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C. Tangana – El Madrileño | Crítica

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«Me pregunta la prensa: Puchito, ¿Cuál es la maña? Sin cantar ni afinar, pa que me escuche toda España»

De la súper exposición que ha acompañado a Antón Álvarez desde “10/15” se han dado muchas explicaciones. Por ejemplo, que su emotividad resultaba extraordinaria e irresistible, o que miles de jóvenes nos formamos como adolescentes escuchando su música y recibimos emocionados la noticia de su regreso. Cuando fichó por Sony, lanzó ‘Mala Mujer’, o fue bastante bien recibido a pesar de debutar en el magnánimo sello con el insulso “Ídolo”, La única explicación que parecía medianamente convincente era la siguiente: “El filósofo del rap se ha vuelto un publicista que te cagas y ahora a través del marketing salvaje está convirtiéndose en el paradigma del aceleracionismo económico y el pop art a lo castizo”. Olé.

Las letras de C. Tangana siempre han girado en torno a cuatro temas básicos que podríamos denominar “La doble PP” (jeje): por un lado, está “Pasta y Pibas” y por el otro “Perico y Popularidad”. Fue en aquel mixtape esquizofrénico llamado “Avida Dollars” donde estas cuatro patas de la mesa del neurótico hiphopero medio empezaron a tambalearse: calambres musculares tras una noche de empalme. El resultado ha sido una deriva de dos o tres años en los que Antón Álvarez se ha dedicado a jugar y coquetear con la música popular de distintos países hispanohablantes; no sin algún que otro guiño a la ya pestilente música urbana.

Álvarez menciona permanentemente en las entrevistas que ante la falta de técnica (si le pilla un griego le echa de la Polis) ha tenido que tirar de intuición; que ese es su talento oculto o su mañana. Sin embargo, esa intuición, no puede dejar de sonarnos a algo un poco más mezquino: intuición para los negocios. Lo que ha caracterizado hasta la actualidad el recorrido de C. Tangana es la intuición que ha tenido para saber a qué ola subirse, por ahí sí que podemos ir limando asperezas. Así, este filósofo surfero, la versión de playa y sombrilla de Heráclito, ha visto el paraguas “música urbana” empezar a hacer aguas y como buen aceleracionista, ha echado gasolina; para que la máquina-música popular corra más o estalle en llamas. El resultado lo tienen ante ustedes desde el viernes, se trata de “El Madrileño”, un disco con bastantes defectos, pero que en buena medida logra su objetivo: saltar fuera del Sprawl de la prensa musical y las playlist temáticas. ¿Hacia dónde? Eso ya lo veremos.

 La pregunta que urge ahora responder es otra: ¿Quién o qué es “El Madrileño”? El madrileño es una entelequia, un hombre de paja, un símbolo: no es nadie. Es la efigie de la portada (Álvarez Goyesco y su bigotito) en torno a la cual convergen los principales géneros musicales de habla hispana. ¿Y por qué decimos que no es nadie? Porque C. Tangana (si el tío nos deja llamarle así) desaparece en “El Madrileño” en un tumulto de colaboraciones, en una crisis de identidad característica de un joven cosmopolita, que pertenece a todas las culturas que coexisten simultáneamente en su ciudad, pero al mismo tiempo a ninguna. “El Madrileño” funciona y subsiste entre el vector de “Casete Mix de rumbita de gasolinera” y el “Los discos que papá y mamá ponen en el coche mientras vamos a pasar diez días torrándonos en La Malvarrosa”. En él, con resultados irregulares, Puchito consigue otra maña: desaparecer en el clamor general, siendo afín a las sensibilidades de toda una generación de niños en los 90, subida al coche de camino al mediterráneo; y al mismo tiempo sensibilizado al fenómeno migratorio, nómada, apátrida y desengañado de esos jóvenes adultos.

