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Escapaditas rurales con Led Zeppelin: diseccionando el nacimiento de «III» en su 50 aniversario (parte 1)

¿Cuántas veces has pensado que necesitas irte al campo para desconectar del agobio de la ciudad? Analizamos el tercer LP de la banda inglesa y cómo nació entre paredes de piedra, riachuelos y panderetas.

A principios de este mes de octubre se cumplieron 50 años de la publicación de «III«, el tercer LP de Led Zeppelin, el disco que abriría una nueva y amplia dimensión en su música más allá de pispar riffs de blues y empaquetarlos entre sexo, limones y distorsión. Para celebrar el aniversario y mientras esperamos el ansiado primer documental oficial que ya anunciábamos el año pasado, la banda ha reeditado un  7” con ‘Immigrant Song’ delante y la inédita en álbum ‘Hey Hey What Can I Do’ en la cara B. En su día fue uno de los pocos singles promocionales que los ingleses publicaron en activo. ‘Hey Hey…’, además de aparecer en ese 7”, acabó incluida en varios recopilatorios desde los 90, pero fue ‘Immigrant Song’, su riffeo galopante, sus aullidos y su letra proto-power metal la que abriría «III«, el cumpleañero que nos ocupa.

Los másters de Led Zeppelin III

Me pregunto a cuántos fans decepcionó que la potencia de este primer tema no se repitiera en los treinta y pico minutos siguientes del álbum. ‘Immigrant Song’ arranca con todo: invocado por ese ya mítico siseo con eco, el cuarteto carga a la vez como si fueran arengados por el mismísimo Ragnar Lothbrok. Aunque no se trata de un tempo demencial, el arreglo es potentísimo y la voz de Robert Plant, sana y probablemente en su cénit, no hace sino propulsarlo hacia adelante y hacia arriba. Corta pero intensa, como las mejores cosas de la vida. Empieza tan arriba que, como apuntaba, el resto del disco dio bajón a algunos puristas de los amplis al 11.

Puede que la potencia de ‘Immigrant Song’ no vuelva a aparecer por III, pero sí su energía en forma de electricidad en la cara A del disco y en tono más humano y folk en la cara B, más acústica. ‘Celebration Day’, la tercera canción del disco, es más rápida, más dinámica y en definitiva más bailonga que el corte inicial. Sin embargo, a pesar de incluir licks más que decentes, es algo más ligera y naif. Lo mismo pasa con ‘Out On The Tiles’. A menudo desapercibida, combina en cuatro minutos dos de los tonos más gruesos de Page y Jones, respectivamente, y ese groove lleno de contundencia y swing marca John Bonham. ¿Por qué “desapercibida”?

Su única culpa es sonar a continuación de ‘Since I’ve Been Loving You’, ese blues colosal y ese segundo punto álgido de energía en el LP. Es la canción más larga del disco y a la vez la que mejor juega con la dinámica sónica y la tensión y el reposo. ‘Since I’ve Been Loving You’ enriquece el formato tradicional del 12-bar blues con una riquísima paleta armónica alimentada con recursos muy cercanos al jazz, como las sustituciones de acordes y empleo de escalas alrededor de varias tonalidades. Page provee los licks y punteos necesarios y un poquito más, sin abandonar la coherencia e incluso propiciando que, después de un par de escuchas, uno pueda hasta tararear algún motivo de guitarra que otro. Plant lo mismo, pasando con sus cuerdas de un tono de confesionario en las estrofas al desgarro vocal más salvaje en los estribillos. El sustrato lo acomoda John Paul Jones, que esta vez aparca el Jazz Bass y se pone a los mandos del Hammond y los pedales de bajo simultáneamente. A su lado en la sección rítmica está la percusión, que en el blues de diccionario simplemente encauza el ritmo pero que con Bonzo adquiere un tamaño y una proyección divinas que contrastan con lo terrenal y casi adorable del ya célebre chirrido de su pedal de bombo. Llamadlo falsa nostalgia o acusadme de esteta si queréis, pero detalles como éste último (de los que el disco está lleno) hacen que la producción a cargo de Page, que debía sonar súper moderna y experimental hace 50 años, hoy suene deliciosamente rústica e imperfecta. En los 70 ya se podía producir a calidad absolutamente cristalina (ver Yes, Pink Floyd, The Alan Parsons Project y compañía), pero un «Led Zeppelin III» en ultra alta definición simplemente no estaría bien, no sería correcto.

