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Saluda al cielo de nuestra parte, Chris Cornell

Advierto: este no es un artículo póstumo al uso. Dejaré para otro día aquello de “las mejores canciones de…” o cualquier otro clásico repaso discográfico. Agrade o no, no lo he sentido oportuno. La cabeza, y especialmente el corazón, me han empujado a materializar otro tipo de escrito. Uno más vinculado a una materia, la sentimental, que tanto ha estado a flor de piel en la jornada que nos ocupa.

Sólo aquellos que nos sigan desde el principio sabrán que Binaural.es nació en 2009. Fue engendrado como un blog personal. Un blog íntegramente mío, firmado
por Pablo Porcar. Como lo fue en su día Milithium, pero adoptando una perspectiva única y estrictamente musical. Por entonces yo contaba con solo 25 años. Llevaba medio año colaborando con mi revista favorita (Rockzone) y me di cuenta que la música me tiraba tanto que debía hacer algo para devolver mínimamente lo mucho que me estaba dando.

Recuerdo como si fuera ayer el momento en el que empecé a decidir crear este site. Fue justo un año y dos meses antes del parto digital, con motivo de un viaje que realicé a Dinamarca para presenciar mi primer directo en el extranjero. Unos amigos de Copenhague me habían animado a cumplir el deseo de mi vida: ver a Chris Cornell, mi gran ídolo, en una sala de tamaño medio, como era la Store Vega. Siempre tendré vívido en mi mente el momento en el que el de Seattle apareció detrás de la lona, con el puño en alto, esbozando aquella perenne sonrisa que tanto carisma desprendía. Jamás en mi vida me había quedado tan anonadado con nada como con ello en ese instante. Estuve 10 minutos totalmente absorto. Sin hablar con nadie, sin quitar la mirada de aquel hombre que durante años había introducido sus estribillos en lo más profundo de mi sesera. Y sin calzador alguno, tenía mérito lo suyo. Pero aún lo tenía más que el rebufo de los sentimientos experimentados en aquella velada me llevase esa misma noche a decidir que mi amor por la música iba más allá de lo enarbolado como mero hobby. Había algo más, pero aún no sabía lo que era.

Descubrí por primera vez su música gracias a la MTV. Concretamente gracias a la emisión en bucle del (¿psicotrópico?) videoclip de ‘Black Hole Sun’ en 1995. Contaba yo con apenas 11 años (vaya pipiolo que estaba hecho) pero recuerdo que me fascinó tanto el tono grotesco del clip que me dio por investigar sobre aquellos misteriosos tipos llamados Soundgarden. Pero en realidad cuando su música me golpeó por completo fue hacia el año 2000, justo antes del nacimiento de Audioslave. Deshojé sus discos uno a uno y de forma cronológica, empezando por el “Ultramega OK”, pasando por el “Superunknown” y acabando con el “Down On The Upside”. Me reventaron la cabeza joyas como ‘Pretty Noose’, ‘Loud Love’ o ‘4th Of July’. Y especialmente también ‘The Day I Tried To Live’. Imposible olvidar la primera vez que aprendí un pequeño punteo de guitarra. Fue concretamente el descrito en la delicada y alquitranada intro de aquella gloriosa canción del cuarto disco de los Nudedragons.

Capítulo aparte merece lo comprendido en “Euphoria Morning”. Algo me eclosionó en el pecho al disfrutar de ese LP por primera vez. De hecho el impacto fue extremo; aún a día de hoy continúo identificando ese álbum como el Top 1 en mi lista de preferencias. Es el santo grial de mi colección musical. Con un ‘When I’m Down’ que demostraba que a Cornell no se le caían los anillos a la hora de ejercer de crooner. Y especialmente por un tramo final que jamás dejará de parecerme colosal. Con ‘Moonchild’, ‘Sweet Euphoria’, ‘Steel Rain’ y ‘Disappearing One’.

