Críticas

[Crítica] Eagulls – Ullages

Acabo de volver del pueblo y aquí huele a decadencia. Las calles del Born están sucias de cojones, pero La Candela sigue abierta, incombustible, sirviendo birras a cualquier hora y día del año. Barcelona es casa de todos, aunque no negaré que cada vez veo el barrio como algo más aislado de lo que era. Superpoblación, yo entre ella. Sin embargo, no hablo de ese tipo de decadencia sino de la que todavía puede apreciarse en algunos rincones de la zona. Aquellos que acogieron todo tipo de generaciones y que siguen en pie, con su encanto esencial y renovado. Tal como los suburbios de Londres, guardando las distancias, como marmita del post-punk británico. Sucedáneos de Joy Division o The Cure siguen muy vivos a día de hoy igual que los deudores de esa escena. Eagulls, quienes realizaron un notable ejercicio de revivalismo en 2014, pertenecen a ella. Con “Ullages” (Partisan, 2016), su segundo disco de estudio, insisten en ello, pues este año el cuarteto se muda de hogar aunque sin abandonar el vecindario.

Así pues tenemos delante otro álbum espantapájaros de los de Leeds que, dentro de las posibilidades del género, se abre de miras aunque no con la misma inspiración. George Mitchell, frontman del grupo, cuenta que se trata de un trabajo «menos personal y más abierto a relaciones ajenas«. Y precisamente el álbum se percibe como un ensayo más moderado y ajeno, más producido -de ahí que con cada entonación de Mitchell me asalte a la mente la imagen de un desgarbado y desolado Robert Smith. Estilísticamente poco tiene que envidiar a The Horrors, TOY o Protomartyr (por poner tres ejemplos), lo cual habla bien del rumbo que han tomado, que sigue siendo siniestro; una decadencia bien entendida.

Aunque la primera parte del disco sea la que más me cuesta de digerir, «Ullages» va cogiendo fuerza a medida que se adentra en su ruta. La falta de explosividad queda patente nada más empezar con ‘Heads or Tails‘, ‘Euphoria‘  y (sobre todo) ‘My Life in Rewind‘, un aspecto que desde mi punto de vista acusan en este tramo tan importante del disco. A pesar de esto, superado el cuarto de hora llega un vital interludio llamado ‘Harpstrings‘ que evocará la calle más desalmada y atractiva de vuestro imaginario. Es una pausa imprescindible. Dos años atrás, George nos contaba que algunas canciones representaban el ciclo de ansiedad que le tocaba vivir (‘Never Endings’). Tal y como están enfocadas las canciones se nota que los británicos tienen la cabeza en otra cosa. ‘Blume‘, ‘Skipping‘ o ‘Lemontrees‘, que suben de marcha, no decaen en el nervio ni la crudeza de su debut, lo cual era de esperar llegados a este punto del disco. Así, los ecos de ‘White Lies Lullabies‘ culminan la «exploración de otro tipo de mentalidades sociales» que inspiran y recorren el álbum, como en alguna entrevista han afirmado.

En su segundo álbum Eagulls han dejado de lado la crudeza de su debut para invocar a sus paisanos más directos, deambular por los callejones más oscuros y seguir refugiándose del sol como vampiros. Turbio y prudente a la vez.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.