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Rockumentaries; voyeurs hasta la médula

Ahora que los días se acortan y me veré obligada pronto a ponerme zapatos, pienso en los motivos que me alegrarán el otoño y sin duda, el Beefeater In-Edit es uno de ellos. Guardo las entradas de esas películas que cada año me entusiasman y después, las busco como loca para hacerme con ellas en dvd. Y es que basta echar una ojeada a las cifras de asistencia del festival barcelonés para comprobar el auge de este tipo de documental en los últimos cinco años. Lo de grabar grandes documentales musicales ya no se reserva solo a la BBC sobre el origen del rock –por cierto, una colección muy recomendable y educativa- o el blues o los sobadísimos pases de Woodstock ’69. Ahora solo se necesita una cámara compacta, una buena idea y tela para cortar: Kings of Leon, Ottis Redding, Jay Reatard, pero también Jaime Urrutia y Raimundo Amador.

Se acabó eso de mirar siempre a fuera. ¿Qué será lo que tendran los rockumentaries que cada vez son más populares? Lo del festival Beefeater In-Edit (¿recordáis que hicimos una selección de los documentales que veremos en ese festival?), es solo un ejemplo. Pero está claro que hay público para estas propuestas. Y sino, que se lo pregunten a los organizadores del Mecal o a los cines Icaria que acogieron el estreno del documental “Pearl Jam Twenty” y que tuvieron que aumentar el número de salas y pases en los que proyectar la cinta. En mi caso debo reconocer que me apasionan los rockumentaries, si bien soy consciente a lo que me enfrento (por ej: como fan aférrima de Pearl Jam que soy, pude ver como en “PJ20” se priorizó sobre los primeros años, pasaron por épocas turbias y dolorosas casi de puntillas y muchos más detalles). Los documentales musicales cuentan historias que a menudo conocemos, pero sumergiéndote en un mar de detalles, personajes, testimonios, imágenes y audio inéditos y todo ello tratado con la seriedad de una producción cinematográfica. ¿Se puede pedir más? Es una manera de saciar tu incansable apetito por ahondar sobre tu grupo preferido o para conocer mejor otras propuestas que sonaban lejanas –por ej: Harry Nilson en el pasado In-Edit o Ian Dury.

Cuando eres fan, hay un punto en ese voyeriusmo aceptado del que no puedes pasar. No tienes “backstage pass”, no eres la groupie con la que se acostarán, ni el amigo, ni el hermano, ni el pipa ni el road manager. Entonces, ¿cómo te enteras de todos esos momentos íntimos? Y ahí reside la gracia del rockumentary; el poder mostrarnos una faceta oculta o a la que no podemos acceder. Las anécdotas, las locuras entre bambalinas, los tours infinitos, los dramas y las historias que hacen que al final, nos demos cuenta que son un atajo de personajes con las mismas frustraciones, miedos, ansias, que respiran igual que nosotros y con un enorme talento.

Suena creepy, lo sé. ¡No era mi intención! El cine siempre ha tenido una parte de función evasiva, fantástica. Y los documentales musicales combinan esa parte mágica de capturar a nuestros ídolos, pero mostrándolos con los pies sobre la tierra –sea cual sea esta. Seguramente todos pensábamos que Jose González (In-Edit ’10) era un tipo peculiar, pero al verle oler sus calcetines antes de salir a tocar ante un auditorio repleto, lo confirmó. Así que, si estáis por Barcelona a finales de octubre, no dudéis en acercaros a ver alguna de las cintas que ofrece el Beefeater In-Edit cada año: títulos diversos que aglutinan casi todos los estilos contemporáneos y con miradas puestas en el pasado y presente de la música. Además, esta semana vuelven a proyectar el documental “Pearl Jam Twenty” en varios cines y seguro que rondan muchos otros documentales, ciclos y festivales de los que todavía no he oído hablar. Así que soy toda –ojos- y oídos.

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