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Vida, muerte y resurrección de At The Drive-In, la banda menos punk del punk

at the drive in historia

El sol cae y me encuentro haciendo cola para entrar en la sala Razzmatazz de Barcelona. En media hora toca un grupo llamado At The Drive-In. El chaval que está delante de mí mira hacia atrás y resopla: «Ya verás tú dentro. La Razz no es tan grande», dice. En efecto, a ambos nos impresiona la cantidad de gente, la mayoría de entre 25 y 35 años, que se ha concentrado para ver a un extinto grupo de post-hardcore criado en El Paso, Texas, reunido quince años después de su ruptura, tras cuatro EPs y tres álbumes. Una banda desaparecida en la cresta de la ola, justo cuando la prensa comenzaba a llamarlos los nuevos Nirvana. Me pregunto si quizá ahí estuvo la causa.

Dos críos de diecisiete y diecinueve años deciden formar una banda al calor de la escena musical de San Diego de principios de los noventa. Escena que comienza a dar a luz a grupos como Drive Like Jehu, Swing Kids y Hot Snakes. Parte de este movimiento post-hardcore da las gracias entonces de su existencia al sello independiente Gravity Records, fundado por un exmiembro del fugaz pero influyente grupo Heroin. Jim Ward (guitarrista principal y cantante ocasional) y Cedric Bixler-Zavala (cantante principal) plantan en 1994 la semilla de At the Drive-In. Con su primer directo en el auditorio del Loretto High School de El Paso, el grupo gana la suficiente fama como para grabar poco después un primer EP (Hell Paso, del sello Western Breed Records, financiado por el propio Ward con los ahorros de la universidad) e iniciar un tour por el estado de Texas.

El Paso ha cambiado mucho desde los noventa. Hoy en día se encuentra entre las grandes ciudades más seguras del país, pero su condición de paso fronterizo entre Estados Unidos y el estado mexicano de Chihuahua no siempre ha ayudado a la consecución de este logro. Como bien es sabido, y como bien sabía Nixon al fundar la DEA en 1973 y calificar la droga como “el enemigo público número uno de América”, la frontera es un punto caliente de actividad para los narcotraficantes. At The Drive-In nunca han sido ajenos a este problema. Desde el título de su primer EP hasta el significado más profundo de canciones como Invalid Litter Dept., una desgarradora llamada de atención a los incontables asesinatos sin resolver de mujeres trabajadoras en Ciudad Juárez, han dejado claro que su corazón bombea sangre tanto estadounidense como mexicana.

No obstante, lo han hecho huyendo de todo signo político, en oposición a otros grupos anarquistas de la época. En una entrevista concedida a Rolling Stone, Cedric puntualizaba: “No se puede decir que At The Drive-In sea un tipo de banda, ya sabes, de izquierdas, pinko o socialista. Seríamos unos completos hipócritas si dijéramos eso, debido a lo que hacemos día a día. Ya sabes, ¡vendemos camisetas, pagáis por los CDs! No dependemos de ninguna agenda política por el mero hecho de que la gente paga dinero por vernos, ¿sabes? Y no hemos puesto un duro de vuelta en ningún tipo de organización ni nada, así que no, no somos una banda política, pero a nivel de letras hay asuntos que pueden parecer políticos, porque venimos de una ciudad fronteriza y eso nos afecta a todos. Así que cuando ves a un crío yendo al colegio y siendo acosado por su color de piel…, no creo que eso sea político, creo que es algo que vemos en nuestras vidas diarias. Realmente nos cabrea”.

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Miro la cola por detrás y por delante de mí y asiento con la cabeza: «Yo tampoco me esperaba tanto público», le digo. Hablamos entonces muy brevemente de The Mars Volta, de cuando actuaron en la Riviera madrileña en 2008. Aquello tenía más sentido, pero ¿esto? Me pregunto si soy yo el que había subestimado la leyenda de ATDI hasta entonces.

