Críticas

[Crítica] Imperial State Electric – Honk Machine

Nicke Andersson (Nick Royale para el mundillo) nunca será una celebridad. Quizás porqué al fin y al cabo, pese al mimo y pasión que mete en sus proyectos, el respeto con el que trata sus creencias musicales, siempre ha ido un poco a contracorriente. Lo más cercano a la fama fue cuando la tangente de los ya míticos Hellacopters convergió con un gusto popular (el de principios de este siglo) que se acercó un poco al rock a la vieja usanza, White Stripes y compañía mediante, y a bandas escandinavas como The Hives, Gluecifer, Turbonegro… Casi innumerables son los proyectos en los que ha participado y/o fundado, ataviado con su clásica gorra, y dominio de registros, instrumentos y estudios de grabación. Pero el Nicke más reconocible, aquél que nos pone la carne de gallina, es el que se pone a rasgar, puntear, con su mano izquierda, infinitas piruetas a la guitarra. Riffs de manual de maestro, punteos y solos fluidos e implacables, siempre con el rock’n roll en mente. Una fábrica inagotable de canciones, por encima de todo.

Seis años cumplirán Imperial State Electric, proyecto con menos ruido mediático que Hellacopters, pero que es una continuación clara, ya muy consolidada, de la que con ‘Honk Machine’, llegan al cuarto disco, con una seguridad apabullante. La carta de presentación no pudo ser mejor. ‘All Over My Head’, primer single del disco, es una delicia y uno de los mejores temas que Royale ha compuesto. Tres minutos de rock clásico de aroma nostálgica y color otoñal, con una harmonía que nos traslada a mitos como The Byrds, propulsado por una guitarra acústica y que va creciendo segundo a segundo. Nada nuevo bajo el Sol, pero que alguien lo haga así de bien. Llegado el solo ya forma parte de tu banda sonora. Algo del tema impregna el resto del álbum, un punto agridulce y la citada visión otoñal, con más pozo sonoro que el crudo ‘Reptile Brain Music’ de hace dos años. La apuesta en ‘Honk Machine’ se extiende en matices que hacen del álbum, el de enfoque más variado de los cuatro, que a su vez cada uno de los tres anteriores ya había gozado de tamices distintos, pero más uniformes.

No hay ningún vuelco al sonido, ni mucho menos. La mezcla de rock, garage, power pop y hard rock que proponen sigue causando estragos, con riffs a mansalva, breaks irresistibles, haciendo de los Kiss de sus inicios mucho mejor de lo que Simmons y compañía son capaces a estas alturas. El pulso de la apertura ‘Let Me Throw My Life Away’, la propulsión de ‘Anywhere Loud’, el frenesí rockero de ‘Guard Down’ o el riff sobre el que cabalga ‘Lost in Losing You’ son buenos ejemplos de ello. Pero el arte de Nicke va mucho más allá de la emulación, algo que se ha ganado a pulso tras cerca de tres décadas metido en algún que otro sarao creativo. Del death metal de Entombed, el punk rock de los primeros Hellacopters (ahí eran mejores) a Imperial State Electric. Seguramente no se sacará ninguna obra maestra de la chistera, pero su constancia y consistencia en lo publicado es impresionante. ‘Honk Machine’ aspira a un sonido más clásico, y un grupo consolidado acostumbra a tomar riesgos más o menos calculados, como la tremenda ‘Walk on By’ y su soul (género en el que Nicke ya se adentró con The Solution) apostando por un coro femenino que da a la canción una fuerza superior. O ‘Maybe You’re Right’ con Dolf a la voz y sonando a rimbombantes Beatles. El disco en sí se nutre de las ideas que de forma más explícita o susurrada, ha ido incorporando Nicke paulatinamente a su música. Con algo más de una primera mitad exuberante y una segunda correcta, ‘It Ain’t What You Think (It’s What You Do)’ cierra el álbum con más leña al fuego y kilométrico solo marca de la casa.

‘Honk Machine’ prosigue la línea de Imperial State Electric, que no es otra que publicar auténticas celebraciones de media hora de rock ‘n’ roll, con los matices que a Nick Royale le vengan en gana. En ‘Pop War’ le dio más por el power pop, ‘Reptile Brain Music’ por la crudeza y aquí por una pátina más clasicista. La recomendación: si cuatro riffs bien puestos, guitarras arriba, patadas al aire, y el inconfundible olor a cerveza y cuero asustan, huir despavoridamente del álbum. En caso contrario, abrazarlo como tabla de salvación, estrujar cada segundo, gastar el vinilo, borrar el pástico o fundir quiméricamente los ceros y unos, porque las noches de bares y las tardes en coche, piden un disco como éste.

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.