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2012, el año de la autogestión musical

En plena era digital, cuando se venden cada vez menos discos y se escucha cada vez más música, los artistas han encontrado en el do it yourself una nueva forma de tomar las riendas de su obra. Pero la tarea no es sencilla: la autogestión de una carrera musical es una batalla con muchos frentes. Y la competencia es feroz.

Hoy por hoy, con la red bien asentada como nuevo escaparate musical, muchos grupos subsisten como gotas en un inmenso océano. La cantidad de propuestas musicales emergentes siempre ha sido muy elevada. Según los datos que maneja Myspace, existen aproximadamente 220.000 perfiles musicales en España dados de alta su plataforma. En otras palabras, hay una barbaridad de nuevos (y no tan nuevos) artistas deseando tener un hueco en el disputado panorama musical.

Está bien, Myspace es una red social caída en desgracia. Sin embargo, estos datos arrojan un poco de luz al asunto. Hay demasiados grupos. ¿Tenemos espacio para todos? ¿Puede el público asimilar tanta música? ¿Siguen siendo la industria musical y los medios de comunicación un filtro necesario? ¿Se puede considerar la autogestión como una nueva modalidad de industria? Mónica Cabello, de la agencia de promoción musical Promociones Sin Fronteras (responsable de grupos como Amaral, Vestusta Morla o Fuel Fandango), nos da una primera pista: “La industria sigue siendo un filtro. Pero Internet también forma parte de la industria musical”.

Home studios: ¿grabaciones amateur o el presente de las grabaciones musicales?

Mientras la revolución de la informática musical llenaba las habitaciones de cualquier músico incipiente y la red se consolidaba como nuevo canal de distribución –casi siempre a espaldas de la industria–, las ventas de discos se desplomaron y las discográficas se fueron al carajo. En la actualidad, el negocio musical es una malgama de los restos del naufragio junto a pequeñas empresas y/o autónomos todoterreno dedicados al management, a la producción musical, a la promoción de conciertos y a todo lo que tenga que ver con la música, incluida la propia música. En resumen, un terreno abonado para la autogestión.

En el año 2012, gracias a los avances tecnológicos, grabar un disco es mucho más barato que antes. En palabras de Mónica Cabello ahora “cualquiera puede tener un Protools, un Nuendo o cualquier programa para grabar un instrumento. Pero la cuestión es que siempre ha habido muchísimos grupos”. Esto no supone ninguna novedad; lleva ocurriendo desde los años noventa y la implantación del ordenador en todos hogares. El cambio es que muchos de los discos que se editan en la actualidad son grabados en estudios caseros (y frecuentemente mezclados y masterizados ahí mismo por oídos no expertos). ¿Se está desprofesionalizando la industria de la música? ¿Está descendiendo el nivel técnico de las grabaciones?

No necesariamente, el do it yourself ha provocado que los músicos sepan más y aprendan más”. Son palabras de David Crespo, responsable de la discográfica y agencia de management Foehn Records. “El nivel técnico de las grabaciones es algo totalmente subjetivo. Hay grupos que quieren sonar low-fi porque es algo característico en su sonido, o incluso grupos en la actualidad que graban en cinta analógica en casa”. En opinión de Crespo, si el material es bueno, no importa tanto el nivel técnico con que se haya grabado. Además, influyen los profundos cambios en los hábitos de consumo que estamos conociendo. El gran público ha dejado de escuchar canciones en equipos de alta fidelidad, ahora son los reproductores portátiles los que dominan el mercado. “La gran mayoría del público no se atreverían a decir con qué gasto se ha realizado esa una grabación musical” advierte Crespo. “El público escucha esas mismas grabaciones grabadas en estudios carísimos en calidad muy baja vía teléfono móvil, mp3 o cascos que no reproducen ciertas frecuencias. También habría que pensar en cómo se escuchan los discos hoy en día y no tan sólo en cómo se graban. Hoy en día se picotea mucho, se concede menos tiempo a la hora de escuchar música”.

Sin embargo, el nivel técnico de grabación de los discos actuales es un tema que preocupa a muchos. ¿Existe un filtro de calidad técnica que no está funcionando como debería? ¿Las grabaciones musicales son peligrosamente amateur sin una mínima inversión en estudios de grabación profesional?

La calidad de sonido de muchas grabaciones que se ponen comercialmente en la calle es nefasto” explica el periodista musical Juanjo Ordás, que escribe frecuentemente en medios como Popular 1 o Rolling Stone. “Cualquiera con el oído adecuado puede darse cuenta de que hay discos que suenan baratos y otros que suenan caros. Y no hablo sólo de grupos amateurs, sino de artistas consagrados que, por las razones que sean, deciden invertir poco en la calidad de su obra”. Sergio Cascales, dueño de los Estudios Dune y productor de grupos como The Smokers y Ozono3, comparte la misma la misma opinión: “Desgraciadamente hemos vuelto a caer en la trampa: nos han vendido la democratización de la música. Llevamos años y mas años escuchando lo maravillosa que va a ser la música hecha en los dormitorios del mundo. Hay excepciones, magníficas excepciones, pero si nos damos una vueltecita por la red, yo no escucho más genialidad, ni mejores canciones. Solo escucho más maquetas, estupendos autotunes, samples por doquier, soundreplacers, amplitubes, ediciones y corta y pegas”.

