Críticas

[Crítica] Arcade Fire – Reflektor (2013)

arcade fire reflektor

No hay nada más desilusionante que comprobar que lo perfecto pierde su pátina de perfección. Que lo sublime hace un downgrade hacia el terreno que ocupamos los demás mortales. Yendo al grano, descubrir que Arcade Fire puede crear un disco simplemente pasable. Ni siquiera bueno, únicamente aceptable. Le escribí a Pablo Porcar, el editor de Binaural, antes de escuchar el video de Youtube con el film Black Orpheus de Marcel Camus en que Arcade Fire había ‘liberado’ al completo este nuevo «Reflektor«: «La megalomanía de Win Butler me da más miedo que un nublao«. Me doy, mal que me pese, la razón. El complejo de Dios, a lo Werner Herzog o (en versión cómica) Bono, se cierne inquietantemente sobre el líder de este grupo. Cree que todo lo que pare Arcade Fire es arte. Y no. O ya no…

Y es que en este doble álbum «Reflektor», el acontecimiento musical del 2013 querámoslo o no, Arcade Fire agudizan un problema gordo. Parece que quieren restregarnos por la cara que son los más grandes y que sólo se ‘arrejuntan’ con el Dream Team arty. Que son Michael Jordan y que tienen a James ‘Magic’ Murphy a la producción, a Anton ‘Bird’ Corbijn dándole lustre al blanc et noir visual y Spike ‘Ewing’ Jonze para machacar bajo aro sus delirios con el video en directo de ‘Afterlife’. Da la sensación de que Arcade Fire, en su ansiedad por hacer de cada disco una genialidad inmortal, han perdido el sentido de lo epatante mientras no cesaban de ver cómo molaba su ombligo. Y nadie se lo avisaba. Ya que tienen a David Bowie en un pedestal (quién no), deberían aplicarse una de las virtudes del viejo zorro británico. Siempre, con buenos o no tan buenos resultados (a veces incomprensibles), se reinventó con estilo para estar en la cresta de lo último. Y los desvaríos world music meets electrónica con aire bailable no es lo más en 2013. Ni les funciona en este disco como para imponerlo como moda. Dudo que este disco pase a ser una referencia obligada para nadie, pongamos, allá por 2033.

La tan cacareada visión camino de (o mejor dicho, en) Haití y Jamaica que ejerce como catalizador de este «Reflektor» es el peor favor que se han hecho a sí mismos los canadienses. Mientras que la desolación existencial post adolescente de «Funeral» (2004) desgarraba, la épica oscuridad de calculado diseño de «Neon Bible» (2006) saltaba a lo Fosbury el altísimo listón fijado por su debut, y «The Suburbs» (2010) sonaba increíblemente inspirado en su asalto alienado a los principios Springsteenianos de la (aburrida) vida en los suburbios de Norteamérica, «Reflektor» (2013) es el vacío. No hay un todo, ni siquiera una suma de las partes. Es un álbum a lo Tarantino post Kill Bill. Al igual que el director de Knoxville mantiene el pulso a la hora de escribir aún diálogos geniales, Arcade Fire obviamente no se ha olvidado de componer canciones magníficas (ahí están la bowieniana ‘It’s Never Over (Oh, Orpheus!)’, ‘Reflektor‘ o ‘Afterlife’). Pero desarrollan cagadas tarantinianas: abusar del minutaje, ‘pastichear’ sin gracia géneros (aquí los ritmos tropicales, allá destrozar el cine bélico de la II Guerra Mundial) y excederse en la autocomplaciencia.

Vaya por delante medio aplauso por jugar a contrapié de su trayectoria y plantear hacer un disco (en su mayoría y a su manera) electrónico. Pero lo que proponen, ya lo hicieron mejor y de manera más divertida antes los Talking Heads. Al disco le sobran, al menos, 25 o 30 minutos. Lo que es aún peor, parece ser que la idea original del grupo era un álbum corto y se encontraron dándole uso a la goma de mascar y fabricando canciones de siete minutos. A eso, añado que nunca pensé que escribiría esto de un grupo como Arcade Fire, pero ‘Normal Person’, ‘You Already Know’ y ‘Porno’ deberían ser reducidas a escombros y su putrefacto cadáver escondido bajo la alfombra en una futura reedición deluxe. Especialmente la primera, con esa intro en la que Butler imposta a Elvis: «Do you like Rock&Roll? Cause I don’t know if I do…». La peor canción de Arcade Fire, de largo. A ‘Porno’ se la podría conceder el indulto siempre y cuando se escribiese de nuevo la letra entera para no volver a sufrir líneas vergonzantes como «Little kids with their porno…».