Ya que hablamos sobre ese tema; debo ser el único que aún en 2017 sostiene extrañas teorías relativas al concepto del “desvanecimiento” existente en las letras de la discografía de Cornell. Como si de una extensión de lo ofrecido por Vedder en ‘Off He Goes’ se tratase, el fallecido cantante hablaba continuamente sobre la desaparición como un arma de doble filo. Con ‘Disappearing One’ (“Euphoria Morning” y ‘Disappearing Act’ (“Carry On”)) ofreció una mini saga que me fascinó tanto en su momento que me llegué a tatuar una fusión de títulos de las dos canciones en la parte superior del brazo derecho. Algún día lo abordaremos como se merece.

Posteriormente a lo vivido en agosto de 2007 mi historia vital se ha ido entrelazando año sí, año también, con la de Cornell. Lógico: era mi faro, mi vigía en lo comprendido dentro de las paredes que delimitan el cuarto arte. Le perdoné su vuelta con “Scream” pese a redactar la crítica más contundente que jamás ha salido de mi puño y letra (de hecho salió a la luz también en Rockzone, y recuerdo que un lector llegó a comentar que, por mi texto, yo no debía tener idea de quién era Chris Cornell). Viajé al Sonisphere para verlo tocar de nuevo con Soundgarden 2012 (crónica), y repetí experiencia en la Hovet de Estocolmo en 2013. Recordaré este último concierto con mucho cariño, en el que Soundgarden me demostraron que en vivo podían llegar a sonar incluso mejor que en su versión de estudio. Aún se me ponen los pelos de punta al rememorar el momento “Black Rain” vivido en segunda fila.

Aún y así los momentos más emocionantes que he vivido con Chris siempre han sido en sus conciertos ofrecidos en solitario. La primera vez que lo vi en acústico fue en París 2012, en la sala Le Trianon, y en primera fila. Emociones a flor de piel en la interpretación de ‘When I’m Down’, ‘Thank You’ y ‘Call Me A Dog’, entre otras. Me pasé todo el concierto enganchado a la butaca, y solo me despegué en un preciso instante para mostrarle una pancarta en la que se podía leer un doble mensaje: “please sing Disappearing Act / sign my vinyl”. Sorprendentemente al verla se aventuró a tocar ‘Disappearing Act’ (afortunadamente alguien grabó este especial momento con su cámara) y al final de la actuación me firmó mi copia en vinilo de “Songbook”.

Vídeo de ese momento:

Se me hace extraño verlo así, pero parece que lo experimentado el año pasado en el Liceo barcelonés parecía saldar algún tipo de deuda vital con aquellos que no estuvimos en 1999 en el Casino L’Aliança. Como si de una triunfal despedida se tratase, Cornell se acercó a la majestuosa sala de la ciudad condal para ofrecernos el que para algunos es, y será, el concierto de nuestras vidas. Yo lo viví junto a mi madre, a quién con insistencia he convertido en una “mini fan” de su obra en solitario. En primera fila, para variar. Fue una gozada ver como Chris consiguió llenar de sonido y pura emoción un recinto tan enorme. Los astros se alinearon ese día para que el set, el artista, el entregado público y el paraje sacaran lo mejor de sí. El día siguiente a ese concierto Cornell tocó en París, y yo tenía entrada para verlo. Tuve la fortuna de coincidir con él en un vuelo de Air France, y para el recuerdo siempre tendré una instantánea, una segunda firma en el “Euphoria Morning” (también me lo autografió al final del concierto en la Barcelona) y aquel momento en el que no puede evitar titubear al dirigirme a él.

Hoy desgraciadamente Cornell nos ha abandonado en una fría habitación de un hotel de Detroit (Michigan). Para muchos se ha ido un icono, un referente. Yo, personalmente, he perdido algo más. No sabría cómo explicarlo, pero su marcha es de las que dejan poso. Duele, y mucho, pensar que jamás podremos disfrutar de su desgarrada voz. Ni en vivo, ni en estudio. Que el prometido “King Animal 2” no verá la luz. Ni tampoco el segundo disco de Temple Of The Dog del que tanto se hablaba este último año. Creo que somos muchos los que nos lo imaginábamos con setenta años ofreciendo “master classes” en directo repasando la sección más legendaria de su extensa discografía. Desgraciadamente eso no podrá ser.

