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Chris Cornell y la digestión de una dolorosa pérdida

“Se nos fue tan pronto…” – decíamos.

A veces tiendo a pensar que la vida está hecha única y exclusivamente para desquebrajar expectativas, en especial aquellas que más se suelen dar por sentadas. Desafortunadamente no entender una trayectoria vital como imprevisible conlleva decepciones, desilusiones, e incluso flagelaciones servidas en una llamativa bandeja de plata.

Yo, como muchos otros, he errado a la hora de canalizar ciertos tipos de perspectivas. Sin ir más lejos, y remitiéndonos a la temática que nos atañe, uno de mis fallos quizás fue dar por hecho que mi vida iba a dar pasos paralelamente a la música de mi mayor héroe musical. Al menos desde mi percepción, no desde la suya, claro está. Sé, y entiendo, que esta deducción suena algo egoísta, porque lo es, pero el romanticismo de su pretexto es tremendamente irresistible, porque existe cierta magia en eso de crecer y sentir que lo haces cogido de la mano del material más fresco de tu ídolo, por poco estimulante que sea. Día a día, semana tras semana, mes tras mes. Año tras año. “Pulgada a pulgada”, como decía Al Pacino en “Un Domingo Cualquiera”. Llegando a sentir que las fases más importantes de tu evolución personal están marcadas paralelamente y a fuego por la publicación de varias referencias discográficas, o por la asistencia a shows en vivo dignos de ser rememorados una y otra vez (el del Liceo es uno de ellos).

Un año después del fallecimiento de Chris Cornell, siento que ese fue mi error a la hora de enfocar este asunto. Y quizás, sólo quizás, también el de tantos otros fans del artista de Seattle. Una conversación mantenida con Tom Morello (Rage Against The Machine, Audioslave) me hizo ver la luz en ese sentido.

Era junio de 2017. Gracias a mi puntual labor con Rockzone conseguí entrevistar al célebre “guitar hero”en el backstage del Download Madrid 2017. Y obviamente aproveché un momento de respiro entre un aluvión de preguntas relativas a Donald Trump, ‘Living On The 110’ o Zack De La Rocha, para recordar la perilla más icónica surgida de la ciudad del “Space Needle”. Pese a sentirse aún extremadamente dolido con la pérdida, el buenazo de Tom me dejó caer una perla de aquellas que consiguen remover las entrañas de cualquier tipo de fan. Una que en realidad no fue incluida en el artículo porque me la dejó caer en el tiempo de descuento, con la grabadora apagada y con medio cuerpo fuera del camerino. “Debemos dar gracias de haber disfrutado tanto tiempo de Chris” – comentó justo antes de esbozar una amplia sonrisa. Ese “tanto tiempo” lo dijo como si hubiese sido un auténtico milagro que la existencia del frontman se hubiese alargado hasta los 52 años de edad. Un logro extraordinario tras pasar “desde los trece años batallando contra la adicción, y también contra la depresión”, tal y como se encargó de remarcar The Nightwatchman apenas unos minutos antes.

Eso me hizo replantearme la visión panorámica del asunto durante ese mismo verano. Y casualmente ese sentimiento transmitido por Morello encontró cierta extensión del mismo dos meses. ¿Cómo? Conversando pocos días después con otro antiguo e ilustre amigo del cantante: Alain Johannes.

Alain (segundo por la izquierda), Natasha y Cornell

Con Johannes tuve la suerte de citarme en agosto en un bar barcelonés con motivo de la última gira europea de PJ Harvey. Y el ex integrante de Eleven y Queens Of The Stone Age me relató con todo lujo de detalles el “via crucis” en el que se encontraba Cornell tras disolver su banda, Soundgarden, a finales de los noventa. Uno del que los seguidores suelen ser algo conscientes, pero cuya oscura tesitura es incluso más densa y tóxica de lo que en términos generales un fan estándar se puede llegar a imaginar. Por lo visto en la grabación de “Euphoria Morning”, Cornell se encontraba tan frágil que necesitó sentirse arropado por Alain y su mujer, Natasha Shneider, en la morada angelina del matrimonio. Durante días, e incluso semanas, se alejó del mundo, de las tentaciones, y de su peor faceta personal, intentando dar con aquella estabilidad psíquica y moral que le era imposible de experimentar en su ciudad de origen.

Esa necesidad de alejarse de la sugestión era tan sólo una pequeñísima muestra más de los numerosos compases de perfil tortuoso vividos por el músico en su etapa adulta.

