Críticas

[Crítica] Laura Veirs – Warp And Weft (2013)

La imagen personal de Laura Veirs me vuelve loca. Sus estudios de geología y mandarín, sus gafitas, sus coletas rubias, que sea de Portland como Courtney Love. Esperaba enamorarme de “Warp and Weft”, su último trabajo. Y no ha sucedido.

“Warp and Weft” es un disco de sorpresas sutiles, que esconde un corazón extraño y más duro de lo que pueda parecer por debajo de su floralidad, de sus referencias pop. La dulce y etérea ‘Sun Song’ se desvía en recorridos eléctricos y desmadejados, hacia la mitad, dejando atrás los fragmentos etéreos, ligeros, chispeantes, en los que Veirs se pone a jugar con los agudos. Cuando ese sonido empieza a paecer la estructura vertebral del disco, Laura Veirs cose un montón de melancolía en ‘Finister Saw The Angels’, una canción extraña en la que todo funciona, desde su corta extrañamente infantil hasta sus referencias al country alternativo.

Laura Veirs tiene una peculiar manera de avanzar a traves del sonido. Laura es una chica que se escucha a sí misma, y es suave, pero también tozuda. Canción tras canción, agarra una melodía, divaga sobre ella y no la suelta. “Warp and Weft” es un disco encantador, pero bastante irregular, que no fluye con demasiada agilidad y que sin embargo resulta interesante al parecer girar en torno a una idea fija. En ocasiones, Veirs recuerda a lo que podría ser otra niña perdida de Portland, la genial y enloquecida Scout Niblett, en esa fijación por ir hacia delante siguiendo sus propias normas. En otros momentos, la capacidad de transformar su voz en algo sereno, suave, mil veces mas complejo cuando tiene cosas que contar, parecen reminscentes de la británica Laura Marling. Y, sin duda, lo mejor de “Warp and Weft” son los momentos en los que eso confluye; cuando la similaridad que une cada tema de rompe, cuando la voz de Veirs se vuelve sólo ligeramente mas afilada. Cuando eso sucede, el disco empieza a merecer la pena, a no ser sólo un precioso disco de folk moderno, y se convierte en una pequeña explosión de carácter. La fuerza tamizada de ‘Dorothy of The Island’ y ‘Shape Shifter’, construidas con dureza, compensan la insconsistencia de otros temas como ‘Say Darlin’ Say’, que experimenta con referencias pop, pinceladas de la vieja identidad de Veirs como chica del punk y que en general, se le va bastante de las manos.

Lo más feo de «Warp and Weft» es que deja una impresión en el estómago de que, a pesar de tener momentos deliciosos, y de mostrar a una artista extraña y a ratos genial, no es un disco que vaya a perdurar. Todo el rato, en la boca, al escucharlo, el sabor de que lesa intensidad que se vislumbra a ratos, es profundidad, deberían haber sido exploradas más a a fondo, más hacia dentro, con más rabia. Su parte más consistente, en la que los temas por fin están engarzados unos con otros, es el cierre del disco. ‘Sadako Folding Cranes’ vuelve otra vez al corte clásico, que mejor le sienta, con el brillo de la voz de Veirs serpenteando, convertida en narradora. ‘Ten Bridges’ y su estribillo dulzón pero nostálgico y, coronando un final precioso, los cortos, machacones recorridos melódicos de ‘White Cherry’, con ese punto de new jazz casi, con una manera cuidada de jugar con la simetría, con la improvisación.

“Warp and Weft” revela a una artista honesta pero ligeramente inconsistente. Es un disco de momentos, casi aleatorio, con estructuras muy familiares entre tema y tema que, sin embargo no se dejan oir con demasiada fluidez. A pesar de eso, de sus fallos, de no ser una obra maestra, Laura Veirs se las ha apañado para crear un trabajo que, en su naturalidad, en sus errores, resulta auténtico, natural. “Warp and Weft” no es un disco brillante, pero es un disco que está vivo.

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