Críticas

[Crítica] Franz Ferdinand – Always Ascending

El recuerdo de estar fichando a Ryan Giggs en el FIFA 2004 mientras ‘Tell Her Tonight’ sonorizaba la millonaria operación no se me borrará ni con aguarrás. He elegido una versión poco romántica para introducir la mella que dejó el álbum debut de Franz Ferdinand, lo sé, pero seguro que más de un millennial se sentirá identificado. Además, la anécdota lleva paradoja: hasta el tema menos popular de su disco debut conectó con toda una generación. Franz Ferdinand facturaron el disco indie rock británico del año, y también de la década, sobreponiéndose a otros excelentes debuts como fueron los de Maximo Park, Kaiser Chiefs o Bloc Party. Conviene tenerlo presente, sobre todo cuando ya han pasado 14 años y aterriza un álbum como “Always Ascending” (Domino Records, 2018), el quinto de su carrera; saco los guantes de carnicero para desmenuzarlo.

No mal penséis, que esto no va a ser una matanza, aunque la primera impresión pueda ser la de un álbum broncas. “Always Ascending” es el primero en proponer un cambio de línea. Evidente, pero sutil. Es decir, no han sacrificado nada de estilo, pero se han declarado de rodillas a la indietrónica más bailonga de los LCD Soundsystem. En esta maniobra, en la que ya no ha estado el guitarrista Nick McCarthy, la mano del productor Phillipe Zdar ha tenido bastante que ver, ya no solo en la ingeniería, sino en la propia concepción del álbum. Si esperas encontrar la ‘Take Me Out’ de turno, bájate, porque no está. De hecho, Kapranos, en consonancia con Zdar, comparte la idea de que “no les gusta hablar de singles”. Y tienen toda la razón, ya que no hay un guapo de la clase.

Aunque si nos remitimos a los hechos, ‘Always Ascending‘ (la canción) sí que fue single, y es de suponer que por el mojo rítmico que destila, con sus habituales cambios de compás, que de un minuto para otro convierten el romántico baile de fin de curso en una algarabía. Es evidente que con la edad no han perdido facultades y en este trabajo se ve a la legua. Otra cosa es que conecten por igual, algo que no ocurre en todos los casos. A ‘Lazy Boy‘, por ejemplo, se le puede sacar los colores, quizá porque es la más fiel a los Franz Ferdinand de los dos mil. O también a ‘Finally‘, que, a diferencia, despliega un discreto e higiénico sonido digital. En ‘Lois Lane‘, donde se recrean en la super woman de las historias de Super Man para contar que el deseo de un periodista de cambiar el mundo es a la vez un acto egoísta, atinan con los sintetizadores. Y lo mismo podríamos decir de ‘Feel the Love Go‘, que en su flirteo descarado con el dance sacan una pista de baile redonda.

En realidad podríamos decir algo más o menos parecido del resto, aunque en un tono menos elevado. En general (salvando la tranquila ‘The Academy Award‘) abrazan el dance de forma cálida y poco intimidatoria, y sacan canciones que extrañamente tienen cabida en un disco de Franz Ferdinand. Vamos, que funcionan. Aunque, sin ánimo de evaluarlos por lo que fueron en los dos mil y entendiendo este cambio de rumbo como una evolución positiva dentro del grupo, este disco está lejos de enmarcarse como una obra a recordar. Puede que ellos mismos ya lo hayan hecho con esa intención, sin embargo, le falta redondez y garra. Lo que sí espero es que si incluyen alguna de sus canciones en el FIFA, los chavales de hoy en día se acuerden de ella. Si no, siempre podrán hablar con ‘Michael’ y ‘Jacqueline’.

Resumen de la crítica:

Nota6.7
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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