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[Crítica] I'm Not There (2007)

Tras dos años y medio de espera (el film fue estrenado en los Estados Unidos en noviembre de 2007) y después numerosos problemas con distribuidoras, este viernes 19 de febrero llegará a los cines españoles, por fin, I’m Not There, el aclamado «biopic» (resaltemos el entrecomillado) sobre Bob Dylan dirigo por Todd Haynes (Velvet Goldmine, Far From Heaven).

Antes de nada, y como aviso a navegantes, no podemos dejar de decir que I’m Not There no es una biomovie al uso. No es una película que, centrándose en un único personaje principal, relate o nos muestre, de manera más o menos cronológica, parte o la totalidad de la vida y obra del protagonista en cuestión. Olvidad un metraje al estilo de Walk the Line (James Mangold, 2005) o Amadeus (Miloš Forman, 1984), por poner dos joyas como ejemplo. Tampoco penséis en Last Days (Gus Van Sant, 2005). La cosa no va por ahí. I’m Not There es un proyecto mucho más experimental y complejo de lo que, aparentemente, pueda parecer desde fuera. Aquí no hay un único protagonista recreando lo mejor posible al maestro de Minessota, imitando sus gestos, forma de hablar y vivencias. En I’m Not There son seis personajes distintos interpretando seis facetas diferentes (algunas incluso bastante desconocidas) de Robert Allen Zimmerman.

El jovencísimo Marcus Carl Franklin interpreta a un particular Woody Guthrie, el famoso cantautor folk de los años 30-40, quien fue una grandísima fuente de inspiración (casi obsesiva) y, en gran medida, precursor de todos los pasos posteriores de Dylan. En el film, Guthrie nos presenta los primeros años de Dylan: las mentiras y fantasias que tuvo que ingeniarse sobre la marcha para poder llegar a Nueva York, a finales de los 50, y empezar lo que sería su apabullante carrera musical.

Christian Bale personifica dos etapas distintas de Dylan: su principio acústico (la fama inicial que obtuvo con discos como ‘Freewheelin’ Bob Dylan’ o ‘The Times They Are a-Changing’) y su crisis religiosa (el periodo de ‘Slow Train Coming’ y ‘Saved’). Como sabemos, Dylan ‘pasó’ del judaimo al cristianismo a finales de los setenta. En el film se nos muestra algo parecido.

Richard Gere es ‘Billy the Kid’, en referencia al papel que Dylan tuvo en el film de SamDylan2 Peckinpah ‘Pat Garret and Billy the Kid‘, película para la cual compuso uno de sus más famosos temas: «Knockin’ On Heaven’s Door». El forajido, el bandido y, a su vez, el incompredido vagamundo.

Ben Whishaw recrea la controversia de Dylan como poeta y agitador, bajo el nombre de Rimbaud (en alusión al poeta homónimo). Aunque sus apariciones son casi anecdóticas, y siempre detrás de una mesa de entrevistas, da gusto oír algunas de las grandes frases de Dylan como contestación a supuestas preguntas que la vox populi le va lanzando. Por poner un ejemplo, “I accept chaos. I don’t know whether it accepts me.

El malogrado Heath Ledger, como Robbie Clark, nos muestra la faceta más doméstica de Dylan. Un actor que encuentra la fama de la noche a la mañana y debe lidiar con esa carga encima a lo largo de sus desenfrenadas relaciones (atención a una de las escenas de sexo más intensas de los últimos años, precisamente, con Charlotte Gainsbourg, de quien os hablamos hace unas semanas). La cara más oculta del genio: el amante, el esposo y el padre.

Y, por supuesto, Cate Blanchett, perfecta una vez más en la recreación de Jude Quinn, un verdadero retrato del Dylan de mediados de los 60. La época de la controversia y la producción musical frenética. El cambio a la guitarra eléctrica en el Festival Folk de Newport, el primer tour en el Reino Unido, las jocosas entrevistas (perfectamente transcritas de la realidad), el encuentro con los Beatles, el momento ‘Judas‘, la escritura de ‘Tarántula’, las críticas, etc. Pocos son los detalles de esos intensos años que se escapan en los fragmentos en los que Blanchett acapara toda la atención. No en vano, fue galardonada por este papel con el Globo de Oro a la mejor interpretación femenina de reparto y recibió idéntica nominación en los Oscars de aquel año.

Alternando muy acertadamente el blanco y negro con colores de lo más vivos (dependiendo del personaje), Todd Hayness logra el más dificil todavía: intercalar varios protagonistas, varias vidas distintas, consiguiendo que el espectador no pierda el hilo de las historias y siga con interés el desarollo de cada una de ellas. Sin embargo, personalmente, me veo en la obligación de señalar cierta descompensación evidente entre algunos personajes: mientras que Blanchett, Ledger y Bale tienen el éxito asegurado, las historias de Carl Franklin y, sobre todo, Gere, pueden llegar a cortar el ritmo en algún momento, ya que son aspectos más puntuales de la vida de Dylan que se ven ahogados por el poder narrativo del resto.

Sobre la banda sonora, por supuesto, no podemos sino quitarnos el sombrero.  En I’m Not There suenan, como no podía ser de otra manera, canciones de Dylan. La interpretación ya es otra cosa: hay tanto versiones originales («Stuck Inside Of Mobile With The Memphis Blues Again«, «I Want You«), como coversAll Along the Watchtower» a cargo de Eddie Vedder and the Million Dollar Bashers, «Knockin’ on Heaven’s Door» por Antony & the Johnsons, o «I’m Not There«, la canción de ‘The Basement Tapes’ que le da nombre al film, por los Sonic Youth, son algunos ejemplos).

En definitiva, debemos afirmar que I’m Not There es un film que le encantará a todo fan de Dylan, que le apasionará a todo aquel que, además, tenga ciertas nociones de la vida y obra del trovador (he de reconocerlo, antes de leerme su biografía se me escaparon muchos detalles del metraje) y, en general, gustará a aquellos que simplemente quieran conocer más sobre uno de los artistas más importantes e influyentes del los últimos cincuenta años. Ahora bien, como hemos anticipado, si esperáis ver un biopic sencillo, claro y para todos los públicos, ésta no es vuestra película.


Puntuación 8/10



Web oficial del film.

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