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Arca – KiCk i | Crítica

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Alejandra Gershi (Arca) es una de las figuras musicales más relevantes de la década pasada. En apenas un par de años pasó de no haber lanzado un solo trabajo en solitario a producir a Kanye West, a una aún debutante FKA Twigs, a Björk… Hay en su producción un sentir profundamente angustioso y represivo que ha ido abriéndose como una fruta tropical durante sus últimos trabajos y que de algún modo sirvió para representar formalmente el sentir de aquellos artistas y de un momento cultural altamente siniestro. Por fin tenemos con nosotros su primer trabajo en tres años, el sucesor del celebrado “Arca”, un homónimo de baladas en el que la -entonces sí- cantante venezolana empezaba a mostrarse física e “interiormente”. “KiCk i” es el cuarto LP de Arca y llega en XL; un sello que de algún modo parece especialmente adecuado para este tipo de lanzamiento.

Hay muchos puntos de vista desde los que abordar este disco, por lo que intentaremos tenerlos todos en cuenta. El primero de todos es el que defiende “KiCk i” como la definitiva liberación del verdadero carácter o la personalidad de Gershi. Teniendo en cuenta la pertinaz insistencia en la fluidez de la cantante, nos resulta un poco lastimero de abordar. Es cierto que en su nuevo disco Arca por fin cede espacio a prácticamente todas las propuestas que ha ido ofreciendo a lo largo de su carrera. Están la rudeza experimental de su debut, su inquietante punto de vista con respecto del reguetón; las baladas amorosas que no abandonan el sentimiento de abismal ambigüedad que transmite su música…

Y por eso “KiCk i” tiene un poco el aspecto de un sumario de estilos como podría ser el “The Life of Pablo” de Kanye West. Es un disco en el que Arca nos va enseñando, como en un álbum de fotos, sus “momentos destacados de la década de los 10s”. Y merece la pena compararlo con el álbum de West precisamente porque se permite el lujo de incluir a alguno de sus acompañantes o “hijos” en el trayecto (Björk no puede ser por razones obvias hija de Arca, pero su sonido bebe a manos llenas del de la productora venezolana en sus últimos trabajos; cosa que le ha otorgado a la islandesa una segunda vida tras los resbalones de “Volta” o “Medulla”; que han envejecido extraordinariamente mal).

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Portada de «KiCk i» de Arca

Bajo esa perspectiva “KiCk i” es un disco celebratorio, el triunfo y la liberación de las multitudes contenidas en Gershi y de una serie de estilos que cada vez salpican más cerca del pop. Pero esa pretensión de la conquista de un espacio de exposición a la altura del mainstream es relativamente errónea. Artistas con la visibilidad de Madonna o West ya han utilizado recursos de Arca o SOPHIE. Parece que de lo que quieren apropiarse estas artistas es más bien del “entusiasmo del pop” por así llamarlo. Y decimos nosotros, ¿Para qué? Precisamente en la música de SOPHIE, Arca o Dinamarca está contenida la indeterminación moral y la tensión propias de la experiencia placentera. Precisamente en la música de Arca hay una grave e insondable expresión del sufrimiento y el dolor que es la que hace que su música resultase tan turbadora, pero al mismo tiempo tan universal.

Lo que queremos hacer ver es que en la misma apropiación que Arca hace en “KiCk i” de la experiencia de goce que se desprende de la música popular, se pierde por el camino parte de su afligida y espeluznante expresividad. Varias de las canciones de “KiCk i” suenan a algunas que podrían haber producido otros artistas, como el propio Dinamarca, Cardopusher (que produce ‘KLK’), SOPHIE (que también se apropia de su propia canción) o incluso Amnesia Scanner con su “deconstructed club”. Una vez más la paradoja está servida: en un intento de Arca por sonar más a Arca que nunca, suena menos a Arca que nunca; pues no sólo pierde parte de su expresividad, sino que anula su característica experimentación.

¿En qué cortes sucede esto? Para empezar en las colaboraciones. “KiCk i” recuerda a aquel momento de 2016 en el que artistas como Frank Ocean o Beyoncé permitieron que otros artistas grabasen canciones completas de sus discos. Pero lo hace negativamente, pues en el disco de Arca esos artistas no aportan ideas nuevas o que terminen de cerrar el disco, sino que repiten precisamente (SOPHIE, Björk, Rosalía) elementos que Gershi nos había mostrado antes. El caso de Rosalía es especialmente sintomático: a quien haya acudido a algún directo de Arca en los últimos tres años el sonido de ‘KLK’ no le resultará en absoluto sorprendente. En estos directos Gershi se dedicaba a mezclar pregrabados con canciones de perreo, también con una fragmentariedad importante. Y es que aceptar en la época del streaming el fenómeno fragmentario que acompaña a la música es del todo necesario; pero en esta canción parece que las dos artistas han ido improvisando sin demasiado interés sobre todas las variables que Cardopusher les propuso.

Aunque la fluidez debería ser abrazada (interior y exterior, nada permanece, momento heraclíteo), creemos que de vez en cuando la incongruencia ha de ser sancionable. Arca expresa la amplitud de su sentir en “KiCk i” y lo hace de forma desordenada y laberíntica, lo cual no es un problema, pues hay álbumes laberínticos que son maravillosos. El problema aparece cuando su cuarto disco utiliza su misma naturaleza quimérica para evitar dar cuenta de sus propias limitaciones. Para cualquiera que haya seguido meridianamente a Arca, en este trabajo no hay ni una sola idea sorprendente. Es sin embargo un disco que incluye alguna de las referencias más emotivas e intensas de toda su carrera. Nosotros las encontramos en ‘Calor’, ‘Mequetrefe’, ‘Machote’ y sobre todo en ‘No Queda Nada’. Son curiosamente los cortes que recuerdan más a la tierna y torturada sensualidad de su disco homónimo.

Arca se está convirtiendo, efectivamente, en una reina del pop, pero no lo está haciendo por ir adelantada a su tiempo (a estas alturas ni remotamente), o por extender ideas queer; sino por dar píldoras de una expresión emocional inconmensurable, como lo son las cuatro mencionadas. El Arca tierno nos deja en ‘No queda nada’ una de las baladas del año, que nos recuerdan a la solemnidad de unos Cocteau Twins pero a la sutileza de canciones de su debut como ‘Sad Bitch’. Pero en su faceta de diletante parece renunciar a su ego para luego abrazarlo inmediatamente en canciones que no responden a su “múltiple individualidad”, sino en ocasiones a un turbador narcisismo hijo de su tiempo. Dice al principio de esa última canción: “no queda nada, sino yo en ti”, y ese es el tipo de desprendimiento en el que destaca; en su desaparición como artista en la expresión de una idea más fundamental, como lo es la del amor; que es de lo que realmente intenta hablar la música de Arca.

Resumen de la crítica:

Nota:6.5

Pros

  • Las baladas, de nuevo
  • Algunos momentos de “sonidos desconcertantes” que no son pistolas y disparos

Contras

  • A veces parece que ya no “hay un abismo dentro” de Gershi, como decía en ‘Desafío’

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