CríticasMejores Discos

Deerhunter – Why Hasn’t Everything Already Disappeared | Crítica

critica deerhunter why hasn't everything already disappeared

Esta semana se cumplen nueve años de la muerte de Jay Reatard. En su obra magna “Halcyon Digest”, de ese mismo 2010, Deerhunter incluían una canción en memoria suya, “He Would Have Laughed” en la que Bradford Cox, le rendía un hermosísimo y apasionado tributo a uno de sus mejores amigos. Todavía ahora en 2019, aquel trabajo de Deerhunter reluce como uno de los grandes LPs de la década, y todavía en 2019, Cox sigue rememorando en sus desgarradas y emotivas letras a su difunto compañero. Cuatro años después de su último trabajo, Bradford Cox y compañía vuelven con su octavo trabajo de estudio (noveno si tenemos en cuenta el cassette instrumental del año pasado). “Why Hasn’t Everything Already Disappeared” es el sucesor del notable “Fading Frontier”, el que seguramente fuera su disco más homogéneo y limpio hasta la fecha.

Para este nuevo largo, Deerhunter han decidido recuperar una parte de la ambición que llevaba ya unos años extraviada; y es que, sin desprestigiar ninguno de sus dos últimos y sobradamente notables lanzamientos, la línea ascendente que les condujo desde “Cryptograms” hasta el celebradísimo “Halcyon Digest”, parecía mostrar cierto agotamiento. Pero ese ‘agotamiento’ es un arma en este disco que presenta a un Cox extremadamente cínico y quejumbroso, y que sin embargo nos entrega algunas de las instrumentales más coloridas y frescas del recorrido del grupo. De hecho, si alguien se preguntaba cómo iba a beneficiar el trabajo de Cate le Bon al sonido de los de Atlanta, la respuesta es clara: Deerhunter suenan especialmente amenos a pesar de cargar su narración añeja y críptica con más cinismo que nunca.

El título y la portada de “Why Hasn’t Everything Already Disappeared” son bastante esclarecedores. Se trata de un LP con acento distópico en el que Cox, claramente apesadumbrado, nos va haciendo llegar su sentir y sus pensamientos en su recorrido por el yermo en el que se ha convertido su vida y en el que se convertirá la nuestra. Entre las figuras alegóricas más utilizadas se encuentran la de el moho que corroe nuestra vitalidad y por supuesto las llanuras, como ya hiciera al final de su lanzamiento anterior. Como primer corte tenemos el adelanto ‘Death in the Midsummer’, en el que Deerhunter recuperan el aura de art rock pulido y envolvente que les trajo tanto éxito a finales de la pasada década. Un paseo por la letra de este tema ya deja más que claras las intenciones de Cox en la faceta lírica. Pero en todo el largo, acompañando esta decadente crónica, siempre hay un destello de vitalidad en el sonido, un escollo que transfigura cualquier tema, por deprimente que parezca, en una oportunidad para el júbilo y el disfrute.

Como canciones más afiladas tenemos ‘No One’s Sleeping’, ‘Futurism’ y ‘Element’, que recuerdan profundamente a ‘Don’t Cry’, y esas pistas con guitarras limpias pero abruptas que también definen una parte del sonido de Deerhunter. La primera gran sorpresa llega con la psicodélica e hipnótica ‘Greenpoint Gothic’; una instrumental especialmente progresiva y rítmica, en la que Cox parece querer remitir a sus primeros lanzamientos, o incluso emular la estética del “Currents” de Kevin Parker (aunque siempre con un aura más mística y misteriosa). Ya como eje central tenemos uno de los momentos más robustos del disco (de este y de los anteriores), la sensacional ‘What Happens to People’. La canción, que en directo se extiende bastante más que en su versión de estudio, ofrece una base rítmica inquieta y agitada, que contribuye con gran atino a transmitir la sensación de ansiedad e irreversibilidad que Cox plantea. A ella se une una guitarra eléctrica especialmente acertada y bella, de las que suelen dejar marca en una discografía.

Otro de los momentos clave se encuentra en la canción más singular (que ya es decir) del disco, hablo evidentemente de ‘Détournement’. Este “spoken -word” contagia con enorme acierto el desasosiego y aturdimiento que supone vivir girando por el mundo sin tener un lugar fijo en el que estar, mientras se trata de hacer llegar mensajes delicados y sugerentes al público siendo al mismo tiempo hostigado por las exigencias del tour. Détournement es un concepto estético que se refiere a la posibilidad o el resquicio en el que se puede tomar un producto de masas o un fruto del capitalismo, y convertirlo en una herramienta para criticar el propio sistema que permite su subsistencia. Así Cox, en un giro aún más complejo, trata de explicarnos lo ardua que es su labor como creador, en la que procura hacernos partícipes de su sensibilidad a pesar de la opresión que le produce la industria que rechaza.

Una vez más Deerhunter firman un final muy por encima de la media, con dos cortes tan sorprendentes como memorables. El primero es ‘Plains’, una canción colorida y popera, en la que se rinde un pequeño homenaje a James Dean: “Oh James you’ve got no reason to stay in this plains”; cuando ni siquiera hay razón alguna para permanecer con vida ni para revolverse o revelarse, Deerhunter nos proponen una de las canciones más luminosas y bailables de su carrera. El broche final lo pone la decadente ‘Nocturne’, en la que la voz de Cox parece sonar desde una estación de radio perdida y abandonada, entrecortada y recogiendo algunas de las imágenes del disco (el moho, las llanuras, la neblina). Su outro instrumental, una delicia repleta de emotividad e incertidumbre.

Este 2019 que cierra la presente década, lo abre una de las bandas de guitarras más importantes de las últimas dos. Deerhunter han sido capaces de reivindicar su posición en la escena del indie rock a pesar de su -comprensible- agotamiento compositivo, y nos ofrecen una introducción más que sugestiva al que, esperamos, sea un fecundo año. Personalmente creo que “Why Hasn’t Everything Already Disappeared” se erige como el mejor trabajo de la banda de Bradford Cox desde 2010, por su colorida composición, sus melodías memorables o juguetonas y su inspirada escritura.

Resumen de la crítica:

Nota:8.4

Pros

  • Las complejas y hermosas letras
  • Lo frescos que suenan Deerhunter después de todo este tiempo
  • La delicadeza y la nostalgia que tan bien transmite Bradford Cox a una música tan a priori estandarizada

Contras

  • No va a ser este el disco que aúpe a Deerhunter al escalafón que merecen, y seguramente ya nadie pueda darles ese puesto salvo el tiempo

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.