[Crítica] Mark Lanegan – Phantom Radio (2014)

phantom radio

El otoño es una época que le sienta bien una banda sonora compuesta por Mark Lanegan. También por tradición, ya que muchas de sus giras y sobretodo discos, aparecen por estas fechas. Su música que se mueve entre el terciopelo, la desolación y la abrasión a base de cuerdas vocales, va como anillo al dedo a la caída progresiva del día, el cambio horario, la oscuridad adueñándose de nuestras horas, junto con tonalidades naturales, artificiales y vitales que prosiguen el cariz que va imperando. Tipo oscuro, capaz de reaccionar a una alarma de incendio en medio de una grabación con su amigo Josh Homme, con un lacónico “elijo morir”, acompañado de una profunda calada, a las demandas de evacuación de sus colegas y estridentes aparatos de alerta. Él es así, y es una parte indisociable de su talento compositivo, del mundo personal que ha ido construyendo disco a disco, colaboración a colaboración. Es lo que tiene el lado oscuro, que consume a quien vive en él, pero atrae a otras débiles personas, como invertebrados voladores hacia una luz en medio de la noche.

Mark Lanegan manifiesta que ha llegado a un punto vital en el que donde antes todo era tortuoso e hiriente, ahora siente cierta aceptación, una facilidad en tomar y apreciar su vida que no había sentido en su juventud y primera edad adulta. Probablemente algo tendrá en eso el haber cumplido ya los cincuenta. Phantom Radio no son luces y colores, ni cambios líricos destacables, no hay motivo de alarma, pero sí que no encontramos ante uno de los álbumes más ligeros y letárgicos que ha escrito la bestia. Es un disco que pierde mucho en la constricción auricular, pero que embriaga cuando se deja respirar en el aire, para que crezcan sus sutiles orquestaciones, sus acompañamientos electrónicos, las guitarras acústicas o de un eléctrico terrenal.

Carece del poder arrollador de algunas de las piezas de “Blues Funeral”, o incluso de la vocación más aventurera de la que hizo gala, en el que empezó a adentrarse en sonidos del krautrock, cierto post-punk… Aquí perviven, pero en la mayoría de ocasiones son más una forma de dar una capa de pintura distinta a un edificio que ya conocemos, que ninguna revolución compositiva, cambio de registro o vuelco estilístico. Muchas de las canciones que integran el reciente EP “No Bells On Sunday”, sí que son más rompedoras en ese sentido, o cargadas de su carácter más obtuso. Los diez temas que conforman “Phantom Radio”, son una colección de un buen Lanegan, con momentos brillantes, pero sin todo el magnetismo y fuerza del mejor que hemos escuchado de él. En algunas canciones el barniz resulta de forma destacable, en otras imaginar un acompañamiento eléctrico empalidece lo ofrecido (‘Death Trip To Tulsa’ con todo el poder de algunos cortes de “Bubblegum”…), incluso por momentos se sobrecarga de sonidos sobreros o ideas que no terminan de cuajar. Sin embargo, temas como la hipnotizante ‘I Am The Wolf’ o ‘Torn Red Heart’, una de las más bellas que ha escrito, prueban que aunque la inspiración no lo abrace, Mark Lanegan tiene un don innato para escribir canciones que atrapan en sombrías y contrapuestas sensaciones, entre la desolación y la calidez, la calma y la tempestad.

Mark Lanegan nos sirve un disco que no lo representa en el máximo de sus facultades, pero sí con un piloto automático compositivo que le facilita moverse somero entre sonoridades distintas a la mayoría de las ofrecidas hasta los dos últimos álbumes. Más contenido, incluso vaporoso, por momentos se echa en falta que se nos lleve por delante, otras se aprecia nítidamente su gran talento, mucho más versátil que su impertérrita presencia, curtido en una longeva carrera. No son muchos, pero sí suficientes en un disco que funciona con espacio por el que expandirse, incluso como velo ambiental, algo no muy habitual en él. ‘Harvest Home’ es la única concesión a ecos más percutores, y lo que sigue es un bueno pero dispar ejercicio entre la noche más calmada que nos ha ofrecido. Horas que anhelamos, nocturnidad sanadora, preámbulo necesario al siguiente acto.

Escucha el álbum vía Spotify.

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3 comments
  1. En mi opinión, mejor, menos espeso y machacón que Blues Funeral pero lejos de toda su discografía en solitario anterior. Su experimentación con juguetes electrónicos sólo encaja en Bubblegum.

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