Por un lado siento que esa sensación de tristeza ha quedado ligeramente paliada, e incluso eclipsada por este tierno sentimiento de gratitud. Pero existen más luces en este extraño mundo de tétricos ciclos nostálgicos. Una de ellas, quizás la más radiante, es la exhibida con orgullo por diferentes cuerpos celestes de la galaxia musical en este último año.

Son muchos los Corey Taylors, Ann Wilsons, Jerry Cantrells y Taylor Momsens que han aprovechado sus menesteres promocionales para rendir un solemne tributo al difunto artista. Cada uno ha gestado su homenaje a su manera, tanto con la interpretación de clásicos de Audioslave, Soundgarden o Temple Of The Dog, como con referencias directas o indirectas mentadas oralmente (véase el caso del primer show de Vedder tras la muerte de Cornell o el de Pearl Jam en Santiago de Chile).

Pero lo importante de esto no es sólo el hecho, que también, si no la vigencia del asunto. Porque, si os fijáis, aún un año después son muchas las figuras legendarias que continúan periódicamente reverenciando el legado musical de Christopher John Boyle.

Estos últimos 365 días han servido para demostrar por activa y por pasiva que la muerte de Cornell no ha sido una muerte más. Ya no hablo en términos de número de publicaciones en medios, ni de “clicks”, sino en materia perceptual. Da la sensación que el trágico suceso ha marcado un punto y aparte importante tanto en la manera de seguir, relatar y transcribir el fenómeno entendido popularmente como “grunge”, como también en la forma de abordar la historia de la música rock de los noventa. Aquellos que crecieron escuchando grupos como Soundgarden, Pearl Jam y Alice In Chains han sentido más que nunca el peso de los años. Y en cierta medida muchos de ellos han vuelto a sentirse tan huérfanos como el día en el que las almas de Kurt Cobain o Layne Staley desaparecieron de la faz de la tierra. Ni la pérdida de Scott Weiland fue tan sentida como la que colmó los titulares de los medios hace justo 12 meses.

El caso Vedder también lo dice todo. A día de hoy, y desde hace un año, Eddie es el último resquicio de aquella escena que, paradigmáticamente, parecía reavivar su energética llama hace poco menos de una década. Todas las miradas están puestas sobre el vocalista de Pearl Jam, y no son pocos los tweets compartidos desde hace un año que han pedido al artista que cuide su salud. Que vaya con cuidado. Que no corra ningún riesgo. Nadie quiere que quiebre la única gran prueba viviente de aquel fenómeno que engoriló a millones de personas hace casi tres décadas.

Regeneración de las sensaciones surgidas de las tripas, nueva (y amplia) percepción del legado musical, cambio de roles en el entorno… Básicamente esto es parte de lo que parece haber variado sensiblemente desde el 18 de mayo de 2017 al 18 de mayo de 2018. Existirán decenas (o centenares) de ejes temáticos más sobre los que poder planear, como el lamentable uso de la identidad virtual de Soundgarden, y su merchandising por parte de Vicky Cornell, pero eso daría para otro escrito de bíblicas proporciones. Y no parece oportuno focalizarnos lo más mínimo en dicha materia, al menos por ahora.

Mejor nos quedamos con el amor profesado hacia el cancionero de Chris. Hacia su leyenda, y hacia su estirpe estilística. Saluda al cielo de nuestra parte, amigo. Al menos una vez más. No sólo te echamos de menos cuando estamos en horas bajas. Que lo sepas.

Nota del autor: las fotos adjuntadas bajo estas líneas fueron tomadas por el autor del texto en el Hollywood Forever Cemetery de Los Ángeles (Estados Unidos) en marzo de este mismo año.

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. Llevo ocho años escribiendo sobre música alternativa para esta web, y también colaboro puntualmente en la revista nacional Rockzone . Amante del folk, rock alternativo y el indie en general. Twitter | @pabloporcar

1 comentario

  • Hermosa publicaciòn, soy fan de Cornell desde hace mucho tiempo, hace un año vivì tal vez un golpe del cual jamàs me podrè recuperar, es como si se hubiera muerto un familiar, hace un año brotè mas lagrimas que las que pude haber brotado en la mitad de toda mi existencia, lagrimas de dolor intenso, lagrimas de frustraciòn, lagrimas de un amor musical que se fue, y que solo queda lo hecho. Hoy primer aniversario de su partida, me la pasarè escuchando toda su musica, mandè a estampar una camiseta con su retrato, ese es mi homenaje hacia el, quizà broten algunas lagrimillas mas, que seràn inevitables. Gracias Cornell por tanto!!. Te amo leyenda!!.

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