Críticas

[Crítica] «Montage Of Heck» (documental)

«Ha existido una gran obsesión con Kurt Cobain. Pero lo cierto es que Kurt mantuvo una limitada interacción con los medios. Eso provocó que el público generase una visión de él capaz de entremezclar ciertas dosis de fantasía, mitología y divinización«. Esta afirmación, tan aparentemente rotunda y contundente, es la que Frances Bean Cobain y Brett Morgen han utilizado de forma reiterada a la hora de promocionar «Montage Of Heck», famoso documental que se estrenó ayer en media España. Una, como productora y el otro, como realizador, quisieron dar la vuelta a la situación generando una película en la que se mostrase el lado más íntimo y crudo de aquel músico que nos abandonó de forma fatídica en abril de 1994.

Existen muchos puntos que merecen ser analizados con concreción a la hora de hablar sobre este documental. Uno de los más relevantes es la inédita mirada voyeur que el espectador adopta a la hora de aproximarse al material ofrecido en el film. Jamás antes habíamos disfrutado de tanto material personal que consiguiese teletransportarnos a los momentos más inocentes de un Cobain de temprana edad, o, por poner algún otro ejemplo, a los momentos más delirantes experimentados en el intenso romance que lo unió, de forma prácticamente irremediable, a Courtney Love. Tocamos su piel, le miramos a la cara y él, avergonzado como era, nos esgrime una de sus tímidas sonrisas.

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En estos últimos días jamás me imaginé que las imágenes ofrecidas en el documental me llevasen a cambiar, al menos ligeramente, la percepción que tenía del líder de Nirvana. En su momento construí un retrato de él a través de las múltiples ofrecidas en los medios, igual que también de la descripción ofrecida en la biografía «Heavier Than Heaven», pero «Montage of Heck» permite al espectador indagar y percibir la vulnerabilidad de Kurt de forma más evidente que nunca. De hecho ese es el tema que mueve de principio a fin el documental: una fragilidad que nace desde temprana edad y que acaba estallando precisamente en el momento que requería más responsabilidad y fortaleza por parte del padre de ‘Territorial Pissings’ o ‘All Apologies’. Percibimos ese punto tanto en el inicio del documental (infancia de Cobain), nudo (crecimiendo y desarrollo con Nirvana) como en el desenlace (últimos flirteos con la droga del rubio cantante a los 25/26/27 años de edad).

Lejos de querer tirar por lo convencional Morgen emplea motion graphics para recrear de forma viva y animada el material plasmado en los diarios de Cobain, desde su adolescencia hasta su etapa más adulta. Especialmente vibrante, a la par que emocionante, es aquella fase de «Montage Of Heck» en la que el ilustrador holandés Hisko Helsing recrea con pintura animada aquella edad de continuas mudanzas que sufrió Cobain. Ésta es una de las partes más interesantes del film. A través de los testimonios de la familia de Kurt uno puede hacerse una idea del extraño, depresivo e imprevisible carácter que le definió en plena pubertad. En «Montage Of Heck» el trabajo gráfico está tan elaborado, y está tan definido en un perfil decrépito y grungero, que más que visualizando un film parece que estemos subiendo a una góndola y disfrutando del paseo por un «tunel del terror» de lo más particular.

Uno de los grandes aciertos concebidos en el material presentado es el de ubicar la música de Nirvana en un segundo plano. El documental de Morgen es una pieza 100% íntima y personal que planea sobre diferentes aspectos relevantes de la personalidad del artista. Otro principal eje temático del metraje: el inusual romanticismo de Cobain. Se ama y se odia de misma manera, y esta ambigua relación es la que también mantiene con su entorno. No se salvan de la quema ni los familiares más cercanos ni sus relaciones conyugales.

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https://www.youtube.com/watch?v=_IBWbpJdRMQ

Extrañas son las sensaciones que uno experimenta al salir de la sala de proyección. Las 2 horas y 15 minutos de «Montage Of Heck» sirven para acercarnos a la persona, y no tanto al artista que muchos nos han hecho creer que era. A través de este «tour de force» emocional nos acercamos demasiado a Cobain, siempre desde ese perfil «mirón», como si fuésemos un invitado más en una cena familiar. Es entonces cuando se nos cae rápidamente el mito, alcanzando momentos tan dolorosos como los vividos con un décrepito y colocadísimo Cobain en los primeros meses de vida de su querida Frances Bean.

El material inédito es tan exquisito que seguro que habrá más de uno que se piense que es una mera recreación. Esa es la magia de «Montage Of Heck». Cierto es que quizás se haga algo redundante en algún punto (especialmente hacia el ecuador del mismo) pero la aventura es tan crudamente emocional, y tan rematadamente «voyeur», que sirve para que por fin nos sintamos como un conocido. O un amigo. O un familiar suyo de Aberdeen. Esa es la gracia, y el mayor mérito de un film que pese a no ser una obra maestra sí que debería ser recordado por ser la mejor, y más interesante, descripción personal de aquel gran músico que nos abandonó 20 años atrás.

 

 

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

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