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Reuniones a traición

El otro día me escribieron para contarme que The Who, uno de mis grupos preferidos, reeditaba “Quadrophenia” –aquel disco que salvó a Eddie Vedder del vacío existencial- y se rumoreaba una posible gira. ¿Cómo reaccionas? ¿Emoción al máximo? ¿Sarcasmo inmediato al considerarlo jugarreta económica? ¿Reticencias? Las reuniones de tus bandas preferidas pueden generar sentimientos dispares. En este caso concreto, tuve la oportunidad de ver a The Who en 2008 en Los Angeles con Pete Townsend y Roger Daltrey como únicos miembros originales. Hubiera matado por ver en directo los largos dedos de John Entwistle o las extravagancias de Keith Moon a la batería, pero ambos forman parte ya de la nostalgia y el imaginario pop. Y entonces surge la duda: ¿mejor ver a The Who en una versión edulcorada que no verles jamás? ¿O conservar las imágenes y la idea de una banda que era capaz de encolerizar a Ed Sullivan y engullir a Jimi Hendrix? Yo lo tengo claro. Aunque cada uno tendrá su propia opinión y más de uno pensará que hay cosas que deben dejarse donde estaban: en un punto álgido y no tener que comparar con cierta tristeza que tiempos pasados siempre fueron mejores.

Yo no soy nadie para criticar las reuniones de esos clásicos –Pixies, Crosby Still Nash, Police, Guns n’ Roses, Eagles-, ni los motivos varios que pueden haberles empujados a hacerlo. Quizá sean económicos, quizá sean por morriña, necesidad espiritual o un detalle para con sus fans más jóvenes que nunca pudimos disfrutar de sus conciertos en la época de esplendor. Sea como fuere, las reuniones, reconciliaciones, -pasan también con grupos actuales como Sexy Sadie, Soundgarden o Sopa de Cabra quienes parecen haberle encontrado el gusto a eso de “un último concierto” elevado a X-, son materia controvertida. Aunque al final, la elección siempre recae en el individuo. En mi caso, escuchar “Baba O’Riley” con lásers verdes o el siempre espeluzante grito de Daltrey en “Won’t Get Fooled Again” compensa el peso de los años y las miradas al pasado traicioneras. Somos hijos de nuestro momento, y si eres fan de grupos ajenos a tu década, corres este riesgo. Aunque como he dicho unas líneas más arriba, yo lo tengo claro: mejor una versión edulcorada de The Who que gastar todos mis minutos de Spotify recreándome en lo que pudo haber sido.

2 comentarios

  • Personalmente no estoy en contra de estas reuniones con tal de que la calidad sea realmente buena y no suene ya viejo y reusado (que es lo que uno se teme en estos casos):

  • No dudo de que la morriña tenga su parte de culpa, pero parafraseando a Quevedo, poderoso caballero es Don Dinero. Me temo que sino fuera por la guita que ganan en los conciertos, por amor al arte desde luego que muy pocos se volverían a unir.

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