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20 años de «Euphoria Morning»: el disco que salvó a Chris Cornell a finales de los 90

chris cornell euphoria morning

A una figura como la de Chris Cornell se la conoce, en esencia, por aquella actitud beligerante que tan bien encajaba al frente de una de las bandas más combativas de los noventa (Soundgarden). Aún y así, su leyenda, diseñada meticulosamente a lo largo de cuatro largas décadas diferentes, consiguió ir mucho más allá de lo expuesto como frontman de desgarrador voz y cautivadora mirada.

Era 1998 cuando, a pesar de estar señalado a ojos del gran público como el gran mariscal del grunge, el mundo interno del cantante de Seattle empezaba, una vez más, a tambalearse. No era para nada un espejismo, no. El descalabro era tangible: la banda de toda su vida se había disuelto. Su matrimonio, forjado con Susan Silver en 1990, se encontraba en los «baby steps» de la calamidad. Y, por si esto no fuera poco, tanto la depresión como el siempre conflictivo problema con la bebida estaban allí, comiéndole la salud, y también la sesera.

Afortunadamente dos amigos cercanos, Alain Johannes y Natasha Schneider, sintieron que era momento de ayudarle a superar ese tremendo bache personal. Esperándolo con los brazos bien abiertos, los dos integrantes de Eleven que telonearon a Soundgarden a principios de los noventa, arroparon a Chris Cornell en su humilde morada angelina con un único fin: conseguir obrar un «detox» total en una de las fases existenciales más crudas y conflictivas de las vividas por su persona. Un profundo respeto profesional (la veneración de Cornell hacia Johannes fue clara a lo largo de sus últimos años en vida) y un LP surgieron a modo de consecuencia de este purgante y catártico proceso de desconexión (o reconexión, según se mire).

Chris, Natasha y Alain

Resulta bien curioso eso de echar un paso atrás y entender el pasado, y también presente, de las perspectivas adoptadas a la hora de asimilar un trabajo como «Euphoria Morning» (conocido también como «Euphoria Mourning«, tal y como redefinió Cornell en esta nueva década). En su día, aquel álbum fue prácticamente vilipendiado por la prensa, llegando a encajar algunas críticas tan duras por parte de la prensa como la de NME. Pero ahora, ya a finales de esta segunda década del siglo XXI, aquella percepción del compacto ha variado sensiblemente, siendo entendido, interpretado e interiorizado como un destacable, a la par que sincero, crudo desmarque creativo.

Cornell, guiado por sus instintos, se dejó flanquear por Alain y Natasha a la hora de coquetear con un amplio abanico de registros, estilos y recursos. En «Euphoria Morning» se abarcó de todo: desde un lóbrego jazz de corte un tanto grandilocuente (‘When I’m Down’, con la voz de Schneider aupando desde segunda línea al asunto) hasta pop con semillas funky (‘Wave Goodbye’). Pero lo que más que predominaba era un rock de estructura simplista con una ornamentación contundentemente barroca. Ese deje barroco, tan palpable en piezas como ‘Follow My Way’, se postulaba a modo de bóveda de cañón gracias a la grácil forma con la que Alain Johannes concretaba sus crecientes líneas de guitarra.

Muchos, por no decir muchísimos, son los que siempre han asociado irremediablemente «Euphoria Morning» a ‘Can’t Change Me’ o, incluso, a una ‘Mission’ que posteriormente iba a acabar a modo de v.2 («Mission 2000») en la banda sonora de «Misión Imposible 2». La fuerza o entereza de un single, supongo. Aún y así, al menos a título personal concibo que el ADN característico del álbum es precisamente el destilado en la ya citada ‘Follow My Way’, en ‘Sweet Euphoria’ o en una ‘Disappearing One’, bien cargada de vientos y ejecutada a la batería con Matt Cameron de Pearl Jam y Soundgarden, que incita al «loop» al llegar al track número 10 del cancionero. Es en esas tres piezas en las que Cornell, portando una corona de espinas sobre su testa, clama sufridamente a los cielos con una energía impropia de alguien perdido en lo más adentro de los infiernos.

Precisamente hoy, 21 de septiembre de 2019, es el día en el que «Euphoria Morning» cumple 20 años de existencia. Y sí: es cierto que jamás se recordará este LP como el mejor trabajo ofrecido por Cornell en sus 52 años de vida. Tampoco como un éxito de ventas (de hecho fue un «fail» en ese sentido). Pero si somos justos lo desempolvaremos, y veremos en él un compacto que 1) destapó, y sentó las bases, de una inaudita faceta estética del de Seattle y 2) nos permitió gozar del talento, presencia y voz de Chris Cornell durante dos largas décadas. Sólo por ello, buenos motivos tenemos para rendirle una sentida reverencia.

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

5 comentarios

  • En mi humilde opinión el mejor disco de Cornell, incluyendo todos los proyectos en los que participó. De los pocos discos que se que tarde o temprano volveré a escuchar. Euphoria Morning y No Code de PJ son los 2 únicos discos que siempre siempre llevo en el móvil y tablet.

  • Probablemente SI es el mejor trabajo de Cornell en solitario.
    Obtuvo también una nominación al grammy por can’t change me.
    Se te olvidó mencionar a Jeff Buckley, clave indispensable de este álbum.

  • No sé si será el mejor álbum de Chris Cornell o no, pero recuerdo el enorme impacto que tuvo en mí cuando lo escuché por primera vez. Marcó un antes y un después, y aún hoy me ponen los pelos de punta canciones como Preaching the end of the world, Follow my way, When I’m down o Disappearing one.. Gracias Chris por tanto.

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