Clásicos

[Clásicos] Bruce Springsteen – Darkness On The Edge Of Town (1978)

Cuando escribo críticas, aunque me deje llevar por la pasión, intento ser notablemente objetivo. Hoy no. Hoy escribo sobre el que para mí es el mejor disco de la historia de la música. Hoy escribo sobre Darkness On The Edge Of Town, un disco que, 32 años después de haberse publicado y quizá 2.000 escuchas después, consigue todavía hacerme llorar, reir, emocionarme, motivarme y ponerme la piel de gallina. Ruego me disculpéis, porque es posible que el texto resultante exija cierto tiempo para ser leído. Me gustaría mucho que lo hicieseis sólo con calma y si os apetece y, si puede ser, mientras escucháis tremendo disco. Si consiguiera transmitiros con este post sólo un 10% de la intensidad que el elepé provoca en mi, me daría ya por muy satisfecho.

Con motivo del próximo lanzamiento de The Promise: The Story Of Darkness On The Edge Of Town, edición conmeorativa del 30 aniversario de este tremendo elepé y dedicado a todos aquellos que, de vez en cuando, cogen el coche en las noches más oscuras de su existencia y se lanzan al vacío de la carretera mientras en su radio atruena ese disco eterno: con todos ustedes, Darkness On The Edge Of Town, de Bruce Springsteen.

Bruce Springsteen había publicado su anterior trabajo en el 75, Born To Run, y su carrera estaba meteóricamente lanzada hacia el éxito más brutal. Sin embargo, el chorro de alegría que había plasmado en ese álbum se iba a cortar de golpe. Durante tres largos y oscuros años, Bruce Springsteen litigó contra su mánager Mike Appel en un proceso que parecía no tener fin. Mientras las triquiñuelas del negocio le carcomían por dentro, Springsteen empezó a escribir cada noche canciones que hablaban de sueños frustrados, de colisiones frontales con la más cruda realidad. De la casi incatalogable lista de temas que llenaron su libreta, diez terminaron en los surcos de un elepé que sería el máster de su cuarto álbum: Darknesss On The Edge Of Town, cuyo lanzamiento en 1978 supuso un fracaso comercial pero le valió a Springsteen el pase vitalicio a la leyenda del rock and roll y la cultura americana como uno de los tipos más íntegros del negocio. El adolescente que en Born To Run jugaba a ganar y a ser libre había crecido y ahora se enfrentaba a tres elementos clave: el trabajo y la rutina, el amor adulto y las relaciones con sus mayores. Es excepcional la habilidad narrativa de Springsteen, que a lo largo de todos sus discos nos presenta una figura, un individuo, que crece dentro de sus álbumes y se nos presenta cada vez con diferentes necesidades vitales.