Poco después de lanzar su primer EP, se inicia el baile de integrantes en las filas de At The Drive-In. Sus líderes, inquietos, furiosos y llenos de energía, comienzan a mostrar los primeros signos de una inestabilidad que ya siempre acompañará a todos los proyectos que emprendan. El primero en caer es el batería Bernie Rincon, reemplazado por Davy Simmons, con quien graban el segundo EP, ¡Alfaro Vive, Carajo! (1995), que toma prestado el título de un grupo guerrillero terrorista que operó en Ecuador durante los ochenta. La fama de la banda crece poco a poco gracias al boca a boca. En los sótanos y bares desde el estado de Texas hasta Los Ángeles se comienza a hablar de la hiperactividad incontrolable del dúo Ward-Bixler, de la mezcla de implicación emocional y desgana con que afrontan sus directos, de cierto sentido del humor con que Cedric, por aquel entonces un crío bocazas harto de la vida en general, afronta la idea de ser el frontman de un grupo. La gente acude a los conciertos con cámaras de vídeo para registrar los movimientos galvánicos de un chaval influenciado por Jello Biafra, cantante de los Dead Kennedys, de quien roba la idea de expresarse a través de cada articulación de su cuerpo.

Un año después, con un presupuesto de tan solo 600 $, la banda graba su primer álbum: Acrobatic Tenement. Lo publica el sello Flipside, cuyos dueños se encuentran entre los nueve asistentes a un mítico concierto en un desaparecido bar de Los Ángeles. Concierto que confirma a At The Drive-In como nuevo integrante de la escena musical post-hardcore del momento. El álbum entra en producción con tres nuevos miembros: Adam Amparan, quien sustituye al anterior guitarrista; Ryan Sawyer, reemplazando a Simmons tras la batería; y un jovencito puertorriqueño llamado Omar Rodríguez-López, quien entra para hacerse cargo del bajo, tras la marcha de Kenny Hopper.

Omar, amigo desde los trece años de Cedric, regresa a El Paso a petición del cantante, tras embarcarse como autoestopista en un tour alrededor del país sobreviviendo a base de opiáceos. Hijo de un músico de salsa, Omar se interesa por la música a los once años gracias en parte a los Beastie Boys y su álbum debut, Licensed to Ill. A los doce años forma su primera banda con el futuro bajista de At The Drive-In, Pablo J. “Paul” Hinojos-González. Otro amigo común, Julio Venegas, un conocido artista local, pintor y bajista ocasional, a quién Omar y Cedric han descrito en ocasiones como “una persona extrema”, pero también como “un ser bello, calmado e interesante”, se suicida en 1996. La muerte de Venegas sacude por completo a la banda, en especial a Cedric y Omar. Años más tarde, ya bajo el nombre de The Mars Volta, ambos dedicarían todo un álbum a su persona, camuflada tras el seudónimo de Cerpin Taxt. De momento se conforman con dedicarle la tercera canción de Acrobatic Tenement, titulada Ebroglio.

Leyendo la letra de Ebroglio, uno puede entender que sus amigos quisiesen, siete años más tarde, tras un salto cualitativo de madurez musical, reescribir la leyenda de Venegas en forma de álbum-ficción. ¿De qué manera puede expresar un chaval de veintidós años, que apenas está empezando a entender de qué va la vida, el significado de la muerte de un compañero? A pesar de cierto cariz emo, la letra rebosa honestidad, acompañada de cierta rabia por no tener el conocimiento suficiente del mundo para expresar el dolor de la pérdida. La pista arranca con una locución muy explícita que evidencia la falta de simbolismo que las letras de Cedric aún destilan…, pero por muy poco tiempo:

I had a friend who died / for something he really loved / I had a friend who stood / for none of the above / I had a friend whose experience / was riddled with scars / Who got drunk one night / in the trunk of louie p.’s car / I had a friend who’d love to scare you / as was his affections / and tremble you did / ‘cause you weren’t worthy of his friendship / I had a friend, but now / he’s stranded on the Mesa st. exit / And sometimes I’m jealous / ‘cause I’m still at the intersection / I had a friend whose heart was too heavy to hold / Yes there’s blood on the median / like a boat without oars.

