Críticas

[Crítica] Disclosure – Caracal

Los artistas de radiofórmulas llevan dos años intentando imitar lo que consiguieron los hermanos Disclosure con Settle. El panorama electrónico ha cambiado mucho en estos meses y, en parte, ha sido gracias a ellos mismos. Hasta Nick Jonas intentó hacer su propio “White Noise” con estrepitoso fracaso, y los músicos de R&B han coqueteado con el sonido electrónico como peces en el agua. Con este disco, Disclosure parecen menos apegados a su fórmula, y eso siempre está bien: han cambiado, han tanteado otros terrenos. El único problema es que ese cambio parece responder a una falta de ideas, que en el disco se traduce en temas menos pegadizos, menos brillantes. Hay puntos de luz, como “Good Intentions” con Miguel o “Holding On” con Gregory Porter, pero la tónica general es un álbum que podemos ponernos de fondo mientras estamos trabajando, en lugar de pasarnos una noche de sábado deseando que suene “Latch” por los altavoces.

Las líneas de bajo características de Disclosure en Settle se desdibujan y los ritmos se apaciguan. Sin perder la elegancia, «Caracal» se convierte en grooves más de R&B y menos techno y en melodías menos identificables. Han tomado una dirección más suave porque “estaban cansados de los viejos samples”, y los espacios abiertos les sientan bien a sus dinámicas. Pero ese aire tiene su cara oculta: en lugar de una resurrección refrescante de sus rompepistas de baile, nos topamos con un disco sin dientes, sin entusiasmo, de plastilina. Los únicos temas que no tienen colaboración, como “Jaded” y “Echoes”, llevan el mismo camino descafeinado, y cuando llegamos a “Magnet”, el corte junto a la neozelandesa Lorde, dan ganas de zarandear a los hermanos. ¿Hay alguien ahí?

No se trata de la evolución madura que vemos en otros músicos, que acaban retorciendo su propio estilo hasta encontrar su sonido (como les pasó a los Arctic Monkeys en Humbug), sino de una presión más que evidente tras un debut del que todo el mundo habló. Lo mires por donde lo mires, es un marrón: su oferta dance fue una bomba, sonó en todas partes y los veinteañeros enseguida tuvieron que responder ante una discográfica tan pesada como Island. Las dos opciones que teníamos con su segundo largo eran decepcionarnos o escuchar más de lo mismo. Por lo visto, la energía sacrificada se ha reubicado en las letras, a veces cursis, a veces vagas y a veces clichés (“You’re stringing it out like a symphony”): mal intercambio.

El resultado no es ofensivo, pero sí parece que se han relajado ante el que era un round decisivo: se jugaban pasar de nivel en las estanterías o estancarse en el one hit (o álbum) wonder. Chvrches, que también se enfrentaban al peligroso segundo álbum tras un gran éxito inicial, se han marcado un disco enérgico y rico en matices tecnopop sin despeinarse. Poder, se puede. Y de hecho, cerrando el álbum con un lazo rojo se encuentra “Afterthought”, un tema que crece en su estructura interna y con las escuchas, con detalles de producción, coda y armonías vocales suntuosas; lo más cerca que hemos estado de las sensaciones singulares de Settle. Para un dúo al que habían comparado con Basement Jaxx o Daft Punk, nos sabe a poco.

Hasta el más tonto de los temas en Settle aunaba el clasicismo de Disclosure con su nostalgia noventera en una mezcla chulísima, pero Caracal ya no rezuma diversión.

Escucha el álbum en streaming.

Azul Corrosivo
Comunicadora de profesión y vocación; torpe de corazón. Escribe sobre videojuegos en Mondo Píxel y Hobby Consolas. Tiene un peluche que se llama Mozzarella. Twitter: @AzulCorrosivo - Blog: azulcorrosivo.blogspot.com.es

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