[Crítica] Fever Ray – Plunge

La intromisión de los hermanos Dreijer en el pop europeo a principios de la década pasada fue una de las más precoces y extrañas de los 2000. Siendo aquella una época de bastante incertidumbre -al igual que esta- en el ámbito musical, el pop amateurista, casposo y en ocasiones casi coñero de Karin y Olof, con su correspondiente ración de contenido insinuantemente erótico, se introdujo con asombrosa facilidad en el panorama hasta la llegada de su primer gran trabajo; “Silent Shout” (2006). A partir de entonces The Knife se pasearon por nuestro continente como uno de los conjuntos “experimentales” más atrayentes y especiales del momento, dejándose ver poco, y de forma voluntariosamente ambigua.

El dúo sueco, que compuso junto a otros colegas una ópera sobre “El Origen de las Especies” de Darwin, lanzó en 2013 -esta vez sí- uno de los discos más intrincados, extraños, hipnóticos y seductores de lo que llevamos de siglo. Sus directos, convertidos en una confusa bacanal tribal repleta de pregrabados, bailes y desenfreno, no hicieron más que consumar la estética performativa y ocultadora de su discografía, pero tanto Olof como Karin parecían querer volver a centrarse en sus proyectos individuales. De quien hoy hablamos, Karin, lanzó hace ya ocho años su debut en solitario, una obra homogénea, muy bien cimentada y “alternativa”, que, sin embargo, pondría música a la serie “Vikings” o al videojuego Pro Evolution Soccer. “Fever Ray”, homónimo debut, se alejaba bastante de todos los trabajos de The Knife con un componente tal vez más orgánico o menos jovial, cosa que su sucesor, este “Plunge”, no cumple en ningún caso.

“Plunge” vuelve a ahondar en los sonidos de sintetizadores y cajas de ritmos bisoños que pusieron a Karin y a su hermano en el centro del ojo crítico con “Deep Cuts”. Lo hace añadiendo algunos giros instrumentales especialmente modernistas y concesiones a sus trabajos más recientes (‘IDK About You’ es puro sonido tribal “Shaking The Habitual”), pero, desgraciadamente, con pocos riesgos en el ámbito musical. Y es que The Knife han sido expertos en el difícil arte de la experimentación y del mostrar ocultando, como en el magnético video de ‘Pass This On’ o ‘A Tooth For an Eye’, pero en su segundo disco, Fever Ray trata de cubrir a través de la pura y llana provocación las carencias creativas que a cualquier artista le pueden sobrevenir después de grabar más de 5 LPs. Así llegaba precisamente ‘To The Moon and Back’: un fantástico single de synthpop con un videoclip horrendo en el que a la mayor de los Dreijer le orinan en el rostro. El único adelanto del álbum, lanzado precipitadamente, es un auténtico grower, sobre todo si uno se evita el terrible acompañamiento visual, que entendemos que pretende alienar, y de tan bien que lo hace resulta hasta excesivo (conociendo las capacidades de Karin).

De toda esta “vagancia” que es el mostrar explícitamente en vez de sugerir con inteligencia, se adivina el modo en el que este “Plunge” ha sido compuesto. Es un álbum mucho más expresivo, violento y abrasivo que su predecesor, con una orientación además de más efusiva, más política y reivindicativa. Fever Ray se olvida de introducirnos en su oscuro universo sueco entre lo natural y lo fantasmagórico e invita forzosamente de manera colorista a la liberación sexual y social (cosa que lleva haciendo casi 20 años). Esta encontrada -muy presente en su obra magna, “Shaking the Habitual”- visión anticapitalista y antioccidental se ve muy claramente en ‘This Country’, con la alusiva letra “Free abortions and clean water, Destroy nuclear, Destroy boring”. Ahora Karin Dreijer quiere pasárselo bien y pasarse tres pueblos, bailar y tener encuentros promiscuos y brutales, como bien describe en el adelanto ya comentado.

Fever Ray logra así condensar de forma clara sus objetivos en “Plunge”, un disco más intrascendente y más comercial que ninguno de los recientes que haya hecho sola o con su hermano. Es por esto que el segundo trabajo de Dreijer es un álbum de pop notable, con grandes y divertidos temas, pero que apenas alcanza ocasionalmente el nivel de ninguna otra obra suya. La sueca ha sabido siempre acercarse a lo incómodamente necesario para cada momento en el que ha lanzado un trabajo. Pero en este caso no ha hecho más que dejarse invadir por el espíritu y los tics de sus coetáneos (y aprendices), en vez de manipular esas herramientas en su beneficio. No obstante, este sigue siendo uno de los discos más dinámicos y atractivos de pop internacional en lo que llevamos de año, mostrando que los Dreijer siguen (y seguirán, sobre seguro) con la batuta de la otra Europa entre sus manos.

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