Críticas

[Crítica] Devendra Banhart – Ape in Pink Marble

Pasan de las 00:00, así que creo que es el momento de empezar. Sí, decididamente, la noche es el escenario idóneo para apreciar los matices del nuevo disco de Devendra Banhart. Lo intenté el otro día por la tarde y no hubo manera. Es que «Ape in Pink Marble» es un álbum para fabular y flotar como una nube de cuento; en el cielo, la luna es menguante. Recreémonos si lo que queremos es saber en qué dirección avanza la música de Devendra. Aunque igualmente, no servirá de mucho. Nueve álbumes después, ¿qué nos queda por ver de él? Por lo visto, un mundo. Un mundo que puede entenderse como el ser interior del artista, una ventana hacia la fantasía, otra más. Este viejo no se cansa de imaginar, de abordar registros y de darle sentido al término weird que tanta gente asocia a su música. Esta vez, quizá lo extraño es ver tanta seriedad y sutilidad. Tantas maneras. Tan poco desparpajo.

Y malo no es. Banhart nos ofrece un disco gestado en una ciudad que le ha valido como trampolín para fantasear y tocar las estrellas: Los Angeles, los lares de Hollywood, un lugar donde precisamente cabe toda la fantasía. Noah Georgeson y Josiah Steinbrick, quienes ya compartieron créditos en «Mala», vuelven a colaborar en un disco tan profundo que puede costar de asimilar. En él, Banhart se nutre de experiencias vividas en estos últimos años, muchas de ellas no muy agradables. «Me pregunto dónde estás, pero no me lo preguntaré más«, abre ‘Middle Names‘ dedicando unas sentidas palabras a Asa Ferry, su amigo fallecido. Es la tristeza y la esperanza unidas en un mismo tema, una sensación que se contagia en cada tema, uno tras otro, y que se impregna en su pequeño universo.

No intentéis comprender el imaginario del artista, simplemente, zambulliros con los ojos cerrados y dejad que os lleve la corriente. De lo contrario, quedaremos prendados de canciones como ‘Jon Lends a Hand‘, un homenaje a Jonathan Richman que no sale de su propio encanto. Aunque no pasará lo mismo con otras. Con ‘Mara‘, por ejemplo, costará conectar. Es un tema laxo que no aporta ni refuerza. En el disco tiene un papel transitorio, mientras que ‘Fancy Man‘, sin ser brillante (pocas lo son), suena más extravagante, más Devendra. De golpe y porrazo, ‘Fig in Leather‘ irrumpe con un registro disco adaptado para que no desentone en el ambiente, una maniobra que no disgusta pero que contrasta con ‘Theme for a Taiwanese Woman in Lime Green‘, pura bossa nova. El cómo Devendra trata su voz es un tema que también da de sí: en ‘Saturday Night‘ suena honesta y desnuda; en sus mismos estribillos, lejana y tapada. Voz aparte, en ‘Souvenirs‘ se prolonga ese estado de ánimo que comentaba antes. Llueve en California, estoy solo y aún así el panorama no acaba de ser desalentador. Tierna balada.

La máxima expresión del disco descansa en ‘Linda‘, un tema largo, melancólico y desesperadamente solitario. Como todas, queda a la libre interpretación de cada uno, un punto con el que juega mucho Devendra, pues si algo consigue en repetidas ocasiones es inspirar al oyente. Esta vez de forma menos obvia, sin ‘spanglish’ de por medio y conversando a través de ritmos mucho más lentos y apacibles. Imaginando. No es cuestión de entender ni de decir. Este es un disco de Devendra Banhart, es decir, o lo tomas o lo dejas.

 

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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