Lo malo es que también se meten en fuera de juego con ‘Joan of Arc’. No es para echarla a la hoguera y perdón por el chiste malo, es sólo que es incoherente. Por mucho que Régine Chassagne juegue con el francés. Demasiado obvio. No casa ni en el disco 1 ni en el disco 2. Hablando de la Chassagne, ha perdido su papel como cantante solista ocasional (‘Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)’ o ‘Haití’, por citar dos maravillas) para ejercer de reflejo de Butler. Irónicamente, le haitiano-canadiense le come la tostada a su compañero en ese juego cuando él se hace pasar por Orfeo (‘Awful Sound’) y ella por Eurídice (‘Its Never Over’).

El combo ‘Here Come The Night Time’ es irritante por su vacuidad. La parte I es un desparrame carnavalero mientras que la parte II se asemeja a su prima ‘Supersymmetry’, pero en vez de ser el cierre del disco como ésta, eI es el aburrido inicio del disco 2. ¿Incoherencia? ¡El arte de lo inesperado, estúpido! No obstante, hay terrenos para reconfortarse un tanto. ‘We Exist’ se mueve en coordenadas más arcadefirenianas lo que hace que cotice más alto y ‘Flashbulb eyes’ es la más potable del intento por sonar como si estuviesen en Puerto Príncipe, con su alusión a las creencias indígenas de que las cámaras y el reflejo en los espejos (¡ah, Reflektor!) te roban el alma. Mejora considerablemente porque no la estiran hasta la extenuación.

Afterlife‘ es la última veta de oro en el disco. Junto con la homónima ‘Reflektor’ conforman la brújula por la que debía haber transcurrido el álbum. Ahí la percusión haitiana se complementa desde un segundo plano con una electrónica elegante (pulgar arriba a Murphy) y cierta épica melancólica. Ese «Its just an Afterlife… With you…» ensoñador del final era el epílogo perfecto. Pero lo arruinan con ‘Supersymmetry’ y su truco barato final de siete minutos rebobinando la cinta, que pretende ser un anticlimax, al estilo de ‘My body is a cage’ como cierre tras ‘No Cars Go’, en un disco que no tiene climax alguno. Y al que es imposible llegar. No hay manera de quemar los 74 minutos previos sin ceder a la tentación de sumergirte en algún pasaje de sus tres discos anteriores, cuando Arcade Fire te tocaban la fibra.

Se ha hablado mucho de la mano de James Murphy como productor. El propio Win Butler la ha relativizado, diciendo que su labor han sido tres meses en un proceso de tres años. Pareciera que el cerebro de Arcade Fire, no atreviéndose a apostar por volcarse en lo vivido en esa epifanía caribeña, hubiese dado un volantazo hacia la electrónica. Y «Reflektor» es un monstruo de varias cabezas que se dan dentelladas entre sí. Murphy tendrá categoría de genio, pero no lo quiero de camello: ni compro su mercancía (LCD Soundsystem) ni la que corta y adultera como productor. Salvo aquel ‘House of Jealous Lovers’ de The Rapture que le salió redondo. Y creo que acaba más que trasquilado en «Reflektor». No su ego ni su billetera, más bien su prestigio por error u omisión en un resultado final lejos de la excelencia presupuesta. Y ambas partes amenazan con seguir colaborando en el futuro. Temblemos.

Arcade Fire se han liado a mezclar calor espiritual caribeño con el gélido existencialismo occidental en una coctelera disco cuando nadie se lo había pedido. Por el camino han apelado a la mitología griega con Orfeo y Eurídice sin darse cuenta de que actuaban como unos Prometeos. Arcade Fire piensan que siguen robando el fuego (nunca mejor dicho) de los dioses de la música para que lo disfrutemos los simples mortales. La arrogancia es prima de la ceguera. «Nuestro nuevo sonido es una mezcla entre Studio 54 y vudú haitiano», dice Butler. Que alguien te saque al demonio del cuerpo, Win.

Podéis escuchar «Reflektor» de Arcade Fire al completo a través de Spotify.

Carlos A. Forjanes
Periodista con título enmarcado en la pared desde 2005. Un gol por la escuadra y un ritmo pegajoso le cortan la respiración. Lo primero lo cuenta en el Diario AS, lo segundo en Binaural.es. Charco que ve, charco que pisa. Twitter: @Forjanes_AS

3 comentarios

  • Deberías releer tu artículo para darte cuenta del que se mira el ombligo no es Win Butler, ni Arcade Fire, sino que eres tú. Lamentable y pretenciosa crítica, desestructurada, carente de argumentación y creada a base de pistoletazos con la única intención de intentar engalanar un texto, olvidándose del sentido de la crítica musical y del periodismo.

    Sin duda que hay varias de las opiniones que has ‘disparado’ que pueden tener su lógica, pero que se quedan carentes de razón al leer el artículo al completo

  • La critica mas acertada que he leído por el momento.
    Es evidente que a los canadienses se les ha subido tanto el éxito a la cabeza que ya no saben distinguir lo excelente(funeral,neon bible),lo bueno(the suburbs),a lo mediocre(reflektor).Un poco como le pasa a Prince.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.