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Car Seat Headrest – Teens of Denial [Recomendación]

Carlos López era un tío fuerte. También un pésimo jugador de balonmano y una rata de biblioteca. Egoísta. No compartía nada. Pero ante todo, «Lampi» (bautizado así por el curso) era un luchador que no le perdía la cara a nada. Estaba perdido, pero su coraza era impenetrable. Dura como el acero. Y hay que reconocer que gracias a ella ganó la batalla de la adolescencia, tan puta ella. Podría rescatar mil y una anécdotas de esa época y todas parecerían igual de absurdas. Con 16 años todo eran direcciones en vano, pero el caso es que «Lampi» tenía un escudo como el de Billy, el power ranger más freak del equipo. Porque la perseverancia apremia. Y más vivo ejemplo que el del señor López, actual ingeniero de telecomunicaciones, está el de Will Toledo, cerebro de Car Seat Headrest. Resumible en «a la edad de 23 años ya atesora siete álbumes«. Pero parece que la de verdad ha llegado ahora con «Teens of Denial» (Matador, 2016), propulsada desde esos años donde vagaba sin rumbo. Ahora, Will Toledo lo afronta solo y sale beneficiado, enriquecido. «Feliz«.

Lo cierto es que el de Virginia ya llevaba algunos años enderezado. La prueba más reciente, su hermano mayor «Teens of Style» (2013). Tras fichar por Matador la cosa ha cambiado. Y al menos, a nivel de propuesta, Toledo ha encontrado su camino y lo ha tomado sin titubear. El trayecto de este nuevo disco se prolonga hasta los 70 minutos y el puntazo es que no se hace denso, pues en él hierven como la sangre adolescente. El suyo es rock sin concesiones al más puro estilo Japandroids y con fijación en los noventa, sobre todo con Malkmus y su Pavement. Incluso en canciones concretas el estadounidense recuerda mucho a las formas de Mark Oliver Everett (Eels), como por ejemplo en ‘(Joe Gets Kicked Out of School For Using) Drugs With Friends (But Say’s That Isn’t a Problem)‘. Ya puestos, aprovecharemos tal parrafón para explicar que el título surgió de una discusión de Will con sus colegas recordando sus vivencias en la universidad de Williamsburg, ciudad donde él vivía  y donde, de hecho, escribió este último disco. Sin embargo, si algo diferencia este álbum del anterior, más allá de su actualizada propuesta, es su producción. Ahí destacamos a Steve Fisk (Soundgarden, Low), su mano derecha en esta andadura por Seattle.

Con banda de soporte, Toledo se marchó al extremo del país para gestar un álbum que, como decía, se nutre de lo mundano y de los dilemas existenciales de la edad. De ralladas sobre el futuro más cercano (aquél que ignoras con 16 años) o de algo tan simple como un paseo en bici para ir a la escuela. Esas ideas ya asomaban dos años atrás, pero esta vez el de Virginia las encara de tú a tú. El primer bloque del disco da buena cuenta de ello: guitarras pesadas, desarrollos largos que requieren paciencia (‘Vincent‘ tiene un punto Cloud Nothings) y ritmos que cambian de la noche a la mañana. Y es que no hay tiempo que perder. Más claro que su incesante actividad no hay nada.

Otro buen ejemplo es ‘Destroyed By Hippie Powers‘, que remite a la época estudiantil en que Will tocaba en antros junto a su antigua banda: «Me estoy volviendo loco en una casa que no es la mía, mi objetivo no es claro, no debería haber tomado esta última cerveza«.  O, sin ir más lejos, la ditirámbica ‘Fill in the Blank‘, monumental para abrir el disco y que solo puedo fundir en elogios, plantea un sonido mucho más adulto. Aunque para pistas de órdago, los once minutos de ‘The Ballad of Costa Concordia‘ (en referencia al barco crucero hundido en 2012) donde pasa de todo y más. Primero la pausa, luego la confesión recitada al estilo Ought (estructuralmente, recuerda mucho a ellos) y finalmente la declaración triunfal en forma de rendición. Hermosa paradoja, aunque aquí no todo son fracasos.

Cuando la inquietud se vuelve insoportable pueden ocurrir cosas magníficas, como que un día te pares a pensar en el pedazo trabajo que has confeccionado con cada retazo de tu pasado: amores fallidos, partidos perdidos, horas muertas en clase, conciertos clandestinos hasta las tantas… Sobre todo si es para demostrarte una vez más que eres capaz de cualquier cosa. Apunten un triunfo en su casilla.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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