Críticas

[Crítica] Metronomy – Summer 08

2008, la época del apogeo indie. El año en que ‘Backfire at the Disco’ incendiaba las mismas o el período -llamémoslo así- en el que Metronomy aprendió a caminar. Ya podríamos hacer un portfolio biográfico: el día en que la criatura de Joe Mount empezó a apuntar maneras, pasando por el rosado trance en el que se cameló a media Inglaterra imaginando un paraíso de aguas cristalinas. Muchos siguen ahí, ansiando ese verano tan cojonudo, y por contra, irritándose los ojos con la sal marina. ¿Fue el siguiente paso en vano? “Love Letters” no encontró su correspondencia, y se le castigó por ello. Y ahora, en este momento tan impredecible de su carrera, llega “Summer 08” (Beacuse Music, 2016) para sellar otra etapa. Como el beso de un padre contento que ha visto a su hijo crecer y aprenderse sus poemas musicales. Metronomy es un grupo realizado y basta con escuchar este último disco.

En realidad, nada es tan antiguo ni romántico como parece. Mount sabe bien de lo que habla. Cada canción captura un momento determinado del tiempo y quizá esa es la idea que quiere transmitirnos. Lo cierto es que la inspiración de los 25 no ha vuelto a aparecer (seguramente condicionado por sus inquietudes estilísticas), pero el espíritu con el que bordeaba la bahía se deja notar. Porque a pesar de ser un disco irregular, con trances de bajona y contadas melodías insulsas, hay canciones que bien van a pasar a formar parte de lo mejor de su discografía. Mount tiene la virtud de emocionar con la peligrosa simplicidad de sus temas. De destacar en temáticas que harían de una canción un pastel padre.

Back Together‘ no se traiciona y marca una vuelta de altura. Como la bienvenida después de un largo viaje: la celebración va por fases y aquí el éxtasis se produce al final, donde los británicos arrojan todo el confeti de funk para inundar la pista de baile. Por ahí irá la línea que ‘Miami Logic‘ servirá con su lógica aportación aunque escasa llegada para que ‘Old Skool‘ le dé la dinámica propia. Es decir, la de una noche de puro ocio por la zona West End de Londres. Si paso a ‘Hang Me out to Dry‘, tema en el que participa Robyn en la faceta vocal, es porque no hay mucho que comentar. En esta se deja patente la dirección que marca la brújula de Mount en 2016 a base de break beats: el dance de los 90 gana relevancia y en muchos momentos se nota su fuerte apego a exponentes del género como Daft Punk, Fatboy Slim o Beastie Boys.

Aunque ‘My House‘ hace intentos por (re)animar la historia, no lo consigue. Y sin embargo, llegados a este punto, da igual. Porque ‘Night Owl‘ es uno de esos arriesgados pasos que podrían pasar desapercibidos cual búho en horas nocturnas, pero que tiene un encanto único. Desde su base, ligera y sigilosa, hasta la elección de la tesituras de los sintetizadores, y la melodía en sí; tienen un punto ganador. Igual que ‘Love’s Not an Obstacle‘, la mejor canción del álbum. “Yeah, anything’s possible and, Love’s not an obstacle, I spend fourteen weeks with fourteen lovers“; es tan simple y sincera que hasta confunde. Instrumentalmente, recuerda a las baladas de los primeros Metronomy, aquellas que podían funcionar hasta con Lorem ipsum. 

Si ‘Summer Jam’ está pensada para sacar alguna conclusión, mejor que no le demos al coco. Si algo deja claro este disco es que todo el éxito que se preludiaba en 2008 era por una buena razón. Que después de todo sigamos encontrando pistas del calibre de ‘Love’s Not an Obstacle’ es para estar mínimamente contentos. Al menos por otro tiempo.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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