Críticas

[Crítica] Black Rebel Motorcycle Club – Specter At The Feast (2013)

Tres años han tenido Black Rebel Motorcycle Club para sorprendernos desde su más que pasable ‘Beat the Devil’s Tattoo’, pero no lo han conseguido. Con ‘Specter at the feast‘ traen canciones nuevas pero poco novedoso en su propuesta. Un disco lineal que navega a ritmo de crucero, muy lejos del espíritu frenético que un día los caracterizó.

Se trata del séptimo trabajo de estudio de los californianos y, tanto el público como la crítica, no han tenido reparos en atizar unos cuantos latigazos a este nuevo album. Y muchos tienen gran parte de razón porque las expectativas eran mucho mayores. Ahora habrá que ver si estas heridas cicatrizan en un grupo que un día llamó a las puertas de la gloria pero que nunca se decidió a entrar.

Tal vez, lo más reseñable de esta nueva aventura es que ha sido grabado en el estudio que el gran Dave Grohl tiene en Los Ángeles. Tal vez por eso decepcione más el resultado. Porque si ni siquiera un maestro de la industria como el líder de Foo Fighters es capaz de sacar lo mejor de ellos, es casi de sentido común que nadie más lo logrará.

No es el final de la banda, ni mucho menos. Pero cuando su primer adelanto para este trabajo no es ni siquiera un tema suyo (‘Let The Day Begin’, de The Call), la cosa pinta mal. Y es que han perdido mucho del rock que les hizo grandes. Y, sin embargo, en algunos temas salvan la papeleta. Es el caso de ‘Returning‘ y ‘Lullaby’, que nos muestran el lado más sosegado de la banda.

Pero después entramos en terreno fangoso con ‘Hate the Taste’ y ‘Rival’, dos canciones que apenas me dicen nada. Sensación esta que se repite, aunque en menor medida, en ‘Teenage Disease’, donde BRMC parecen despertar de su ’empanamiento’ mostrando el rock que algún día llevaron dentro. Y sin con ella nos habíamos despertado, el sueño vuelve a aparecer para el resto del disco con temas insípidos que parecen querer alargar una agonía que no hay por qué aguantar.

En definitiva, un disco que nos sabe a poco y del que no podemos extraer ningún tema redondo que pueda servir de excusa para poder comprar el disco. Se escuchan algunas cosas que recuerdan a Kasabian o The Jesus and Mary Chain, pero, para una banda que cuenta con más de 13 años de experiencia hay que exigirle más. Mucho más.

Enrique Bernaola

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