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Todo lo que rodea a la muerte de este misterioso artista de El Paso es sorprendente y terrorífico. En un artículo del L.A. Weekly de junio de 2003, Omar y Cedric relatan los sucesos previos al suicidio de Venegas con un nudo en la garganta: “Vivió cada día metiéndose en problemas, así que por todo el cuerpo tenía cicatrices que te hacían saber los lugares en los que había estado. Cuando su madre murió, intentó suicidarse. Se inyectó un chute de morfina, pero no tuvo éxito; entró en coma. Y cuando salió de él, había perdido la facultad de usar el lado derecho de su cuerpo. Tuvo que aprender a caminar de nuevo, y cuando lo logró, comenzó a andar de forma muy extraña. Una vez combinó diferentes productos químicos y se los inyectó, dejándole el brazo arrugado y seco”.

Se avecinan momentos turbulentos para la banda. Sawyer y Amparan son despedidos tras la grabación del disco. Jim abandona la formación que había creado tras un pique con Omar, el primero de muchos desencuentros entre ambos músicos. El puertorriqueño aprovecha el baile de roles para erigirse como guitarra solista y tres nuevos amigos, el libanés Tony Hajjar (batería), el mexicano de nacimiento Paul Hinojos (bajo) y Ben Rodríguez (guitarra principal), cierran el nuevo conjunto. Juntos graban el tercer EP, El Gran Orgo (1997), con el sello Off Time Records.

Sin embargo, la estabilidad del grupo se tuerce a medio tour promocional de El Gran Orgo con la expulsión de Ben, a quien Cedric comienza a acusar de haber incitado a Julio Venegas al suicidio. Años más tarde, Cedric confiesa en una entrevista que Ben sufría serios problemas psicológicos, llamándolo sociópata y acusándolo de haber incitado al joven de 23 años a saltar desde el paso elevado de una autovía hasta el denso tráfico de El Paso, en febrero de 1996. Así las cosas, la banda no tiene más remedio que relajar la tensión entre Omar y Jim para que este regrese, logrando así cerrar un quinteto que se mantendría hasta el fin de ATDI en 2001.

Diferencias musicales aparte, lo cierto es que gracias a este line-up ATDI comienza a encadenar sus mayores logros en una escala progresiva, primero con el triunfal segundo disco In/Casino/Out (1998, Fearless Records), luego con el sólido EP Vaya (1999, Fearless Records) y finalmente con el devastador Relationship of Command (2000, Grand Royal y Fearless Records), que asegura a los cinco una condición sempiterna de banda de culto.

Fuera de lo musical, las desgracias siguen empañando la vida personal del grupo. Tras el suicidio del primer batería, Bernie Rincon, un accidente de coche en 1997 se lleva por delante la vida de Laura Beard y Sarah Reiser. Estas dos jóvenes de diecisiete años habían formado parte del anterior grupo de Cedric, The Fall on Deaf Ears, donde este hacía de batería. Las chicas, bajista y guitarrista respectivamente, a menudo colaboraban con ATDI haciendo los coros de sus canciones, como en Ludvico Drive-In. Uno de los grandes éxitos de In/Casino/Out, Napoleon Solo, está escrito en memoria de las dos músicos de El Paso.

In/Casino/Out no es, pese al poder que ejerce Relation of Command como uno de los discos de rock más influyentes de la década, indudablemente inferior a este. Muchos prefieren su sonido grabado en directo, más crudo y sincero, fiel reflejo de sus shows en vivo. Sus melodías son también más aprehensibles. No huye de las influencias pop-rock que dan forma al estilo musical de Jim Ward, con grupos como U2 o R.E.M. entre sus referentes más citados (unos U2 que venían, recordemos, de grabar The Joshua Tree, Achtung Baby y Zooropa, no los U2 de ahora).

