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2016: recuento de bajas de un año maldito.

recuento bajas 2016

Hineni hineni.
I´m ready my Lord.
(«You Want It Darker», Leonard Cohen, 2016).

2016, el año maldito. El año en el que el mundo ha virado a algo mucho más triste y siniestro, el futuro se presenta como un fantasma amenazador, cada cosa que podía salir mal ha salido peor y algunos de los pocos que podían arrojar algo de luz sobre ese monstruo que viene nos han dejado más solos que nunca. 2016, el año de los refugiados, el terror, el Brexit, Trump y en general de todas las noticias que han oscilado entre lo malo y lo terrible y han ido apagando cualquier luz que pudo estar encendida alguna vez. El hombre no es un lobo para el hombre. No, ojalá lo fuera. Es algo mucho peor. Y algunos de los pocos que nos ayudan a olvidar esa realidad han ido yéndose uno a uno en este año maldito. Se han ido creadores e intérpretes de todo tipo y entidad, de un modo tristemente previsible algunos y completamente inesperado otros, en la cima creativa o en la decadencia artística, siendo sus movimientos aún relevantes o habiendo pasado hace mucho tiempo su efímero y brillante momento de gloria.

2016, el año en el que aprendimos a recibir con un escalofrío la escucha de una canción inolvidable en las emisoras de radio al despertarnos. Invariablemente iba seguida de una noticia infausta, la muerte de su creador. Sirvan estas líneas como recuerdo y homenaje a algunos de los que sonaron, de los gigantes que se fueron yendo a lo largo de estos doce meses interminables, del legado que nos dejan, alguno de ellos incalculable, infinito.

Look up here.
I´m in heaven.
(David Bowie, «Lazarus», 2016)

Diez de enero de 2016. Un año que empieza con la muerte de alguien como David Bowie no puede acabar bien. Llevábamos sólo diez días de 2016 cuando nos golpeaba la noticia. Dos días después de su cumpleaños, uno después de que su última y por desgracia postrera obra maestra viera la luz, el hombre de las estrellas volvía a ellas para siempre. Mientras había rumores de gira, de que su disco con una joven banda de jazz era el comienzo de una nueva etapa creativa en su carrera, él se preparaba para irse, ponía todo en orden y cerraba la puerta sin ruido con esa inmensidad que es «Blackstar«. Una vez publicado, una vez el mundo asistió asombrado a la enésima muestra de genio, riesgo, dominio del escenario y elegancia, el Delgado Duque Blanco se despidió. Creando música hasta el último día, dejando mensajes en cada imagen y nota, haciéndonos dolorosamente conscientes de la magnitud de lo que acabábamos de perder, de una obra oceánica y con algo que decir hasta el mismísimo final como este profético y sobrecogedor «Lazarus» nos hacía saber días antes de su muerte.

Sólo unos días después moría Glenn Frey, miembro fundador de los Eagles, una de las bandas más importantes de los 70 en Estados Unidos e influencia fundamental de muchos de los músicos que hoy seguimos con devoción los que aquí escribimos. No hay más que escuchar el clásico «Take It Easy» para darnos cuenta de que Ryan Adams, Wilco o Band Of Horses le deben mucho a las guitarras cristalinas y melodías luminosas de Frey y su banda. Una canción que por cierto Bruce Springsteen cantó como homenaje unos días después de su muerte para abrir el concierto de Chicago. Y no fue el único homenaje a lo largo de esa gira celebración de The River. El día anterior había hecho en Pittsburgh una versión apabullante de «Rebel Rebel» recordando a Bowie y más adelante mostraría su respeto por Prince con una «Purple Rain» soberbia que sonó en Brooklyn y en el inolvidable concierto de Barcelona y por Alan Vega de Suicide con una versión con banda (ya la había tocado en solitario como despedida de muchos conciertos en 2014) de su desarmante «Dream Baby Dream».

En 2016 también murió alguien que sin haber pisado un escenario tuvo una importancia capital en la historia de la música. George Martin, también conocido como el quinto Beatle, músico, arreglista y compositor que ayudó a que los cuatro fabulosos fueran aún más allá en la creación de esas canciones infinitas sin las cuales la música y el arte no sería lo que hoy conocemos. Varios ejemplos (hay muchos más): Martin fue el que tuvo la idea del cuarteto de cuerdas de «Yesterday» y la llevó a cabo contra la reticencia inicial de McCartney. El que tras escuchar la magistral e inquietante banda sonora de Bernard Herrmann para Psicosis de Alfred Hitchcock propuso unos arreglos similares para «Eleanor Rigby». El que jugó con distintas velocidades de grabación para hacer de «Strawberry Fields Forever» ese universo hecho canción que lleva cincuenta años deslumbrando a todo aquel que se acerca a ella por primera vez. Y el que se ocupó de los arreglos orquestales y tocó el piano barroco en simplemente una de las mejores canciones de la historia, «A Day In The Life».

Y si nos referimos a creadores de una obra vasta y valiosa hasta niveles desconocidos y de la cual sólo parte es pública, hay que hablar de Prince. De alguien que tocaba de un modo asombroso cualquier instrumento imaginable, que se sumergió en todos los géneros musicales posibles y salió de ello creando un estilo propio que alcanzaba su máxima expresión en un directo volcánico que en una noche normal arrasaba, en una extraordinaria resultaba ser una revelación y en una sublime le cambiaba la vida a los asistentes que eran conscientes de que jamás volverían a presenciar algo así. Con su muerte deja atrás un mundo de fantasía en el que todo era posible, millones de seguidores devastados que jamás asistirán de nuevo a esa experiencia transcendente que era un concierto suyo y una discografía de la cual sólo conocemos una mínima parte: Prince respiraba música, tenía un estudio de grabación en su casa donde pasaba la vida creando y grabando innumerables discos que almacenaba sin llegar a lanzar. Se dice que hay suficiente material en esa caja negra como para lanzar varios discos al año durante varias generaciones. En los próximos años lo iremos comprobando, e iremos asimilando la grandeza de este genio absoluto llamado Prince Rogers Nelson.

