculo de Bellas Artes y tras hacer las obligadas paradas de bar en bar (es a lo que se presta este festival) nos encontramos con un CBA impregnado de humo artificial y de unos rayos de luz que disparaban directamente al público. Salir de una psicodelia acústica para caer en un espectáculo al más puro estilo Lynch.
Gary War se sube al escenario, pareciendo tan desamparado con su cabeza escondida tras su melena y fijándose solo en sus pies. Y empieza el espectáculo lo-fi. Si hablábamos de cierta suciedad (siempre justificada y bien usada) en la Joy Eslava, lo de War fue la apoteosis de la ‘cacharrada’. No encontré ni un ápice de enganche ni un mínimo interés hacia un derroche de energía que me atrevo a decir, no empatizó con gran parte de la sala. Como amante del ruido, de la música incómoda y de los conciertos que te dejan sorda, he de decir que esperaba algo más, que causase una mínima emoción. Aún así, War se quedó corto ante el dantesco espectáculo del ‘gran’ John Maus. Lo definiré con tres simples palabras: “What the fuck?”.
Sale al escenario. Música pregrabada. Alguien aprieta el socorrido play y entonces nuestro supuesto ‘cabeza de cartel’ del día se lanza a abrir la boca sin emitir sonidos para moverse violentamente y gritar al público, todo esto mientras se pega golpes en la cabeza y en el pecho con el micro. Genial. Pese a la decepción, por fin entendí el título de su disco “We Must Become the Pitiless Censors of Ourselves”. Maus, aplícate el cuento. Claro que si nos ponemos a pensar en su trayectoria profesional y a releer el apartado de sus estudios en donde destaca su carrera de filosofía, uno empieza a darle vueltas a la actuación, que más bien empieza a semejar una acción artística…o no. Lo que está claro es que eso no era música ni era un concierto, era una provocación que consiguió su objetivo: dar que hablar. Maus, eso es lo que te llevas, junto a una buena cantidad de decepción e indignación.
