Críticas

[Crítica] Marissa Nadler – July (2014)

A vueltas con los recuerdos se desliza la cantautora de Boston, Marissa Nadler, en su sexto trabajo titulado “July”. Anhelo de un verano que nos llega en pleno invierno y con la ensoñación adherida en las letras y en las melodías de este álbum de dream-folk efectivo y con elegante factura.

Marissa Nadler poco tiene que demostrar, ya lo ha hecho en sus anteriores trabajos y sus diez años de carrera, pero esta vez decide lanzar 11 disparos a los recuerdos que quedan escondidos y a las nostalgias que no tiene por qué ser siempre dañinas. En este disco vemos tintes de una Anna Calvi dulcificada y más de su paisana Sharon Van Etten pero con un mirar al pasado con esperanza y anhelo y menos crudeza. Randan Dull, el productor del disco, se lleve el sonido de Marissa a navegar por los sueños y les da espesor a un disco que sin unos arreglos bien armados podría quedarse en la superficie y no lo hace. La sutil guitarra eléctrica, los coros constantes y la, a veces, irritante guitarra acústica construyen un sonido sólido y lineal sin grandes variaciones ni demostraciones de fuerza, este disco no la necesita ya que vuela solo, una vez que te subes a la nube no podrás bajar tan fácilmente.

El primer disparo es “Drive” donde se presenta una guitarra y unos coros omnipresentes que nos acompañarán durante todo el viaje. Comienzo con suavidad que anuncia la hondura de un disco con tintes de sueño por todas partes. La delicadeza poética está muy presente en las letras “July“, es una chica lista, y nos separará los pies del suelo de una manera tan sutil como la delicada guitarra acústica que pide paso entre la maraña de capas que componen probablemente una de las mejores canciones de este disco “1923”. La cosa parece que empieza a ponerse solemne cuando irrumpe “Firecrakers” y descubrimos que sí, que ya nos ha embaucado, “It´s me, it´s me you´re looking for” y el recuerdo de un verano con una voz desdoblada que nos cierra los ojos y nos conduce a un lugar al que nos sabemos si queremos ir.

La desnudez arrolladora de la guitarra abre ‘Dead City Emily’, aquí el sintetizador eleva la ensoñación y el video nos muestra la sensación que nos quedará al escuchar este disco donde el dream está muchas veces más presente que el folk. “Desire” nos lleva esta vez a soñar con Tennesse y su recuerdo, con las largas carreteras desiertas americanas, una calma expectante con una composición sencilla que respira densidad y algo de asfixia que se le escapa sin querer. La voz de Marissa Nadler aquí se coloca en un primer plano, algo que parece esconder en la mayor parte del disco, pero no mucho, ya no que dejará de lado a unos coros que a estas alturas del disco comienzan a ser algo repetitivos.

A la espera de que nos sorprenda el disco se deja para el final más de lo mismo con canciones que nos parece ya haber escuchado como “Anyone else” o “Holiday in”, eso sí, en esta ocasión demostrándonos por qué Marissa Nadler lleva diez años en esto, porque tiene una voz rotunda, sabe combinar intensidad y delicadeza y sabe usar la fantasía en letras como esta que nos lleva al epicentro de una borrachera sin desvariar (“You see me and you wanna walk away. You haven´t come, waited on the rock by the bay. Your fantasies gone forever, and you´ve nothing left to say!).

“July” no es un disco que nos sorprenda, pero sí es un disco que nos eleva con un más que hechizante dream-folk que nos deja el alma tranquila, algo más oscura, pero con la sensación de que Marissa Nadler ha vuelto a dar en el centro de la diana.

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