La autogestión: ¿el nuevo filtro de la nueva industria musical?

Sin lugar a dudas, la gran novedad de este siglo XXI ha sido el potencial de Internet como nuevo canal de comunicación entre el público y los artistas (o entre los artistas y el público, como ustedes prefieran). Un potencial que muchos confunden con una especie de varita mágica. Nada más lejos de la realidad.

La industria musical siempre ha funcionado con filtros e intermediarios. Por regla general, siempre ha sido más difícil llegar al gran público sin el apoyo de un productor que financie un proyecto musical (parcial o íntegramente). Las discográficas han ejercido tradicionalmente como embudo poniendo la pasta encima de la mesa. Actualmente no todas se pueden permitir el lujo. Ahora son otros quien financian una carrera musical: managers que ejercen como productores (o productores que ejercen de mánagers), promotores de conciertos y, por supuesto, los propios músicos.

La función de cazatalentos, que tradicionalmente ha recaído en los departamentos de A&R de las compañías discográficas, ha sido siempre motivo de burlas, polémicas y críticas airadas por parte del público. La tesis más extendida es que ha sido la propia industria musical la ha cavado su propia tumba. No sólo ha reaccionado de forma estúpida ante los cambios, también ha invertido mucho tiempo y dinero en aburrir al personal con música basura. Ahí entraríamos en otro debate: ¿es necesaria la música basura como también lo es el cine palomitero?

La mayor parte de las veces nos han metido a la fuerza unos bodrios infumables, atendiendo más a criterios económicos que musicales”, afirma Isaac Vivero, de la promotora de conciertos Factor Q. “Afortunadamente, ya no tenemos por qué tragarnos lo que nos quieran vender”. El músico José Ignacio Lapido hizo recientemente unas declaraciones en el diario El País que apuntaban en la misma dirección: “La industria discográfica de este país tiene muchos pecados que purgar, y los está purgando. Históricamente se han dedicado a buscar el beneficio a corto plazo, sin cultivar carreras de largo recorrido de artistas con criterio. No han ejercido una labor educativa con el público potencial. Han primado la horterada rentable de usar y tirar, y ahora que la gente se puede bajar la horterada gratis, se quejan”.

Pero la era digital no ha borrado de un plumazo a todos los intermediarios tradicionales. La industria musical y los propios medios de comunicación siempre han ejercido como embudos frente a una vasta oferta musical. Hoy en día, para conseguir llegar hasta el público, sigue siendo necesario cierto tejido industrial que permita realizar grabaciones de calidad, sesiones de fotos, vídeos, webs y todo tipo de contenidos promocionales. Pero si la industria tradicional ya no se arriesga, si no hay tantos empresarios y discográficas dispuestos a invertir ese dinero, ¿quién cumple esa función? ¿Se puede considerar la autogestión una modalidad alternativa de industria?

Rotundamente: sí.

Los proyectos autogestionados están formados por artistas, músicos y autores que, ante la falta de apoyo de la industria tradicional, han optado por autofinanciarse. Son los propios artistas los que controlan todos los aspectos de su carrera: pagan las grabaciones, gestionar el management, realizan la promoción. En definitiva, hacen una inversión. Son industria. “La autogestión es la misma industria musical operando a pequeña escala” explica Juanjo Ordás. “Viéndolo fríamente se vende un producto, la música. Y se vende a unos consumidores, el público. Cualitativamente, tanto producto como consumidor es el mismo que si lo gestionara una gran discográfica”. Pero cuando una propuesta musical empieza a funcionar, lo normal es que el grupo delegue parte de sus funciones empresariales en terceras personas con más experiencia. Es entonces cuando los proyectos musicales empiezan a profesionalizarse y a integrarse entre los otros agentes de la industria. El caso de éxito más claro es el de Vetusta Morla (que cuenta con el apoyo de Warner como editorial musical).

Entonces, si todo esto es cierto, cabe preguntarse si son aquellos grupos con mayores ingresos económicos los que más posibilidades tienen de acceder a mejores grabaciones y mejores campañas de promoción. En otras palabras, ¿sigue siendo el dinero y no el talento el principal filtro del negocio musical? ¿Son los grupos con respaldo económico los que más seguidores tienen?

5 comentarios

  • Está claro que hoy día muy pocos se pueden costear un disco de estudio. La gente ha seguido su instinto y ha reducido costes para crear y compartir. Estoy totalmente de acuerdo con que en todos estos años, muchas discográficas españolas, se han ido al carajo, por fomentar la cultura de masas a corto plazo. Que ni es cultura ni es nada. Hacen la misma estrategia que la Iglesia cuando sus feligreses sueltan de carrerilla «dios te salve María …» Ahora se ha hecho el filtro de la verdadera esencia, que no quita que me alegre por los puristas que pueden optar a un sonido de alta calidad.

    • Las bandas han avanzado mucho en cuanto a conocimientos técnicos pero aún les queda mucho camino que recorrer en cuanto a promoción, booking y management. La autogestión es un camino muy apasionante y todo un reto pero por suerte o desgracia todavía son necesarios esos filtros y/o mediadores para acceder a según qué medios, circuitos y festivales. El dinero, el talento y la constancia ayudan pero la última palabra la tiene el público y es el artista quien tiene la responsabilidad de llegar a conectar con él y conquistarlo.

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