Críticas

[Crítica] Kakkmaddafakka – KMF

Kakkmaddafakka, City Hall, 2011, ¿recuerdan? No los conocía ni el tato, pero por entonces estos seis músicos de Bergen ya se dejaban la piel encima del escenario, algo que siempre he agradecido. Los directos eran su especialidad, pero lo cierto es que detrás de esa ente díscola todo era docilidad y buen rollo. Palabrotas las justas, por no decir ninguna, Eso sí, celebraciones todas las que quisieran. Así, la escena indie no tardó en abrazarlos y catapultarlos por Europa, donde se harían un nombre a tenor de su debut y hit número uno, ‘Restless’. Más tarde, lanzaron su segundo disco, «Six Month Is a Long Time’ (2013) y se convirtieron en carne de festival (al nivel de unos Crystal Fighters). Aparecieron hasta en la sopa, pero el tiempo siguió su curso y ahora, tres años después, ha llegado el turno de «KMF» (2016), su tercer álbum. ¿Y siguen en el mismo plan? Sí, aunque con otra energía.

Los noruegos siguen volcados al baile, pero acomodados a un sonido mucho menos directo, más adulto. Si su antecesor nos situaba en una juerga playera, salada y mediterránea, este nos lleva de la mano a orillas de una ideal Santa Cruz, con la brisa del Pacífico, cual fiesta caribeña. ‘Galapagos‘ viene como guante en mano para definir la línea de este nuevo disco, que sigue respirando festividad, aunque con menos entusiasmo. ¿Eso quiere decir que los rubiales de Bergen se están haciendo mayores? Así es. En este caso, la madurez musical no se ha traducido en un disco brillante, sino en un álbum más plano que, pese a abarcar baladas y galopadas, no se sale de la tangente.

Antes los jóvenes eran ellos, ahora la juventud recae en otros. Así, ‘Young You‘ nos presenta un piano de Emin Kittelsen (nueva incorporación) que destila unas formas más serias. En ella, como en casi todas, los coros son escasos y las melodías tienden a la melancolía. ‘Change‘ no deja de hacer hincapié en el cambio; aun a ritmo de trote, los veranos ya no son como antes, aunque lleven sintonías parecidas a las de Two Door Cinema Club. El protocolo de incluir baladas lo siguen cumpliendo a rajatabla: ‘30 days‘ y la añoranza de una relación o ‘Superwoman‘, que nos presenta a una mujer admirable. No deja de ser curiosa (de nuevo) la pincelada reggae que han dejado en ‘No Cure‘. Recuerda a lo lejos a aquella ‘Gangsta No More’ con semejanzas a Bruno Mars. Pero volvamos al disco y no alarguemos el tema. ‘Empty Streets‘, la última canción del disco, es la prueba concluyente de que el sexteto tiene la cabeza en otras cosas.

Así pues, Kakkmaddafakka ya no se apuntan a la primera fiesta que encuentran a su paso. Sus formas son más formales, como el propio título del álbum deja entrever, aunque no creo que eso impida disfrutarlos como antaño. De todos modos, y por primera vez, ninguno de sus temas me ha incitado a la euforia. Será que habrá que tomárselo con calma.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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