[Crónica] Primavera Club Madrid (26 / 27 de noviembre)
El sábado de Primavera en Madrid era sin duda uno de los potentes. Para darnos el gustazo, hubo que trasladarse a la Sala San Miguel del Palacio de Vistalegre. Tenía una sola referencia en esta “sala”, la del concierto de Explosions in the sky de hace un par de semanas y había cierta inquietud de que sonase mal, de que hiciese un calor pegajoso… pero se ve que esta vez se preocuparon de los niveles de oxígeno; el sonido, como parece ocurrir en este espacio abierto por un lado, se dispersa según en qué lugar te posiciones. Vamos, que hay que ir probando.
Pese a todo, St. Vincent (Annie Clark sin Sufjan Stevens) sonó a gloria, a bendición… sonó a garra, a ganas, a una mujer sabiendo cómo encandilar desde el escenario a base de rock. Olvidaos de su sonido en estudio: en directo Annie Clark arrolla y tira de trémolo, golpea la guitarra para agrandar y distorsionar su sonido y nos deja ver lo que hay detrás de esa carita de muñeca de porcelana.
Y lo que hay tras tal angelical presencia es sensualidad como en The Party (no hay manera de decir “I lick the ice cube from your empty glass” con una mezcla tan Nabokoviana de inocencia y lascivia como lo hace ella), rabia como en “She Is Beyong Good & Evil” (cover de The Pop Group quienes, cosa de la Primavera, tocaban ese mismo día en la Joy Eslava) y mucha presencia y seguridad como en “Marrow”. El final fue una apoteosis con su ya mítica “Your lips are red”, una mezcla de todas las sensaciones que íbamos teniendo desde el principio del concierto; un maremágnum de sonidos que acaban susurrándote hasta que se apaga y se va del escenario, llevándose esos rizos tan peculiares y dejándote con ganas de más.
Suerte que la San Miguel estaba que ardía y llegaron rápidamente los boys de Girls… para enfriarnos. Quizás las malditas expectativas volvieron a hacer mella (recordemos la vacía parafernalia de John Maus del día anterior y respiremos profundamente), pero algo no funcionó. Hubo, eso sí, sus momentos álgidos y es que nadie le quita razón al buen sabor de boca que nos dejaron con “Morning Light” o “Hellhole Ratrace”. El problema es que nada del nuevo disco brilló o destacó especialmente por encima de este concierto que tenía un buen setlist pero mal aprovechado. Al final, Girls lanzaron las flores que decoraban el escenario cual Unplugged nirvanero (aclaro que es sólo una referencia escénica aunque también al pelo de Christopher Owens…): he ahí la parte más emotiva del show.

Pavement: esa gran críptica banda de lamentos ahogados y agonías guitarreras. Stephen Malkmus & The Jicks: un revival noventero más tranquilo y relajado. Si he de quedarme con uno, está claro que sería con la formación original de Malkmus y no con un ‘descafeinado & the Jicks’. Cierto es que por muy alargada que sea la sombra de Pavement a esta formación hay que valorarla por su trabajo en el escenario, pero no fue su mejor día. Malkmus no tuvo fuerza, sino que más bien reinaba la apatía por mucho que gritase que “el senador quiera una mamada”, tal y como empezó el concierto con “Senator”. Incluso la lacónica “Spazz” sonó con una mayor sinceridad y fue intensa, profunda…pena que marcase el final del show.

Y para finalizar el sábado, EMA en el Círculo de Bellas Artes. Coged el disco, escuchadlo y luego olvidadlo: en el escenario los sintes pasan a un segundo plano; gana terreno y prácticamente lo quema, la guitarra de Erika M. Anderson y un concierto con más rock que electrónica. Empezó el concierto marcándonos con “Marked”, voz grave, susurrante, creando una cálida atmósfera. Y una vez que nos tuvo entre sus manos y sus gestos, “The Grey Ship” sonó con ese dolor que parece emitir Erika en cada sílaba. Muy teatral, confiada en las tablas, transmitió todas y cada una de las palabras que pronunciaba. Y llegó el momento homenaje a las Violent Femmes, de quienes desde luego bebe bastante, con una cover de “Add it Up”.
Tras el subidón, más subidón con temas como “Butterfly Knife”, que no tan caótica en las voces como en el disco, no perdió en emoción y ganó en instrumentalización. El concierto fue corto y se pasó rápido. Llegó “California”, un tema con halo de himno, con un mensaje de denuncia… y con una despedida genialmente orquestada por una Erika que no duda en bajarse al escenario y sentir al público mientras pasea entre los asistentes para volver y rematar un concierto sorprendente que se debe anotar entre los imprescindibles.
