[Crítica] Mac DeMarco – Another One

En tres años Mac DeMarco ha pasado de ser un tipo que apuntaba maneras a uno de los jóvenes más endiosados por la crítica internacional. Más allá de su imagen, hay un fondo que lo explica. Lo hemos visto versionar a Eric Clapton, llevar la candidez de ‘Blackbird’ de los Beatles y ‘Yellow’ de Colplay a terreno hardcore (y con todo, cachondearse con ello), clavar ‘The Sweater Song’ de Weezer y apasionarse con Led Zeppelin. Porque de clásicos, hasta ha habido tiempo para Bob Marley y ‘Enter Sandman’ de Metallica, con la que por cierto nos ha dejado con cara de póker en alguna visita a Barcelona. Por si todavía quedaba algún resquicio de duda acerca de sus influencias musicales (pocos apostarían por sus 25 años de edad), los Doobie Brothers y Bruce Springsteen serían elecciones fijas si se dejara caer en una tienda de música. Una muestra más de que el canadiense tiene el paladar muy afilado.

A día de hoy sigo pensado que su figura ha sido excesivamente explotada por la factoría Pitchfork/Captured Tracks. Nos han acribillado a singles, documentales, covers, videoclips, giras, más giras y de nuevo más singles, y pese a aparecer hasta en la sopa, “Another One“, su nuevo mini-elepé (que por metraje encajaría sin el prefijo), lo vuelve a hacer. Mac DeMarco es un tozudo del amor que siempre se sale con la suya y aquí nos ha vuelto a ablandar con su incontestable palique. Casi no ha dado tiempo a aborrecer “Salad Days” y sin embargo, da igual. En la línea del mismo, menos engalanado si cabe, DeMarco reivindica (una vez más y esta vez como si se tratara de un capricho personal) una clase y estilo inigualables. Ese saco de covers que al principio citaba podrían explicar que a su edad suene ya tan clásico. Además, añadámosle el piano, con el que hasta ahora no había contado. Pues nos sale una maqueta con composiciones a priori encantadoras.

A priori, porque la fórmula se repite como los episodios de los Simpsons, pero certera dado que de esos ocho cortes, tres te cautivan a la primera de cambio. Y es que suena espontáneo, como si lo hubiera escrito tras un concierto agotador y un Viceroy en mano, inspirado y preparado para continuar su partida contra el amor. Nada parece premeditado y se nota desde ‘The Way You’d Love Her‘. Ya no solo por ir en la misma dirección que el reciente “Salad Days”, sino por el arrebato afectivo que la sacude (DeMarco fantasea con un amor idílico). Mientras que la desalentadora ‘Antoher One‘ destaca principalmente por apostar por el piano, ‘No Other Heart‘ nos vuelve a dar la razón. Junto a ‘Without Me‘, una balada directa como un flechazo adolescente (evoca a los ochenta a caballo de sus sintetizadores -¡OMD!-), demuestran, sin la real necesidad de hacerlo, el poder de persuasión que tiene el de Duncan.

Por otra parte, los aportes en ‘I’ve Been Waiting for Her‘ son tan inapreciables como insustanciales. De hecho, parece que se trate de una versión más vivaracha de ‘Salad Days’ (el tema). Y volvemos a lo mismo: funciona, como también funcionan la distendida ‘A Heart Like Hers‘ o la clásica -valga la redundancia- ‘Just To Put Me Down‘. Es una colección hecha a medida para huir de la rutina mientras conduces rumbo a un lugar que te de tregua. Si la experiencia sacia o no a sus fans más acérrimos, pueden debatirlo en casa de Vernor tomando una taza de café caliente (ese es su nombre real). ¿Dónde? Tras naufragar por la  pantanosa ‘My House By The Water‘ lo averiguarán.

 

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