In/Casino/Out define por fin el sonido de ATDI. Sus canciones ya no son proyectos con buenas intenciones, sino temas sólidos que reflejan el eclecticismo musical y la variedad cultural que se dan cita en el seno de la banda. Rock americano combinado con frases en español (“Hasta la victoria siempre” / mañana hay misa para los sordos, suena en A Devil Among the Tailors), palabras inventadas y frases con una sonoridad exótica (Valmara valmara valmara / Flechettes kiss me with the lisp / of your shrapnel caress, canta Cedric en Chanbara. Y más adelante: Tour de force / Tour de force / De facto / Ayuchuco ayuchuco ayuchuco).

Este álbum presenta por primera vez, además, a Jeremy Michael Ward, primo de Jim Ward, técnico de sonido y creador de paisajes sonoros, guitarrista y artista visual. Jeremy aparece acreditado en la outro del tema Lopsided, y desde entonces pasa a ser un inseparable de Omar y Cedric, con quienes formará en 2001 The Mars Volta. Por desgracia, Jeremy es hallado muerto en mayo de 2003 en su apartamento de Los Ángeles, al parecer por una sobredosis de heroína, sumándose a la larga lista de defunciones que han marcado la vida de los dos músicos.

Para cuando el grupo está preparando su último álbum, los cinco de El Paso ya han captado el interés de un peso pesado como Ross Robinson de Grand Royal, productor de Korn, Limp Bizkit y Slipknot. Robinson ruega a ATDI que le dejen trabajar con ellos. Estos desconfían en un principio, temiendo que quiera convertirlos en otro grupo de heavy metal, pero la colaboración acaba dando sus frutos: Cedric aprende a profundizar más en el significado de sus letras y la banda se retrotrae a los momentos de su infancia, a petición de Robinson, de cara a grabar los nuevos temas. A pesar de los buenos momentos vividos por el grupo junto a Robinson, Omar recuerda con frustración el sonido de Relationship of Command. “La mezcla arruinó esa grabación”, confiesa en una entrevista en 2010. “La gente piensa que es una grabación cruda y con energía, pero lo que están escuchando no es nada comparado con lo que era de verdad, antes de pasar por la trituradora que era Andy Wallace […] Es la única grabación en la que he participado que no puedo escuchar a día de hoy. La mezcla la arruinó por completo”.

La cola avanza. Casi nadie se detiene en la sección de merchandising. Uno por uno, todos vamos entrando en la sala grande de la Razz, ya abarrotada. En primer lugar me sitúo al final del todo, buscando una vista centrada del escenario, pero enseguida opto por moverme hasta una de las esquinas, donde se ha quedado un hueco libre perfecto en primera fila. Espero. Observo al público y me pregunto qué será del moshing cuando la música empiece a sonar. Me viene entonces a la mente una de las mayores anécdotas de la carrera de At The Drive-In.

Estamos en enero de 2001. At The Drive-In saborea la fama con un gesto de desencanto, como quien prueba un dulce amargo. El mayor éxito de la banda, One Armed Scissor, se cuela en la MTV. En las entrevistas, niños pijos de Nueva York, Londres y Sídney les empiezan a decir que son la mayor banda de rock de la historia. Ellos, con los mismos vaqueros y playeras que llevaban en El Paso, no entienden lo que está pasando. La gente comienza a ver desde los salones de sus casas las iracundas actuaciones de una banda de tipos a lo afro que de verdad, al margen de imposturas artificiales, parecen enfadados; con el mundo, con el público, entre sí…, con todo.

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A través de late nights conducidos por Jools Holland, Conan O’Brien o David Letterman, el mundo comienza a descubrir la verdadera cara de At The Drive-In, la única al fin y al cabo. Hay heridas abiertas y sangrantes en el corazón de esa banda de jóvenes criados en la frontera entre dos mundos. Si un grupo es una familia, esa sin duda necesita sentarse a hablar. El enfrentamiento más recordado de la banda tiene lugar durante el festival australiano Big Day Out. Pero no tiene lugar entre los integrantes, sino contra el público. Cedric se encara con los chavales que se dedican a bailar mientras saltan y golpean a los demás, eso que en inglés se conoce como moshing. Su discurso es este:

Creo que es un día muy muy triste, cuando la única forma que tenéis de expresaros es mediante el slamdancing. ¿Sois los típicos hombres blancos? A mí me lo parecéis. Mira a ese, aprendiste eso de la televisión. No lo aprendiste de tu mejor amigo. Eres un robot. Eres una oveja. Meeeeeee. Meeeeeee. Meeeeeee. Yo tengo un micro y vosotros no. Sois ovejas. Veis demasiada televisión. Meeeeeee. Meeeeeee.