Si la cara A del disco continuó el sonido y el mito de la banda, fue la cara B la que les reclutó nuevos amores… Y también enemigos. Con la excepción de ‘Friends’, un número acústico y medio étnico que fluye extrañamente bien en el primer segmento eléctrico del álbum, es el segundo tramo del disco el que incluyó las canciones llamadas ‘folk’: texturadas en vez de estridentes y más narrativas y contemplativas. Aquí aparecieron las guitarras acústicas con afinaciones en acorde abierto, las mandolinas, la lírica y los paisajes. Importada de la época Yardbirds de Jimmy Page, la romántica ‘Tangerine’ es la canción más canónica y popera de III: un rasgueo sincero de acústica 12 cuerdas, una letra y vocal gentil y hasta una mandolina la hacen la perfecta canción de acampada o la pieza de cortejo perfecta, según las necesidades del intérprete. En la misma línea está ‘That’s The Way’, una especie de Romeo y Julieta rural recitada sobre un motivo acústico más sincopado de lo que parece y decorada con sedosos arreglos de pedal steel guitar, pandereta juguetona y silbido nasal de Robert Plant entre la mezcla. 

Para juguetona, ‘Bron-Yr-Aur Stomp’. El stomp es un pulso sencillo y marcado que se lleva, literalmente, pisoteando el suelo con alegría. Este tema festivo es una auténtica oda al vínculo perruno, una carta de amor en toda regla a Strider, el merlé de ojos azules que acompañaba a Robert Plant por los bosques de gales. Conoceremos a ambos en unas líneas. Antes debemos repasar el repertorio siniestro del disco: ‘Hats Off To (Roy) Harper’ y ‘Gallows Pole’. La primera, que cierra el álbum, lleva despertando opiniones totalmente encontradas desde ese octubre de 1970. Para algunos no es más que la enésima apropiación de Page y compañía: un refrito superficial del sonido demoníaco del blues del delta del Mississippí, con el guitarrista azotando su instrumento con un slide y Plant soltando aleatoriamente versos de Bukka White entre otros. Para los demás, ‘Hats Off…’ es la perla negra, una invocación de poder a través de un arreglo flaco y abrasivo y un back to basics en toda regla al género del que el 90% de la música rock deriva. ‘Gallows Pole’, por el contrario, es mucho más clara y literaria. Si el heavy folk existía en 1970, este tema tuvo que ser su encarnación perfecta. Inspirada en una viejísima canción tradicional de origen nórdico o sajón, arranca desnuda con un motivo sencillo de guitarra acústica y voz, pero se viste progresivamente con más guitarras, mandolina, bajo y hasta banjo, tejiendo un crescendo finalmente completado por los tambores de Bonham.

Hay que reiterarlo: puede que la potencia de ‘Immigrant Song’ no se alcance de nuevo en todo el álbum, pero su energía sí está presente ya sea en confecciones poperas divertidas, en derroches de blues contundente  o en forma de vitalismo folk.

Ya conocemos al bebé. Ahora vamos al revolcón.

En Bron-Yr-Aur se concibió mucho más que a Scarlet Page, hija de Jimmy Page. Pero no corramos.

