Críticas

[Crítica] Pinkshinyultrablast – Grandfeathered

Manda narices que del país más grande del globo no conociera ni un solo grupo de música. Aunque un 47% del territorio esté cubierto de bosques, no hay excusa. Últimamente me insisten en que en Sant Petersburgo hay escena musical, no mucha, pero que la hay. Y hete aquí que el año pasado afloró una campánula de nombre ilegible e interminable que, casualidad o no, tenía un color que alelaba. La semilla de Pinkshinyultrablast germinó hace apenas un año con su debut («Everything Else Matters«, 2015) y ese mismo período ha sido el tiempo de barbecho que han necesitado para que eclosione «Grandfeathered«, su segundo álbum.

Rápidamente y a la chita callando, esta continuación discográfica, más eléctrica y expansiva, si cabe, supone otro paso firme de los rusos. En ella acechan de nuevo My Bloody Valentine o Cocteau Twins y el shoegaze más vaporoso de todos los tiempos, y en un segundo plano alguna que otra referencia electrónica como la de Nathan Fake (hurguen en «Drowning in a Sea of Love» y aten cabos). El tema está en que, definitivamente, Pinkshinyultrablast no se cubren de capas para ataviar nada, forma parte de su condición natural. Con este carácter pueden ir hasta el extremo oriente del país y volver a la velocidad que impactó Tunguska sin despeinarse. Y, con todo, nada suena excesivo.

Respecto a su debut, como decía, se aprecia cierta tendencia a sonar más profundos, dejando un poco de lado la obviedad de las guitarras. ‘Initial‘ es el preludio de lo que podría ser una expedición espacial, la cuenta atrás para el despegue de la nave. En ‘Glow Vastly‘ ya no hay gravedad. 5 minutos dura al menos cada misión, una lógica que, dentro de sus múltiples direcciones creativas, impera. Sea atravesando una lluvia de meteoritos como la de ‘Kiddy Pool Dreams‘, que nos deja ver su cara más ruidosa, o dejándose llevar por los destellos de una voz venida del cielo como ‘The Cherry Pit‘ (su cierre no tiene desperdicio). Ambos fueron acertados singles.

Toma abedul. Me recuerda a propuestas como las de Sexores (ellos de Quito), bandas con una fuerte personalidad dentro del género. En este caso, el quinteto vuelve a aterrizar sin contratiempos y antes de la hora prevista. Señal de que en Rusia se están haciendo las cosas bien. Dará más o menos frutos, pero la operación ha sido un éxito.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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