Adele ha conquistado los corazones de medio mundo con una voz profunda, intensa y emocionante. No le han hecho falta unas increíbles fotos de sesión, ni videoclips de alta costura, ni lucir un atractivo tipo de diva. A punto de cumplir 24 años, es la nueva reina del soul sin ninguna duda. Su coronación oficial se produjo durante la 54ª edición de los premios Grammy en la que se hizo con los seis a los que aspiraba. Es la confirmación del éxito rotundo de su segundo disco ‘21’.

En los últimos meses, Adele ha alcanzado la cima, ha sido nominada y premiada por unas canciones que se apuntaban elegantemente a la nueva ola soul pop. Si Amy Winehouse le devolvió el corazón a un género, Adele ha exprimido al máximo ese hueco. El suyo es un estilo muchísimo menos canalla y, quizá, muchísimo más melódico. Pero toda diva tiene un talón de Aquiles: la joya de la corona de XL Recordings es, podríamos decir, toda una bon vivant. Como las chicas clásicas del cine negro, Adele disfruta al máximo del vino y del humo del tabaco. Aunque por suerte, no es asidua a centros de desintoxicación y los únicos detalles que conocemos de su vida privada desvelan desamores propios de la edad. Una chica clásica a lo film noir.

Adele es una diva atípica. Su actitud y su pose se alejan de los estereotipos del género y muestran a una chica cercana, muy de su ciudad, fan de Destiny’s Child y de las Spice Girls, algo que ella admite sin sonrojarse. Su carrera tampoco responde a los nuevos patrones del cuento moderno de la Cenicienta, aquel cuento del ascenso meteórico “gracias a las redes sociales”. “No quiero ser una chica que se limita a sentarse en las entrevistas, a la que le dicen qué tiene que responder. Mi madre me enseñó a ser independiente y a no aguantar gilipolleces” decía hace unos meses en una entrevista para The Guardian.

Hija de una madre soltera, dejó la escuela de secundaria y se incorporó a la academia Brit School of Performing Arts of Croydon, factoría de artistas como Amy Winehouse que cuenta con el beneplácito de los Brit Awards. “Mi escuela secundaria era bastante dura y tenía como principal ambición que las alumnas no nos quedáramos embarazadas. No estimulaban precisamente, por eso me enrolé en Croydon“, explicaba hace unos años durante la promoción de su primer disco. Una gira por Reino Unido junto a Jack Peñate, Jamie T, Devendra Banhart o Keren Ann, un single bajo el pequeño sello Peacemaker Recordings, y (lo más importante) unos cuantos buenos contactos, llamaron la atención de la discográfica independiente XL Recordings. Tenía apenas 19 años y su carrera estaba a punto de despegar.

Bajo el paraguas de XL Recordings, Adele publicó un segundo single ‘Chasing pavements’, con el que se empezó a mover los hilos y a calentar el ambiente mediático. Su primer álbum llegó en 2008 con el respaldo del premio de la crítica británica a su carrera y el beneplácito de la BBC. Al igual que ocurriría un poco más tarde con su segundo disco, ‘19’ fue el resultado de un fracaso amoroso, canciones sobre corazones rotos respaldadas por una de asombrosa sensualidad soul. Las rupturas amorosas parecen sentarle bien. La segunda entrega y el pistoletazo de salida llegaron hace poco más de un año. Con ‘21’ sus composiciones adquieren un matiz clásico, un trasfondo donde el blues y el country están sutilmente presentes. Como síntoma inequívoco de que la carrera de Adele se mueve entre el reconocimiento indie y el potencial mainstream (absurdos debates estos), la producción del álbum corre a cargo de los mejores: Rick Rubin y Paul Epworth. El primer single es demoledor: ‘Rolling In the Deep’ ha conseguido situar a Adele en la cumbre y ser número uno en todo el mundo. Excepto en España, donde el éxito ha tenido que esperar un poco más y hacerse notar con el boca oreja.

Pero 2011 no ha sido un año fácil para esta chica del barrio londinense de Tottenham. En junio, en pleno ascenso hacia el estrellato internacional, llegaron los primeros síntomas de cansancio y sus cuerdas vocales empezaron a decir basta. Adele no es Tom Waits y al parecer los cigarrillos no son buenos compañeros de viaje para las divas. Antes de caer enferma, había intentado dejar el tabaco. Pero duró poco. La vida sana le pareció un aburrimiento. Hasta que un buen día se levantó muda y se vio obligada a cancelar su gira norteamericana por culpa de una fuerte laringitis. Después de aquello acudió al prestigioso profesor de canto Ron Anderson, especialista en este tipo de casos. Los cigarrillos la cafeína y el alcohol estuvieron vetados por una temporada. “Mi voz se apagó como un grifo” explicaba en julio. “Me tuve que sentar en silencio durante nueve días, con una pizarra alrededor de mi cuello”. Consiguió superar el trance y volver a los escenarios, pero recayó el pasado otoño. Y esta vez la advertencia fue mucho más seria: su voz corría el peligro de apagarse a no ser que se tomara un respiro.

Mientras su segundo disco ‘21’ superaba en ventas al ya mítico ‘Back To Black’ de Amy Winehouse, recibía seis nominaciones para los Grammy y la revista Rolling Stone elegía ‘Rolling In the Deep’ como mejor canción del año, Adele permanecía en silencio reposando su voz. Demasiado duro para una chica no muy acostumbrada a estar callada. Tanto silencio acabó por desesperarla y terminó por hacer algo a lo que siempre se había negado: tomar el control de su cuenta de Twitter. Hasta hace poco, Adele podía presumir de ser una de las pocas artistas proveniente de la escena independiente a quien le importaban un carajo las redes sociales. Paradojas de la vida, los fans adictos a la comunicación 2.0 pueden sacar algo positivo de la pasión de la cantante por las botellas de vino, la cafeína y los cigarrillos. Podemos dar gracias de que, esta vez sí, parece completamente recuperada.

Hace unos días saltaban las alarmas: tras arrasar en los Grammy y ofrecer una sorprendente actuación, la revista Vogue publicaba unas declaraciones donde Adele afirmaba que se tomaría un descanso de unos cinco años para dedicarse a su vidas privada. Ella acaba de desmentirlo y ha confirmado que ya se encuentra trabajando en los cimientos del que será su tercer disco (esperemos que esta vez sin traumas amorosos). Su entorno admite que fueron unas declaraciones a la ligera, que se ha ido de la lengua. “¿Cinco años? ¡Más bien serán cinco días!” publicaba hace poco en su blog .

Fotos | Vogue

10 Responses

  1. Sergio

    El lunes siguiente a los Grammy dediqué una entrada (http://superehore.blogspot.com/2012/02/xl.html) a modo de homenaje a una nueva diva fuera de estereotipos convencionales a la que, injustamente, ya le empiezan a cuestionar como consecuencia a su gran éxito. Parece que el Indie y el éxito o los premios deben ir reñidos dentro de cierto grupo de “entendidos” musicales.

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  2. Janne

    Simple y sencillo…..ADELE ES UNA BOFETADA A TODOS LOS ARTISTAS CON TALENTO BARATO DE HOY EN DIA….. y lo es sin necesidad de una figura perfecta, sin necesidad de mostras piel, sin necesidad de ser vulgar… Eso ES SER UN VERDADERO ARTISTA… WOW ME ENCANTA…ES PERFECTA…

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  3. MAR

    adee es una diva y amy winehause fue una diosa por el tipo de boz incomporable, son boses diferentes las dos son grandes…

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