Fue tal el trajín desde la fundación de la banda (finales de 1968) hasta la conclusión de las giras para presentar II (marzo o abril de 1969) que Jimmy Page pensó lo que piensas tú cada jueves volviendo del trabajo: “necesito un descanso”. Al parecer, Robert Plant había veraneado con su familia en una casa rural de la campiña galesa y viendo cómo él (algo afectado de la voz) y sus compañeros estaban agotados, propuso ir allí a desconectar y quién sabe si a encontrar inspiración para un tercer disco que ya empezaban a solicitarles. La casa rural en cuestión es Bron-Yr-Aur (pronunciado bron-er-ar, más o menos). Ubicada en las afueras de Machynlleth, a unas tres horas en coche de Cardiff, la capital, se trata de una cabaña del siglo XVIII sin electricidad ni agua corriente, enclavada en unas colinas que bien podrían ser escenario de secuencias de Juego de Tronos o El Señor de los Anillos. Idílico, ¿verdad? Pues entre abril y mayo de 1970 para allí se fueron a desconectar Jimmy Page y su novia Charlotte, Robert Plant con su mujer Maureen e hija Carmen y los pipas Clive Coulson y Sandy Macgregor.

Un entorno tan rústico les alejaba, en primer lugar, del foco mediático: paparazzi, compromisos publicitarios, presiones de su sello… Por otra parte, apartarse de los escenarios y de los mejores estudios de Londres o Estados Unidos cambiaría su inspiración y la forma de materializar ideas nuevas. Con un enfoque tan crudo no podrían vestir sus nuevas ideas de adornos o efectos de producción. Como antiguamente se hacía, darían a luz en su casa, a pelo y entre toallas. Y es que allí en el campo poco había que hacer aparte de pasear, tocar, beber vino y demás vicios y placeres.

Aunque en principio sólo iban a desconectar, el rider técnico de esta escapadita rural incluía, por si acaso, un par de guitarras acústicas, panderetas y alguna grabadora portátil. Page, Plant y compañía se dedicarían a la vida campestre y contemplativa y cuando los bosques, el riachuelo o los valles les inspiraran, sólo tendrían que agarrar el vino, los instrumentos y darle al botón. Qué curioso sería que Led Zeppelin III terminara siendo su célebre ‘disco acústico’ simplemente porque en la choza no había electricidad.

El proceso creativo en Gales

Plant, Page, Strider y de nuevo Page, posando en el arroyo.

Page y Plant, según la documentación disponible, escribieron en Bron-Yr-Aur cuatro temas que acabarían en III: ‘Friends’, ‘Gallows Pole’ y ‘That’s The Way’, así como el arreglo acústico de una maqueta eléctrica de 1969 llamada ‘Jennings Farm Blues’ (que acabaría siendo ‘Bron-Yr-Aur Stomp’).El entorno debía ser favorable, pues además de temas para su tercer disco grabaron suficientes ideas como para incluir en tres álbumes a futuro (y uno de ellos doble).

Para ir abriendo boca, incluimos a continuación una cinta de 46 minutos apropiadamente titulada ‘Untitled Guitar Instrumentals’.

Grabada en la cabaña, en ella Page y Plant tantean esas jams e ideas embrionarias que ensayos y arreglos después recalarían en III, en el Houses Of The Holy de 1973 (‘Over The Hills And Far Away’, ‘The Crunge’) o en el Physical Graffiti de 1975 (‘Down By The Seaside’). Además de estos inconfundibles riffs, la cinta alumbra también motivos acústicos que recuerdan a la mencionada ‘Hey Hey What Can I Do’, a ‘Poor Tom’ (que aparecería años después en el póstumo Coda) y algunas originales que no llegarían a editarse, como ‘I Wanna Be Her Man’.

Días después, los ingleses regresarían a Londres para grabar en Olympic Studios las ideas más asentadas y seguir trabajando aquellas que todavía no tenían cara y ojos. A finales de mayo de 1970, la banda al completo cargaría de nuevo la furgoneta y se dirigiría a Headley Grange, otra casa de campo esta vez a hora y media de la City. Allí pulirían esos diamantes en bruto entre más paredes de piedra, camiones-estudio y una acústica que daría mucho que hablar en los años y décadas por venir.

Lo repasaremos en la segunda y última parte de este monográfico (mañana lo publicaremos en la web).

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