Y ya está. At The Drive-In abandona el escenario después de tres canciones.

Jessica Anna Michalik, una chavala de solo dieciséis años, muere asfixiada durante un concierto de Limp Bizkit en ese mismo Big Day Out. La muerte ocurre cinco días después de verse atrapada en una pista de pogo.

La banda, “completamente exhausta a nivel mental y físico”, cancela las últimas cinco fechas de su tour europeo. En marzo de 2001, a menos de un mes de echarse de nuevo a la carretera, At The Drive-In anuncia una interrupción indefinida que en poco tiempo se convierte en una ruptura oficial. Mucho han hablado los cinco, tanto en su día como en entrevistas más recientes, sobre el contexto de la separación. Lo cierto es que no tiene nada que ver con la fama alcanzada ni con el vértigo del éxito. Para Cedric y Omar, At The Drive-In se vuelve sencillamente aburrido. La gente piensa que la disolución ocurre de la noche a la mañana, pero es evidente que Omar y Jim siempre han visto la música desde ópticas muy diferentes.

El grupo sobrevive siete años, cuatro desde que se forma el quinteto final, con la estabilidad de un castillo de naipes. La prueba del deseo de explorar nuevos senderos musicales está en que el mismo año de la separación, Omar y Cedric ya están formando The Mars Volta. Para ellos, la senda del rock alternativo es insuficiente, así como el heavy metal (al que han calificado de irrisorio), el hip hop o cualquier movimiento que venga con una etiqueta. Ambos recuerdan en entrevistas cómo tras los conciertos de ATDI, mientras la gente iba a emborracharse y relacionarse con otros rockeros, ellos quedaban para bailar salsa… y experimentar con drogas, todo sea dicho. Por eso, especialmente para Omar, volver a tocar bajo la marca ATDI se hace tan duro, porque es como volver con tu primera novia, porque le recuerda a una época de absoluto nihilismo, de desconexión con la vida y el mundo, porque ya no se identifica con la música que hacía un chaval de veintipocos al que no reconocería si hoy se cruzase con él por la calle.

Aún así, hay algo evidente en la forma en que salen al escenario de la Razz los cinco integrantes de la banda, hoy por fin reunida. No es la misma sensación que la de su anterior reunión, en 2012, cuando realizaron una minigira por Texas y luego dieron el salto a festivales como Coachella, Fuji Rock, Lollapalooza o el FIB. Esta vez parece que realmente quieren estar ahí. Sonríen, se lo pasan bien. Sea lo que sea que ocurrió entre ellos, parece definitivamente solucionado, y eso se transmite al público desde los primeros compases de la ya clásica apertura, Arcarsenal, la pista inicial de Relationship of Command. El momento en que Cedric arroja al público las maracas que utiliza para abrir el tema da luz verde a los otros cuatro: permiso para explotar concedido. Omar se enchufa a la corriente eléctrica y comienza a bailar como solo él sabe, como solo alguien con sangre latina y el espíritu de Celia Cruz dictándole los movimientos desde el más allá puede hacer. Muchos nos temíamos una actitud parecida a la de 2012, cuando una mezcla de tristeza por la reciente muerte de su madre y de incomodidad por estar tocando canciones que ya no le interesaban artísticamente lo mantuvo inmóvil, mustio y apartado en un rincón del escenario. Cedric, por fortuna, solo sale a cantar si su corazón está volcado en la audiencia. Siempre lo ha hecho, y el día que no puede, que su mente no está en su sitio, prefiere cancelar el concierto entero.

