Críticas

[Crítica] Hope Sandoval – Until the Hunter

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Hope Sandoval es una cantautora que me alegro de haber conocido como Hope Sandoval. Aunque buena parte de sus proezas se registren en el libro de familia de Mazzy Star, la angelina, icono de una época en la que emergieron perfiles muy similares al suyo (como el de Lisa Germano; fabulosos noventa), también brilló en los dos mil con su proyecto en solitario, Hope Sandoval & The Warm Inventions. En esta faceta caló esporádicamente. Primero porque se trataba de una propuesta menos obvia y más profunda; más personal. Y segundo, porque transcurrieron ocho años entre debut y segundo álbum. Casi nada. A un ritmo similar llega su tercer disco, en concreto tres años después de que Mazzy Star resucitara con su voz. A estas alturas, si alguien especula sobre la trascendencia que pueda tener «Until the Hunter«, que se quede con los datos de que Hope ya tiene 50 años y lo único que pretende con él es experimentar y enriquecerse como artista. Palabras suyas.

No esperaba menos de una artista que elige de compañero de viaje a Colm O’Ciosoig (batería de My Bloodie Valentine) y que huye a un lugar dejado de la mano de Dios para grabar parte de su nuevo trabajo. Parte de él se ha gestado en la peculiar Martello Tower, Irlanda, una torre ovalada que se erige al borde del Atlántico. Allí, cuentan, encontraron la sonoridad que buscaban; «un eco místico». En realidad, todo lo que hay en «Until the Hunter» resulta tan familiar como la voz de Hope, solo que el punto diferencial se encuentra en los pequeños detalles, los arreglos, la combinación y el uso de instrumentos inusuales e incluso reinventados. Ahí entra la figura de Michael Masley, músico colaborador que conocieron tocando en una estación y que ha sido clave a la hora de experimentar y encontrar la atmósfera deseada. Hasta la fecha, no sabía que un gong perforado también podía sonar bien.

Los resultados de este ejercicio se pueden apreciar a primera instancia. ‘Into the Trees‘ lo deja al descubierto: ya no solo por el órgano celestial que se apodera de la canción, sino por la dimensión que adquiere. Se antoja infinita, como la voz de Hope, desvaneciéndose continuamente y reapareciendo como un espíritu inquieto. Ya les digo, podría no acabar, y parece que los nueve minutos se le quedan cortos (la original era mucho más larga).

Sin embargo, es más que suficiente. Con ‘The Peasant’ en cambio recuperamos a la Hope de toda la vida, un estilo que se entronca con el country y el folk cándido donde se miran las nuevas generaciones (Angel Olsen, por ejemplo). Por suerte, el disco no pierde de vista la línea inicial planteada y ‘A Wonderful Seed‘ se preocupa de sonar como quería; mística.

Que cada tema avance libremente como medusa en medio del Océano, es un aspecto que da identidad al disco. Los temas acaban cuando siente que deben acabar, no por reglamento. Aunque eso no le exime de que llegados a cierto punto puedan rozar el tedio, fruto de la monotonia, claro. En general, las canciones no evolucionan demasiado, por eso, temas como ‘Day Disguise‘ o ‘Treasure‘, de un armonía indiscutible, pueden hacerse largos. Incluso la acústica envolvente de ‘The Hiking Song‘, a la que por cierto se le acaba sumando la épica del nyckelharpa (instrumento de cuerda frotada típico de Suecia), quedaría mejor resuelto con un minutaje más breve, que no corto. A todo esto, la colaboración estrella de Kurt Vile en ‘Let Me Get There‘, es un punto que, pese a que no valga de referencia, cabe destacar. Oír a ambos artistas cantar acompañados de una guitarra virtuosa, es una genialidad. En «Until the Hunter» hay mar para bucear durante un rato largo y por más que te sumerjas, el agua casi siempre está igual de cristalina. El paraíso de las profundidades esculpido por la voz y el talento de la artista. Hope Sandoval, ella misma.

 

 

Resumen de la crítica:

Nota7
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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