Críticas

[Crítica] Blur – The Magic Whip

Qué lejos quedan aquellos tiempos. Unos noventa de cassettes, primeros cd’s, vinilos vistos como vestigios de un pasado superado. La época de los derbis. De las rivalidades fomentadas por la prensa musical, del grunge, del pop punk del 94, las boy bands, del rock alternativo que ahora se reúne en festivales masivos para tocar sus álbumes clásicos, que ya quedaron creativamente demasiado por encima a su inspiración actual. Y el britpop. Oasis contra Blur, los hermanos del barrio contra los estudiantes, pelea alimentada por el clásico espíritu pendenciero del hooligan británico del que cada banda hacía importante uso, en especial los queridísimos Gallagher. Grupos con una capacidad de implosión interna muy destacable. Bombas de relojería alentadas por éxito masivo, juventud revolucionada, egos en constante fricción cual placas tectónicas, algún coqueteo con las drogas duras… Blur reventaron definitivamente ya con el nuevo siglo, mucho antes que los otros pero con un bagaje musical más variado e aventurado, tras distintos virajes más o menos acertados, y con la relación entre los dos principales motores, Albarn y Coxon, rota e aireada públicamente.

Coxon ya no estaba en “Think Tank”, el último disco de estudio del que teníamos referencia, y el más irregular (incluso malo) que publicaron, pero sí que volvió en 2009 en una reunión que llenó todo lo que podía y más, y a base de recopilatorios de sus innegables hits, se fue extendiendo la excusa para ir tocando. Unas sesiones medio improvisadas en un claustrofóbico estudio de Hong Kong, en el contexto de la truncada gira asiática de 2013, dieron pie a unas quince canciones, material grabado abandonado sin una dirección aparente, sin letra, sin noción de que aquello pudiera cristalizar en un disco. El único que pensó en el potencial de lo grabado fue Graham Coxon, que empezó a trabajarlo con Stephen Street, productor clásico de la banda, a finales de 2014. Albarn volvió solo a Hong Kong para reencontrar un filo lírico que acompañase la música, y finalmente emergió “The Magic Whip“.

Empieza con ‘Lonesome Street’, un gran inicio de disco y un clásico instantáneo, con el rasgado rítmico tan característico de Coxon, con sonoridad plenamente identificable, pero que ya denota cierta pátina de distancia, de aislamiento, que absorbe un trabajo que en casi ningún momento agrede. El álbum emerge del bullicio de la metrópoli asiática, para irse sumergiendo, con la acumulación de sus canciones, en digresiones espaciales sobre el presente alienado y el futuro incierto que tanto preocupa a Damon Albarn últimamente, como también sus consolidados proyectos musicales fuera de Blur respiran en ‘The Magic Whip’. ‘New World Towers’ ya cambia de repente el tono y no termina de cuajar como algunos de los medios tiempos posteriores. ‘Go Out’ añade un poco del desafío de antaño del interprete Albarn, más la distorsión abrasiva que Coxon domina como pocos, en la pieza más contundentemente eléctrica del disco. El guitarrista, ya sea con sutiles detalles o con sus trucos más conocidos, da pulso, pulsión y forma al disco, la pimienta pero también una parte clave de la imprescindible suma de los cuatro. ‘Ice Cream Man’ es un tema juguetón, con loop reiterativo, correcto pero un tanto insulso. ‘Thought I Was a Spaceman’, seis minutos que empiezan en una contención electrónica casi ambiental, con un radiofónico y letárgico Albarn comandando sintetizadores y drum machine, prosiguiendo en sus diatribas, hasta que sus compañeros deciden impulsar el viaje, primero Alex James y Dave Downtree, luego Coxon electrifica el trance. Bien.

El momento más brillante del álbum recae en ‘My Terracota Heart’, inspirada por la otrora tormentosa relación Albarn-Coxon, canción delicada, sutil en su instrumentación y de una carga dramática penetrante. ‘There Are Too Many of Us’ es una especie de distopía muy próxima, musicalmente entre la marcha y el último segmento de ‘2001, a Space Odyssey’, descolocó en un principio, las escuchas la elevan definitivamente. ‘Ghost Ship’ se sitúa más en la órbita sonora de Gorillaz, tallando la buena dinámica del disco, que no remonta del todo con ‘Pyongyang’, en la que interesantes ideas no terminan de sedimentar en un todo convincente. ‘Ong Ong’ descoloca por su denominación, y por representar una especie de islote primaveral, entre el futurismo ambiental reflexivo que predomina. Sencilla y luminosa, se funde en la mente como las perfectas píldoras pop. Provocará coros masivos y momentos de jolgorio desenfrenado. Le hubiera ido bien más determinación y potencia en la producción que la rodea, y quizás un disco entero en su línea.

‘The Magic Whip’ no es un refrito descafeinadamente nostálgico, aunque algún tema suene un poco forzado, tampoco es una continuación explícita de su continuo discográfico. Doce años son muchos, y las tormentas que amenazaban la banda se han convertido en tranquilas olas de madurez y claridad respecto unos mismos. No estamos ante una obra maestra, pero sí ante un disco muy digno, con altibajos constantes, pero también ápices de excelencia repartidos por momentos, por canciones, que han conseguido sacarlas de las circunstancias accidentales que rodearon su grabación. Esas permanecen en sus cincuenta minutos, en los que el álbum no termina de dar la sensación de obra cohesionada, algo no obstante, que no es del todo extraño en el genoma Blur. Lo destacable, es que ‘The Magic Whip’ muestra un ímpetu creativo que muchas bandas coetáneas ya querrían, pudiendo incorporarse, con sus defectos pero con personalidad propia, en el legado de un grupo que vuelve a ser relevante.

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

1 comentario

  • La verdad es que detesto que la gente le tenga tan poco aprecio al Think Tank. A mi me parece brutal, tiene de todo y la producción me vuelve loco. Por supuesto no tiene mucho que ver con lo anterior (si eso con la cara B del 13) pero me da igual, si fuera un disco de un grupo nuevo creo que se le consideraría mucho mejor.

    Aún no he sido azotado lo suficiente por este Magic Whip, no me gustan mucho los singles, pero reconozco que hay una perla que brilla mucho y se llama Ghost Ship.

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