Con este texto solo quería transmitir que fue aquel sentimiento germinado esa cálida noche del 21 de agosto de 2007 lo que hizo que acabase creando Binaural. Todo lo que veis frente a vuestros ojos se debe, de una u otra manera, a él y a su música. A las ‘Disappearing’, a sus seis discos de Soundgarden, a su fabuloso álbum con Temple Of The Dog y a lo ofrecido también con Audioslave. A aquel catálogo que perdurará para siempre en un rincón exclusivo de nuestra audioteca particular.

Siento que debo confesaros un secreto: este site lo creé con la intención de cumplir algunos de mis sueños. Y uno de ellos, el más grande, pasaba por conseguir citarme durante 20 minutos con la perilla más icónica de Seattle. Recientemente debatí con Jordi Meya de Rockzone sobre las entrevistas más ilusionantes que podíamos hacer en vida. Y lógicamente surgió rápidamente el nombre de Cornell. Hasta el momento he tenido la suerte de entrevistar a gente a la que admiro en mayor o menor medida (Ben Bridwell, Jeff Ament, Kasper Eistrup, Noah Gundersen, David Ramirez, etc…) pero siempre mantuve la ilusión de conseguir esa cita “in situ” con mi gran ídolo. Hace un año estuvo bien cerca esa posibilidad, pero el meeting se canceló a última hora. Lástima.

Así que jamás acabaré de saber la verdad sobre aquellas dudas que me corroen al leer sus letras. Quizás es mejor así. Porque la sombra de la obra de Cornell es alargada. Hoy más que nunca. Una larga década ha pasado desde aquel 21 de agosto de 2007, y hoy he vuelto a revivir aquella sensación que tuve al verlo agarrar el micro. Puede que jamás será reconocido como uno de los 20 mejores compositores de la historia. Cierto es que no llegó jamás a las octavas de Patton, ni publicó un álbum en solitario como el “Grace” de Buckley. Pero para mí, y para muchos, Cornell siempre será el duque de los noventa. El marqués del grunge.

Por esto, y por mucho más, esperamos que saludes al cielo por nosotros, amigo. Te echaremos mucho de menos. Quizás demasiado. Solo te pedimos que de vez en cuando eches la vista abajo, y revises el gran legado que nos has dejado. Porque da para un artículo así, y para mil también. No es casual que hoy sea el día en el que más tráfico se ha generado en toda la historia de esta humilde web. Y con una sola noticia. Ojalá no hubiese sido así… Gracias por todo, Chris. Jamás te olvidaremos.

“…Build and tear down / we’ve run out of time to saw / How did it get so late…”

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

14 comentarios

  • Ánimo Pablo! Yo siento la música como tú, es la turbina que mueve mis pasos, y sin duda el grunge de los ’90 ha sido siempre mi debilidad.. siempre dije que es la música que mejor defiende la melodía arropada con la fuerza de la distorisión y una batera y un bajo contundentes.. y además, por cómo fue todo, la que me suena más sincera.. ha sido un día triste también para mí. Ya sólo nos queda (entre otros, es cierto), Eddie.. abrazo!

  • ENHORABUENA. Con mayúsculas. En un día donde mucha gente está jodida, «alegra» ver artículos como éste, hechos con el corazón, y no buscando en rumores, suposiciones e hipótesis sobre su muertes, los likes y comparticiones varias. Hay esperanza en los medios.

  • Debo sinceramente Felicitarte por tan magno Post y unirme al sentimiento que embarga a más de uno, indescriptible en un solo emoji… Te mando saludos y buenas vibras desde México… #RockBitches #Binaural

  • Enhorabuena por el artículo, la verdad que me ha llegado, con lágrima incluída al ver el vídeo de disappearing act. Hoy ha sido un día raro y triste

  • Pena y rabia por que no siguiera dandonos esos momentos, escuchando y reescuchando todas esas canciones, y por no alegrar nuestros oidos con las nuevas que podria crear. Grande Chris!