En esta ocasión, el joven atrevido que narraba desde cualquier esquina la casi mitológica y pintoresca historia de “Jungleland” -el último corte de Born To Run-, abría Darkness On The Edge Of Town con “Badlands”, maldiciendo la prisión en la que se había convertido su vida una vez se había dado cuenta de que las escaramuzas urbanas de Born To Run habían dado paso a la inmensa rutina adulta y que «el pobre quiere ser rico, el rico quiere ser rey y el rey no se queda satisfecho hasta que lo gobierna todo». Pese a ello, Springsteen nos presenta a lo largo de los diez cortes que componen Darkness On The Edge Of Town, un personaje hundido pero que no renuncia a luchar. El siguiente disparo certero del revólver del jefe es “Adam Raised A Cain”, uno de los temas de rock más duros de su carrera, en la que un Springsteen furioso escupe a gritos la historia de la complicadísima relación con su padre Douglas. «Ahora él [tu padre] camina en estas habitaciones vacías, buscando algo a lo que culpar». Tu has heredado l»os pecados y las llamas. Adán armó las de Caín». El tercer corte es la épica “Something In The Night”, canción que narra el desarraigo y la soledad que puede llegar a sentir el joven que poco a poco se convierte en un adulto. Naces con nada, y es mejor así, porque en el mismo momento en el que tienes algo envían a alguien para que te lo quite. Esta es una canción maravillosa, de tempo lento pero que arde con llama intensa, en la que el piano de Roy Bittan y la batería de Max Weinberg toman una relevancia que ya no van a abandonar en todo el álbum. La siguiente pista es “Candy’s Room”, una canción de temática amorosa pero que poco tiene que ver ya con lo que Springsteen le había cantado a Sandy en The Wild, The Innocent and The E-Street Shuffle. A Candy la frecuenta media ciudad, no tiene nada en común con la dulce y cándida Mary de “Thunder Road”. Y Springsteen no se da cuenta de que él es sólo uno más para ella. Ella tiene vestidos de moda y anillos de oro [que le regalan los demás], ella tiene todo lo que quiere pero ellos no ven que lo que ella realmente quiere soy yo. El quinto corte, “Racing In The Streets”, nos cuenta la historia del trabajador que, harto de su rutina diaria, llega a casa y vuelve a marcharse para tomar parte en carreras ilegales, mientras su chica se consume lentamente en la soledad de la noche. «Se sienta en el porche de casa, pero todos sus sueños están destrozados. Mira hacia el infinito de la noche, con los ojos de alguien que odia por el simple hecho de haber nacido». Después nos llega “The Promised Land”, probablemente la canción más esperanzadora del álbum, que nos invita a seguir soñando pese a todo y a «hacer saltar por los aires los sueños que nos destrozan, hacer saltar por los aires los sueños que nos rompen el corazón, hacer saltar por los aires las mentiras que nos dejan nada más que perdidos y descorazonados porque somos hombres, no chicos, pero seguimos creyendo en la tierra prometida». Tras este chute de adrenalina volvemos al tono oscuro de la primera mitad del álbum para topar de frente con la historia de nuestros padres, que trabajan sin descanso para conseguir algo que ni tan siquiera ellos pueden definir. «La fábrica le quita el oído, la fábrica de la da vida. Es la vida del trabajo, es la vida del trabajo». El tercio final se abre con “Streets Of Fire”, que sigue en la tónica de “Something In The Night” y “Racing In The Streets”. Hablo solamente con extraños, ando con ángeles que no tienen hogar. El penúltimo corte es “Prove It All Night”, una canción de amor desesperada en la que Sprinsteen parece querer volver a ser el chico de Born To Run. «Recoge tu pelo en una larga cola, reúnete conmigo en los campos, detrás del generador. Escuchas sus voces diciendo que no vengas, pero ellos ya han escogido y nunca sabrán como se siente uno al robar, al engañar, al mentir, como se siente uno al vivir y morir». Y finalmente “Darkness On The Edge Of Town”, pista central que recoge en su alma todos y cada uno de los problemas planteados a lo largo de todo el trabajo y que pone un broche de oro a esta auténtica obra maestra. «Ahora he perdido mi dinero y mi mujer, pero esas cosas no parecen importarme demasiado. Esta noche estaré en esa colina, porque no puedo parar, estaré en esa colina con todo lo que tengo. Estaré allí a tiempo y pagaré el precio de todas esas cosas que sólo pueden encontrarse en la oscuridad en los límites de la ciudad».

A nivel de producción, el disco es una auténtica maravilla. Las guitarras, más presentes que en ningún otro momento en la carrera del jefe, se vuelven incendiarias e hirientes. La batería y el bajo se alían sólidamente para aportar una base rítmica que rebota contra nuestro pecho y acentúa todos y cada uno de los gritos desgarrados de la voz del Boss, grabada en varias pistas. El órgano del desaparecido Dan Federici llena los vacíos con su habitual sutileza y el piano de Roy Bittan eleva Darkness On The Edge Of Town de la categoría rock a la mismísima música clásica.

Las sesiones de grabación fueron extenuantes, muy duras para todos y en especial para Springsteen, que tuvo que deshacerse de muchísimo material de incalculable valor del que vamos teniendo conocimiento con cuenta gotas y del que podremos disfrutar, en parte, en la nueva “caja Darkness”. No es fácil grabar el mejor disco de todos los tiempos.

Este álbum cambió mi vida. Gracias Boss por las noches en la carretera, gracias por el dolor y la esperanza. Gracias por hacernos creer en la música como un bote salvavidas al que agarrarnos cuando todo parece malo. Y gracias, muchas gracias, a vosotros por haber llegado hasta el final no de esta crítica, sino de este relato vital. De todo corazón.

4 comentarios

  • Amén. Sólo puedo decir que suscribo lo que aquí cuentas como propio.
    Quizá ese es otro de los valores añadidos de este disco: la capacidad para conectar a gente de diferente lugar, edad, condición, origen, historia… y que para todos y cada uno de nosotros sea nuestro tesoro, nuestro espejo, nuestro relato y nuestro salvavidas.

  • grácias por tan grandes lineas sobre el que también es uno de mis discos de cabecera….

    después de leer tu homenaje al ‘darkness’ es inevitable tener mono de ponerselo ahora mismo….desde la subjetividad, claro.

    salud

  • Totalmente de acuerdo, leo esta reseña mientras escucho la cara A del disco que para mi es sin duda el mejor del Boss , no creo que haya otro Springsteen en ninguno de sus otros trabajos tan crudo, tan verdad, tan, por que no decirlo, rabioso y eso hace de Darkness un disco único que hiere los sentidos y te desgarra, sólo hubiera faltado Point Blank, que siempre pensé que era una canción para Darkness, para ser una obra maestra del rock.

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