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Radiografías y rock’n roll, la piratería musical en la Unión Soviética

musica huesos

La censura en la música, aunque parezca mentira, es una realidad todavía muy palpable en nuestro día a día. Las sentencias de cárcel contra raperos por sus letras copan las portadas más recientes y parece que vayamos cada vez más hacia atrás en lo que a libertad de expresión se refiere.

En la antigua Unión Soviética la relación del poder con la música era aun mucho más dura. Sobretodo en la época más álgida de la Guerra Fría, durante los años 50 y 60. Todo lo que oliese un poco a capitalismo o a occidente era parado de inmediato para evitar que esas influencias llegasen a los jóvenes y adolescentes y el consumismo extremo se apoderara de ellos. Pero claro, como bien dice el refranero popular, «fruta prohibida, la más apetecida», y los jóvenes stilyagi, la versión soviética de los beatnics y hipsters americanos, habían quedado totalmente prendados de los ritmos provenientes de estilos como el jazz, el blues o el rock’n roll.

Como podréis imaginar, en ese contexto no era nada fácil llegar a ese tipo de música. Importar los discos era un deporte totalmente de riesgo que podía culminar en problemas con las autoridades y penas de cárcel de diversos años para los responsables de su entrada a la U.R.S.S.. De hecho, en 1959, el Gobierno creó lo que denominaban “Patrullas Musicales”, encargadas de perseguir a quien introducía y hacía copias de este tipo de música.

Aún así, la sed de música de los jóvenes en la época comunista era insaciable. Tal era su necesidad de material sonoro, que Ruslan Bogoslowski, un joven ingeniero de sonido de Leningrado, con tan solo 19 años ideó una manera relativamente sencilla para piratear los discos y distribuirlos por todo el territorio. Eso supuso una revolución que cambiaría completamente las reglas del juego.

disco radiografía

Bogolowski, cansado de las dificultades que surgían a la hora de encontrar material para el prensado pirata de los discos –después de la Segunda Guerra Mundial la escasez de los derivados del petróleo se extendía por todo Europa y la Unión Soviética–, pensó en utilizar la gran cantidad de radiografías que los hospitales tiraban a la basura por resultar tremendamente inflamables. Debido a las imágenes que contenían, los discos fabricados a partir de estas láminas de acetato recibieron el nombre, en ruso claro, de costillas, música en huesos, huesos a secas, o roentgenizdat, radiografía en argot callejero.

El proceso de copia era muy primitivo y rudimentario. Las radiografías eran recortadas a mano de forma circular con tijeras, y para el agujero central perforaban el plástico con un cigarrillo encendido. Una vez se le había dado la forma deseada, se colocaba el disco en la grabadora – se trataba básicamente de un gramófono trucado con una aguja mucho más larga y pesada–  y a medida que sonaba la canción, se iba generando  el surco en la radiografía. Para cada copia, la canción debía ser reproducida una vez –la grabación era completamente en vivo–, así que imaginad la de veces que escuchaban una misma canción.

Musica Costillas

La calidad de las copias no era la mejor como comprenderéis; de hecho, solo aguantaban entre 5 y 10 reproducciones, pero gracias a la flexibilidad de la radiografía su distribución era muy sencilla. Un solo distribuidor, o camello de la música como me gusta imaginarlos, podía llevar hasta 50 copias encima, 25 escondidas dobladas por los brazos en cada manga del abrigo. Los melómanos pagaban entre un rublo o medio rublo por cada disco, aunque también se podía llegar a acuerdos con el vendedor en los que se intercambiaban por botellas de vodka u otro tipo de productos. Para los discos más buscados el juego cambiaba. El precio incrementaba bastante más,  tanto que incluso se podía llegar a pagar por ellos el sueldo de todo un mes para conseguirlos. Entre los más deseados destacaban nombres como el de Elvis o de los Beatles, por supuesto.

Durante 20 años la única forma de poder escuchar música occidental fue a través de las roentgenizdat, más o menos hasta finales de los 60, coincidiendo con la aparición de las cintas de cassette. Estas permitieron que la copia pirata fuera mucho más rápida y su distribución mucho más eficaz.

Podéis encontrar más información sobre la música en lo huesos en el proyecto X-Ray Audio o en el micro-documental a continuación:

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