El setlist se compone en su mayoría de éxitos de Relationship of Command: de catorce temas, nueve son del último álbum hasta la fecha. La banda solo ha querido hacer retrospectiva hasta 1998, año de In/Casino/Out (con dos temas, Napoleon Solo y Lopsided, menos de lo esperado). Completan el repertorio tres canciones de Vaya: 300 MHz, Metronome Arthritis y Proxima Centauri. Algunos se sentirían decepcionados. Yo estuve en una nube durante los 75 minutos aproximados de espectáculo.

Hay aspectos negativos, desde luego. Primero, el sonido deja que desear en cuanto al volumen del bajo y de la voz, ahogados por la potencia de las dos guitarras. La batería, llevada a la perfección por el siempre entregadísimo a la causa Tony Hajjar, por suerte se mantiene a un buen nivel. Segundo, un hecho del que muchos nos enteramos tras el concierto pero del que empiezo a sospechar a mitad del mismo, cuando me fijo más detenidamente en el guitarra principal (me encuentro en el lado de Omar, quien atrae toda mi atención): Jim Ward no está presente. Al parecer -de esto me entero al salir de la Razz-, cuatro días antes de arrancar la gira, la banda anuncia por redes sociales que Ward ha decidido, sencillamente, no seguir con sus compañeros. Por alguna razón aún sin confirmar, uno de los miembros fundadores de ATDI decide apearse del grupo meses después de anunciar el regreso de los cinco. Esto obliga a la banda a suplir el hueco dejado con Keeley Davis, guitarrista de Sparta, la banda formada por Tony, Paul y Jim tras At The Drive-In.

Por lo demás, el concierto fluye. No se puede gritar más, no se puede vivir más cada uno de los segundos del directo. Decía Jim Ward que el rock no es sobre la perfección, sino sobre el corazón que pones en cada uno de los acordes que tocas. Una de las sorpresas de la noche, Invalid Litter Dept., se reivindica como una de las mejores canciones de RoC y del grupo. Enfilade sacude los cimientos de la Razz. Quarantined nos estremece a todos con su poderoso bajo y su contundente base de timbales. Aparece Catacombs, nadie se lo esperaba, y resulta gracioso oír a 2000 personas corear un estribillo tan chocante como “This gravity is a quadriplegic horse and carriage”. Pero así son las cosas con ATDI: crípticas y viscerales. Napoleon Solo nos da fuerzas para resistir el hostión en la cara de One Armed Scissor, que acaba con Cedric estampando la batería contra el suelo. Los cinco saludan y desaparecen. Vuelan las baquetas. Puedes ver en las caras de la gente cómo se estrujan el cerebro para intentar asimilar lo que acaba de ocurrir en la última hora y cuarto.

En cuanto a mí…, yo qué sé. Tan solo trato de concentrarme para albergar en mi memoria la mayor cantidad posible de momentos vividos. Recuerdo que en mitad de Pattern Against User, Cedric se acerca a donde estoy, subido sobre la escalera auxiliar que da al escenario. Y ahí, sacudiéndose como un animal, canta el estribillo, mientras los que estamos abajo hacemos las típicas chorradas que hacen todos en un momento así: agarrarle de los pantalones, tratar de tocarle, estirar los brazos, creerse especial durante unos segundos. Quizá un vídeo lo explique mejor que yo.

¿Y ahora qué? En teoría, At The Drive-In está solucionado. Los que están ahí de nuevo están porque quieren, de eso no cabe duda. Se ha hablado de grabar nueva música juntos, de seguir divirtiéndose, de resarcir a los fans de la decepción provocada por un puñado de malas decisiones y errores del pasado. Yo solo puedo pensar en lo que haré cuando llegue a casa. Creo que escribiré un artículo sobre una pequeña banda de El Paso llamada At The Drive-In.

Texto | Carlos Martínez

2 comentarios

  • Gracias por el artículo! De los más completos que he leído de la banda. Estuve en el concierto de Barcelona, los vi dos veces en 2012 (Reading y Londres). Una banda impresionante y única que hace sentir una energía insólita, y padres de mi álbum de música preferido de todos los tiempos. Felicidades al autor y un saludo!

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