Pero no sólo eso, “El Madrileño” es también un hombre de paja, que representa a todas las hordas de migrantes de los pueblos españoles, que desembocaron como mano de obra en la ciudad de Madrid. Este es seguramente el punto clave del álbum: Pucho es la gastronomía Madrileña (encantado de leer esto ahora que se ha vuelto un cocinitas en el confinamiento) y como señala la Wikipedia: «Una de las características de la gastronomía madrileña es su capacidad de adaptar platos provenientes de otras zonas geográficas de España. Algunos de los platos y costumbres culinarias más tradicionales tienen su origen en la emigración de poblaciones procedentes de diversas partes de España, que tuvo su existencia a comienzos de siglo XX.»

Así, “El Madrileño” lo mismo te sirve un cocidito y un tinto seco, que carne mechada y caipiriña. Y ese es justo su mayor problema: como una vez nos dijo el cantante de Iceage: «Puchito, las limitaciones pueden ser un regalo». La canción que abre el disco (y casi la única “en solitario” de todo el trabajo) parece hablar veladamente de ello: ‘Demasiadas Mujeres’ provocan a Pucho una crisis de identidad, que; si primeramente le hace mezclar con extraordinaria originalidad techno y pasodoble, en seguida deriva en un viaje excesivamente reminiscente del pasado, demasiado abierto e indolente, en el que los pocos momentos “experimentales” no son más que un ornamento; un barniz moderno con el que tapar el aliento de Andrés Calamaro.

Si de algo han servido estos veinticinco o treinta años que han pasado desde que escuchásemos esa música, es precisamente para que se transparente lo tendenciosa, repetitiva y falta de originalidad que era en muchos aspectos. Salvo en el ámbito de la electrónica, hubo muy pocos avances en la música pop de la década de los 90 y recuperar ese sonido sin plantear una distancia irónica sobre él parece algo forzado. O bien Pucho no está siendo tan vanguardista, o se está riendo en la cara de algunos de sus colaboradores; dado que ni los saca especialmente de su registro, ni tampoco los actualiza.

Es en los momentos de arrojo en los que El Madrileño parece brillar. ‘Demasiadas Mujeres’, ‘Comerte Entera’ o ‘Nunca Estoy’ (que no pinta demasiado en el álbum) son de las pocas canciones en las que El Madrileño parece interesado en aportar algo al álbum además de su admiración por los artistas con los que trabaja. Y es que precisamente en esos momentos en los que brilla, hace converger de forma mucho más coherente y visionaria, mucho menos revisionista y medrosa, los sonidos que nos sofocan, poseen e interesan en Madrid (ponga aquí el nombre cualquier capital del mundo).

Con cierto oportunismo “El Madrileño” detecta que actualmente el spanish es la primera lengua del pop, pero no reflexiona ni saca especial provecho de ello; sino que se limita a presentar un popurrí, un collage de grandes –y viejos- nombres que en muchos casos no parecen tener gran cosa que decir por sí mismos sobre la realidad actual. Así El Madrileño, Pucho o Antón da un primer paso: sustituye la “P” de “Popularidad” por la “P” de “Prestigio”. El prestigio se lo aporta hacer un proyecto ambicioso, sin demasiados prejuicios y con cierto atrevimiento. Si queremos que cosas como la “música urbana” terminen o por lo menos avancen, tenemos que permitir y propiciar que los músicos se arriesguen y se equivoquen. “El Madrileño” efectivamente es un disco con bastantes cosas a mejorar; pero ojalá hubiesen muchos más álbumes que reprodujesen su ethos y su élan vital.

Resumen de la crítica:

Nota:7

Pros

  • Los Singles previos al disco
  • Hasta las rumbas tienen su gracia, aunque carezcan de originalidad

Contras

  • «Tengo un cohete en el pantalón», ni como homenaje a Enanitos Verdes

3 comentarios

  • Me encantó esta crítica, sin duda la más inteligente que he leído y que hila perfectamente en donde está lo fabuloso de este C Tangana: en el marketing.

  • Crítica sobre c.tangana aceptable.
    Crítica sobre música general y opinión sobre tipologia , artistas o épocas que colaboran equivocada, ya que una cosa es opinión y otra es dar por sentado lo bueno ,lo malo, sonido nuevo sonido bueno?, falta de originalidad, quizás te falta CALIDAD, sea de antes o de ahora te gusta lo que enamora.

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