2016 también se llevó con meses de diferencia a dos de los fundadores de Emerson, Lake & Palmer, banda británica que en los años 70 vendió millones de discos y llenó estadios en una serie de espectaculares giras. La fusión de rock, música clásica y jazz, largos desarrollos y el talento como instrumentistas de sus componentes los llevó a ser punta de lanza de lo que el mundo más tarde conocería como rock progresivo del cual Greg Lake y Keith Emerson fueron parte capital.

Y más motivos para odiar el año que se va: el adiós de Leon Russell, leyenda viviente del rock, cantante, compositor y excelso pianista, colaborador en discos de Rolling Stones, George Harrison, Phil Spector, Elton John y otros muchos hasta iniciar una longeva y exitosa carrera en solitario con una serie de discos inolvidables con clásicos como este «A Song For You» que sigue estremeciéndonos casi cincuenta años de su grabación.

Otra muerte prematura fue la de esa fuerza de la naturaleza llamada Sharon Jones, cuyo debut en 2002 a los 46 años fue un sueño para los amantes del soul y el funk, como si de repente se hubieran visto trasladados a los sesenta y a las grabaciones de la Motown más legendaria. Es muy triste que una cantante a la que le costó tanto alcanzar el éxito, que trabajó como funcionaria de prisiones y guardia de seguridad en bancos mientras soñaba en ser un día como su idolatrada Aretha Franklin, que finalmente lo logró en sus propios términos revitalizando un género en su vertiente más pura y salvaje, viera cercenada su vida y su carrera en su mejor momento, justo al ser reconocida como la genial intérprete de soul que era. Nos deja una discografía mucho más exigua de lo que nos hubiera gustado y canciones tan inolvidables como esta. Descansa en paz, gran dama del soul.

Y Leonard Cohen… ¿Cómo no maldecir un año que se lleva a alguien como Leonard Cohen? A sus 82 años estaba en una cima creativa, otra más, después de la que dio lugar a su trilogía inicial de discos de la cual ya se habló aquí en su momento.

Más lúcido, humano e inspirado que nunca, concluyendo con «You Want It Darker» el retorno más asombroso de la historia de la música, con tres discos a la altura de todo la obra previa y una serie de giras pasmosas en las que un anciano conmovía hasta las lágrimas a todos aquellos afortunados que asistieron a una serie de conciertos que se extendían hasta las tres horas y media de puro éxtasis sonoro y visual.

Si alguna vez el efecto terapéutico de la música estuvo cerca de ser validado en un ensayo clínico seguro que fue con alguna canción de Cohen, con una interpretación como este Hallelujah de 2009 en Londres. Gracias por tanto, Leonard…

2016 no estaba dispuesto a dar tregua ni en navidades, y de un modo cruelmente irónico además al llevarse el mismo día de Navidad al cantante que compuso la canción definitiva sobre ella para varias generaciones, ese «Last Christmas» inolvidable. Pero quedarse sólo en esa canción al evaluar la obra y vida de George Michael sería profundamente injusto. Nacido Georgios Kyriacos Panayiotou en Londres y con un talento precoz para la música que canalizó inicialmente en el grupo Wham!, no se conformó con la larga lista de hit-singles que colocó en las listas en pocos años. Siempre buscó algo más, tanto musical como personalmente, llegando a titular «Listen without prejudice» su segundo disco en solitario y entrando en una amarga disputa con Sony que le impidió grabar en cinco años. Deja detrás unos cuantos discos a reivindicar, la sensación de que su gran obra estaba aún por llegar y muchos gestos que muestran a un hombre profundamente comprometido con sus ideales, empático y atormentado, valiente y generoso hasta el final. Ojalá donde esté encuentre la paz que este mundo nunca le ofreció.

La lista de creadores caídos en este año maldito no se queda en los ya citados. Otros músicos fallecidos a lo largo de este 2016 fueron Juan Gabriel, mito y grande de la canción mexicana, Manolo Tena, pieza integral de la movida y el rock en este país en los últimos treinta años, Pete Burns, fundador y cantante del grupo de pop británico Dead Or Alive, Bobby Vee, uno de los pioneros del rock and roll, amigo e influencia de Bob Dylan en esa época inicial que tan magistralmente retrata en su libro «Crónicas Volumen Uno», Rick Parfitt, guitarrista y fundador de Status Quo, longevo y exitoso grupo de rock con varios éxitos mundiales a lo largo de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta (ese omnipresente en su momento «In the army now») y Alan Vega, fundador junto a Martin Rev del grupo neoyorkino de vanguardia Suicide, de influencia capital en lo que luego sería el post-punk, la no-wave y el rock industrial.

Releo el artículo, hago recuento de todos los nombres citados (sabiendo que aún me habré dejado alguno y pidiendo perdón por ello) y sólo entonces comienzo a ser consciente de lo que hemos perdido este año, de lo que el mundo ha perdido. Descansen en paz todos los que se fueron y de nuevo, gracias por ponerle música y palabras a nuestras vidas. Todo sería aún más oscuro si no hubieran estado aquí.

I´m leaving the table
I´m out of the game
(«Leaving the table», Leonard Cohen, 2016).

Foto: Montaje fotográfico de El País.

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