  • Muy buen artículo, me has hecho llorar… Pero hoy es fácil porque llevo todo el día sensible… Comparto cien por cien todo lo que dices. Me enganché al grunge/rock con Soundgarden cuando a penas tenía 16 años… Veinte años después me siguen transmitiendo lo mismo… Hoy es un día triste…. Descansa en paz Cornell

  • Sin duda este artículo me ha emocionado muchísimo. Nunca he tenido la suerte de ver a Chris en directo, pero siempre le he llevado en el corazón. Ha sido y será la voz que pone la banda sonora a mi vida. D.E.P

  • La verdad es que hacía más de un año que no visitaba Binaural. Amo la música, pero a veces me siento abrumada por la cantidad de información que llega a nuestros cerebros, de nuevas promesas que son de obligación, discos imprescindibles y eventos que no te puedes perder. Al enterarme de tan triste noticia, no he podido hacer otra cosa que volver aquí y compartir de algún modo el vacío que nos deja Chris Cornell. Me ha hecho pensar en cómo en momentos extremos una siempre vuelve a lo esencial. Sé lo importante que era para el blog, para su fundador y para muchos de sus lectores. Para todas las personas que sólo pueden tomarse la música como algo personal. Enhorabuena por tu artículo, Pablo.

    Words get tangled on your tongue,
    and you stumble on your feet
    when you miss somebody.
    And everywhere you think you see them,
    walking down the street
    when you miss somebody.
    When you miss somebody,
    you tell yourself a hundred thousand times,
    «Nobody ever lives forever,»
    so you give it one more try:
    To wave goodbye, wave goodbye…

  • Preciosas palabras..por lo que cuentas yo estaba con mi mujer justo detrás de ti y de tu madre en Barcelona..concierto mágico…al día siguiente fuí a París con mi hermano..y con mis muletas!…esperando en la calle a ver si lo veíamos…estuvimos con Bryan Gibson un breve instante…pero no tuvimos la misma suerte con Chris…para mí es como si hubiera muerto un amigo que siempre estaba ahí….qué voz se lleva la eternidad…un afectuoso saludo para ti y para todos los fans de Chris.

  • Ha sido un día raro sin duda, lleno de melancolía y de recuerdos. Amigos de hace tiempo y de todas partes nos hemos puesto en contacto para compartir el asombro y la tristeza. Durante todo el día han estado viniendo a mi cabeza recuerdos de cuando éramos jóvenes y empezábamos a descubrir a estos grandes (que fantástica era la MTV en aquellos tiempos) pero, no era sólo música, era una forma de pensar, unos principios. Así que, claro qué es importante la música para nosotros y claro que tiene sentido hablar de sentimientos en estos casos, es más, gracias por hacerlo porque era necesario. Soy de Eddie Vedder tanto como tú de Chris Cornell, siempre decía que Eddie era como mi hermano mayor, así que Chris no puede ser menos que como un primo cercano. Seguí Bianural desde el principio (de hecho, siempre quise colaborar con el blog jeje) y antes de ello, muchos andábamos por Portalternativo. He ido a cantidad de conciertos y he pataleado por la cantidad de conciertos a los que no he podido ir. Antes era muy mística y cuando estaba entre el público aplastada por la multitud me sentía muy afortunada de estar rodeada de tanta gente que pensaba igual que yo, que creía en las mismas cosas y que admiraba las mismas palabras que yo estaba escuchando. Ahora tengo un hijo y, ahora, uno de mis sueños es acompañarle a algún concierto cuando sea mayor. Hoy, estos grandes e intocables genios del grunge de los 90, me han parecido muy pequeños y vulnerables, además, ya tienen arrugas. Así que me he visto muy responsable de hacer que mi peque de 8 meses conozca su música, sus letras y mis principios cuando sea mayor. Con lo cual, Binaural debe seguir haciendo su trabajo y hablando tanto de música como de sentimientos para que, dentro de unos años, podamos hacer click en 2009 y empezar a contarles, y cantarles, a nuestros hijos lo que era el Grunge y porque somos como somos. Ánimo y gracias!

  • Amen, Pablo. Solo deseo que alguien le haga un homenaje la mitad de sentido y maravilloso que él le hizo a Jeff con Wave Goodbye. Descansa en paz, Spoonman. Te echaremos de menos

  • buen articulo era un gran musico y su voz era capaz de llegar a notas muy altas y a su vez cantar notas graves.

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