Críticas

[Crítica] Charlotte Gainsbourg – IRM (2010)

Poco podía imaginarse la cantante y actriz Charlotte Gainsbourg (tal vez la recuerden de películas como «I’m Not There» o «Antichrist»), que el tratamiento y la operación quirúrgica a la que tuvo que someterse hace dos años para tratar hemorragia cerebral causada por un accidente practicando esquí acuático iba a servirle como fuente de inspiración para el que, por el momento, es el mejor álbum de su carrera (y, sin duda, uno de los discos a tener en cuenta de este primer trimestre de 2010).

Hija del cantautor, actor y director de cine Serge Gainsbourg, Charlotte lanzó en 1986, con sólo 15 años, su disco debut, ‘Charlotte for Ever‘, con la innegable ayuda de su padre, quien escribió casi todas las canciones del álbum. Tuvieron que pasar 20 años para que, en 2006, volviera al mundo musical con ‘5:55′, un disco para el que contó con la colaboración de artistas como Air (quienes compusieron casi todos los temas), Jarvis Cocker (que se encargó de las letras), Neil Hanon o el productor de Radiohead, Nigel Godrich.

Para este nuevo trabajo, Gainsbourg se ha aliado con Beck, el niño-prodigio del rock alternativo, quien sin duda se erige como el alma-mater de este proyecto y logra toda una genialidad al combinar de forma tan preciosista los diversos y variados géneros musicales que se agrupan en este disco. No cabe entender ‘IRM’ si no es con la mano de obra del californiano. Gainsbourg pone la idea, el sentimiento y la voz, pero Beck se encarga de todo lo demás.

‘IRM’ (siglas de Imagen por Resonancia Magnética, en francés), supone un salto abismal en la carrera musical de Gainsbourg. Cabe señalar, que aunque casi todas las canciones han sido coescritas conjuntamente con Beck, las ideas, reflexiones e imágenes que en ellas se presentan pertenecen, en su gran mayoría, a la dramática experiencia que sufrió Gainsbourg. Así pues, los trece temas que componen el álbum están repletos de simbología referente a la proximidad de la muerte, la soledad y el olvido. Sin embargo, ‘IRM’ no es un álbum que pretenda transmitir un mensaje pesadumbroso o fúnebre, sino todo lo contrario, ya que se exaltan la tendencia de su autora de ver y juzgar las cosas considerando su aspecto más favorable.

Encontramos en el álbum temas de todas las formas y colores: desde baladas folk («Me and Jane Done»), rock («Trick Pony» o «Vanities») o blues («Dandelion»), hasta ciertas aproximaciones a la chanson francesa con «Le Chat du Café Des Artistes«,  un tema originario del canadiense Jean-Pierre Ferland que nos habla en tono casi humorístico del miedo a la muerte, el olvido y el suicidio artístico para vencer el temor a la falta de inmortalidad de sus obras. Gainsbourg también tiene tiempo para alzarse como una de las grandes vocalistas del momento en temas pop como «Time for Assassins», «Heaven Can Wait» (el primer sencillo del disco) o «La Collectionneuse». En «Voyage», incluso se atreve con los exóticos ritmos africanos para crear toda una serie de imágenes de puro travelling.

Sin embargo, la canción que, personalmente, más me impresionó, fue la que le da nombre al disco, «IRM«. Altamente inspirado en la técnica médica a la que Gainsbourg tuvo que someterse tras su accidente, intenta recrear los sonidos propios de la máquina mientras ésta nos explica en qué consiste su función. «Take a picture, what’s inside? Ghost imagine in my mind.«

Así pues, en conclusión, debemos decir que ‘IRM’ es uno de esos proyectos ambiciosos hasta decir basta que, en esta ocasión, sirve para proporcionar una base compositiva y lírica lo suficientemente bien trabajada como para confirmar a su protagonista como una vocalista a tener muy en cuenta, tanto si canta en inglés como en su francés natal.

[Puntuación: 9/10]

Os dejamos con el el clip del primer single del disco, ‘Heaven Can Wait’:

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