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Olvidarás tus fotos, pero jamás esa canción

¿Alguna vez habéis escuchado una canción que es capaz de recrear ante vuestros ojos una situación pasada? ¿Habéis sido capaces de ver a vuestros amigos, a una versión más joven de ti mismo o incluso, llegar a oler los aromas de ese momento? Seguro que sí. La música lleva asociada un poder de evocación que pocas cosas son capaces de igualar. Cuando volví a nuestro país después de vivir un año fuera, me era imposible escuchar “Time To Pretend” de MGMT, sin venirme a la cabeza una ardilla en el parque de Boston, al igual que “Story of my Life” de Social Distortion me recordaba a los paseos en bici de la última tarde que pasé en San Diego, o “Ring of Fire” de Johnny Cash era la canción que tarareaba para ir a surfear. Puedo ver los colores y las caras de la gente al escuchar las primeras notas de cada canción. No tengo fotos de ninguno de esos momentos, pero podría describiroslo con sumo detalle. Robin Pecknold, líder de Fleet Foxes, llevó un paso más allá esta apreciación y dedicó el libreto de su disco de debut a reflexionar sobre el tema. El barbudo cantante hablaba sobre sus memorias de niñez, juguetes, visitas, los veranos en la casa y otros detalles que él creía recordar pese a su corta edad. Años más tarde, descubrió que esos recuerdos que tenía tan vivos no eran sino, fruto de las fotos que tantas veces había visto y que subconsciententemente había adoptado como propias. Robin se sintió engañado, estafado por su propia memoria, que había sido capaz de apropiarse de un soporte externo e interiorizarlo. Sin embargo, se dio cuenta que las canciones que habían estado ligadas a momentos de suma importancia –y a días sin aparente relevancia-, seguían evocando con honestidad dichos momentos.

No había fotos, ni vídeos, ni nada similar que pudiera ayudarle a hacer trampas. Nada más lejos que cuatro acordes y una melodía. Entonces sintió alivio al comprobar que la música era la manera más pura y objetiva de indagar en nuestra memoria y sacar a la luz pedacitos de nuestra vida. Halló consuelo en el hecho de que, más allá de las nuevas tecnologías, de que se hayan capturado o no determinados momentos, siempre quedarán registrados en nuestra cabeza con una particular banda sonora. Así, cada vez que esa canción suene, será como proyectar una película intacta ante nuestros ojos. Me sigue dejando boquiabierta que la música elaborada por otras personas tenga esa capacidad de generar lazos y asociaciones tan fuertes, tanto o más que otros sentidos del ser humano, como el gusto o el olfato.

En un momento en el que la cultura parece ser más un estorbo que una bendición que nos permite ser más libres, felices y objetivos, creo que hay que seguir luchando para que no se pongan trabas a la creación cultural, tan presente en nuestro día a día y tan importante para formarnos como individuos únicos.

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