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Despidiendo a Chester Bennington, uno de los nexos musicales de la adolescencia

Siguiendo una línea similar a la del 2016, la fatalidad parece estar acechando al 2017 con un cuchillo entre los dientes. Ni dos meses han pasado desde que Chris Cornell nos abandonó (nuestro humilde tributo, aquí), que la parca ha vuelto a hacer de las suyas llevándose al otro mundo una de las figuras más célebres del rock alternativo contemporáneo. Hablamos obviamente de Chester Bennington, conocido cantante de Linkin Park, fallecido este pasado viernes a los 41 años de edad.

Sorprende, y mucho, su defunción. Pero no nos parece ni justo ni adecuado el entrar a abordar a fondo sobre los escabrosos detalles relativos a su suicidio. Ni es nuestra labor comunicarlos, ni tampoco nos sentiríamos cómodos haciéndolo. En Binaural queremos hablar única y estrictamente de música. Entre otros asuntos, más allá de abordar la frenética actualidad musical, buscamos ahondar puntualmente en el impacto que el cuarto arte tiene en nuestro ser actual, e incluso también en la relevancia atesorada por la galaxia de las melodías en las diferentes fases de nuestra evolución personal. Porque no todos empezamos escuchando, por ejemplo, a grupos como Radiohead, METZ o King Gizzard & The Lizard Wizard. Con el paso del tiempo el tren de la vida va cambiando de estación, y nuestros gustos pueden ir acomodándose sobre los raíles de atractivas cocheras dignas de ser exploradas.

Es este punto el que me ha motivado a redactar esta pequeña entrada. Porque hablar de Chester Bennington es hablar de la dorada temporada primaveral y veraniega de 2001. O lo que es lo mismo: de memorias adolescentes. Para muchos fueron días de instituto. Días de inocencia pasada, e incluso también de incontrolable rebeldía, con el “Hybrid Theory” y algún que otro disco (“Enema Of The State”, “White Pony”, “All Killer, No Filler” o “Americana” por poner un puñado de ejemplos un tanto significativos) sirviendo como telón de fondo de algunos de los momentos más cómicos, trágicos o embarazosos experimentados a temprana edad. Personalmente a día de hoy me resulta imposible reproducir el sonido de ‘Points Of Authority’ o el de ‘In The End’ sin asociarlo automáticamente a doradas tardes vacacionales protagonizadas por mi querida Nintendo 64 y una piscina de color turquesa.

Con el paso del tiempo mi senda y la de Linkin Park se fueron separando de forma gradual. Jamás fui hater del grupo (de hecho lo defendí públicamente en más de una ocasión), pero más allá de lo exhibido en algún que otro excepcional tema había algo en el sonido post “Minutes To Midnight” que no me acababa de llenar. Ni cuajó dentro de mí la electrónica de “A Thousand Suns” y “Living Things”, ni me convenció el estilo mestizo exhibido en “The Hunting Party”. Irremediablemente tampoco me llevé una grata impresión del radical paso hacia el pop pixelado ofrecido recientemente en “One More Light”. El mismo que tanta polémica generó en las redes a principios de este mismo año.

Aún y así tanto a Chester Bennington, como a Linkin Park, siempre les tendré cierto grado de estima. Olvidémonos por un momento de nu metal y movidas varias… Porque en mi caso (no sé en el vuestro) miro atrás y no puedo evitar percatarme que una pequeña parte de mi adolescencia estuvo cimentada por la voracidad melódica de ‘Papercut’ o el incisivo doble juego vocal de ‘Runaway’. De alguna de las maneras el cantante de Phoenix consiguió poner una de las primeras piedras en la escalinata que define mi trayectoria en terreno musical. Y eso, precisamente eso, es algo que no ha sucedido solamente conmigo. Resulta cuanto menos entrañable el poder alzar la vista y comprobar con tus propios ojos cómo es tanta la gente con la que has compartido espacio en ese primer, segundo o tercer peldaño. Eso, amigos, es el poder de la música. Y no hay nada de lo que pueda estar más orgulloso Chester que de haber conseguido esa inmaculada transversalidad.

Descansa en paz, amigo.

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

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