Críticas

Angel Olsen – Whole New Mess | Crítica

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Tanto en el final de nuestra entrevista como en algunos momentos de su conversación con Pitchfork, Angel Olsen parece irresistiblemente arrastrada a hablar de cómo el capitalismo se apropia de rasgos humanos para convertirlos en estereotipos de consumo. El ascenso hacia la fama de la estadounidense que algunos hemos vivido como un “florecimiento técnico” de sus capacidades ya insinuadas en sus dos primeros trabajos, ha resultado -evidentemente- para ella un proceso extraordinariamente alienante. Y no es para menos, la introvertida “sadgirl” de “Half Way Home” aparecía en las sesiones de promoción de su último trabajo (“All Mirrors”) vestida de novia, siendo captada por un dron entre los montes, llorando y enlutada como si fuese la próxima “Indie Queen” de la ronda de festivales europea que ya nunca se celebrará… Parece que para responder a mayor visibilidad en la música alternativa hace falta también vincularse a clichés del mundo musical más caricaturescos y recalcitrados, o así lo entienden los sellos discográficos (si no que se lo digan al Alex Turner de “AM”).

“Whole New Mess”, el nuevo disco de Olsen, llega entonces como un intento de respuesta a tal afirmación. Lo que podría ser un rarities sacado en el 25 aniversario de la publicación de “All Mirrors” se transfigura en un apéndice, una dislocación temporal de su predecesor; que es en realidad un trabajo ulterior. (“All Mirrors” fue construido sobre las demos de “Whole New Mess”). Menudo lío, ¿eh? Eso mismo cabe afirmar cuando se escucha este disco. ¿Cuánto merecía la pena dar un lanzamiento tan separado y singularizado a este álbum? Aunque Olsen afirma que las canciones del disco son en su opinión “completamente diferentes”, lo cierto es que es seguramente imposible escuchar “Whole New Mess” sin sentir el espectro de “All Mirrors” all over the place. Es como si Angel Olsen, en un movimiento harto manido, se abrazara desesperadamente a su pasado, renegando de la consistencia de su estilo actual. Esto ya lo comentábamos con respecto a su anterior trabajo: Olsen es una maestra en lo que se refiere a dar a las emociones un sonido preciso, que abraza toda la carga afectiva de las mismas: si hay algo que haga bueno su recorrido tras “Burn Your Fire For No Witness” es la ergonomía con la que cada nuevo instrumento y sonidos que por fin se alejan del DIY se adapta a su propia voz como artista.

Es fácil localizar una la paradoja de “Whole New Mess”: Olsen responde a una urgencia simbólica (sobre lo innecesario las sesiones de fotos, los videoclips, las entrevistas) con una queja que se transmite por esos mismos medios: vuelve a haber entrevistas, vuelve a haber videoclips, vuelve a haber sesiones de fotos. A pesar de ello la inquietud de Angel Olsen no parece marcada por el oportunismo. Las canciones de su nuevo disco responden a su característica, ruda y en ocasiones siniestra expresividad cargada de solipsismo. Una rabia marcada por la impotencia, por el sarcasmo y sobre todo por la falta de medios: es una ira individualizada y cruda, como lo era en sus primeros trabajos. Ese es el gran acierto de “Whole New Mess”, al devolverse una voz más minimalista, Angel Olsen encuentra mismidad y no la ipseidad que produce “convertirse en un objeto de consumo”, o ver lo que la gente hace de la imagen de uno mismo, de sus palabras y sus gestos; de cada estúpida foto concertada, de cada autógrafo y entrevista cansina con interferencias y dudosa pronunciación.

En este sentido compramos la propuesta de Olsen. “Whole New Mess” es el fantasma, casi hauntológico de un disco que nunca pudo ser de tal forma porque no tuvo un presente en el que su autora ya no estuviera en una buena discográfica. Pero otra de las características que nos resulta más admirable de la música de Angel Olsen es su capacidad para el cambio y la evolución, y ella no está nada presente en este álbum. Tal vez sea mucho más fácil entrar en una negativa compulsión de repetición como la que indica la expresión «whole new mess» (el desastre no tiene nada de nuevo) cuando se intenta recuperar un pasado que ya no es. O tal vez esa extracción es interesante cuando se reinterpreta, como en el caso de ‘Summer Song’ y sus sobrecogedoras distorsiones finales. Lo cierto es que en este disco a Angel Olsen se le nota especialmente alienada y no solamente por la propia temática de las canciones a las que pone voz, sino alienada con la propia actividad de la composición, con sus sentimientos y con la industria musical. Eso explica que la última canción sea en este caso ‘What it is’, ya que expone con inquietantes versos esa distancia entre la experiencia misma (del amor, de la verdad) y la conciencia de quien observa esa experiencia, pero es incapaz de vivirla sin una reflexión que le separa de ella:

«It’s easy when you’re passionate
It’s easy when you know your way around
It’s  easy when you love something
It’s easy if you know exactly how

It’s easy if you tell the truth
But knowing what it is, it’s not enough
Knowing that you love someone
Doesn’t mean you ever were in love»

En estas estrofas Olsen sí demuestra poder reunir y ordenar todas las piezas de su música con un talento excepcional. Ese es el que esperamos que entregue pronto, sin necesidad de aspavientos en vídeo, ni disfraces casposos sugeridos por una producción (la de los grandes sellos) viciada hasta el hartazgo.

Streaming de «Whole New Mess» de Angel Olsen, aquí.

Nota del disco: 6,7

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