Críticas

[Crítica] Teen Daze – Morning World

Vivir el presente sin pensar en el pasado ni en el futuro es algo que debería aplicar más a menudo. Cada experiencia ganaría ese plus de intensidad que a veces te esfuerzas en buscar y no encuentras. Jamison, el músico canadiense que está detrás de Teen Daze, es un ejemplo que me viene como anillo al dedo: en poco menos de cinco años ya ha publicado tres discos que delatan una fuerte necesidad de dejarse llevar por todo lo que le rodea y corre por sus venas. “Morning World“, su último álbum, experimenta cambios sensibles tanto en producción (por primera vez ha sido empaquetado en los estudios de Tiny Telephone, California) como en registro. Una tarea en la que se ha dejado guiar por Simon Bridgefoot (co-productor y colaborador) y que tiene mucho que exponer.

Conceptualmente no puede ser más claro: busca evasión, ya sea en los despertares de cada mañana, en la inocuidad de los degradados turquesa, las puestas de sol que se consumen en los confines del océano o en el simple (e irónicamente complejo) infinito. No hay que buscarle tres pies al gato. “Morning World” va de frente, aunque albergue mucha más intención que “Glacier” (2013). Musicalmente hablando, Jamison aparca la electrónica para indagar en otras posibilidades de crear ambientes perdurables. Los encuentra apostando por un pop orquestal que tiende a desarrollarse en pasajes instrumentales. Tampoco lo instaura para enterrar el espíritu teen con el que empezó el proyecto (sigue habiendo de Brian Eno), pero cierto es que el cambio de registro es un paso de lo más premeditado. Un salto cualitativo con el que trasciende las paredes de su dormitorio.

Lo escucho y me vienen a la mente las voces de Avi Buffalo o Nic Hesler, ambos también apasionados por su tierra. Su falsette a varios niveles nos trae la intimidad necesaria para que sus canciones sean de gran calado. Algunos hasta podrían prescindir de ella, sin embargo su voz acaba siendo un componente con el que juega con inteligencia. Véase en ‘Valley of Gardens‘, acogedora bienvenida que arranca con unos violines (muy Owen Pallett) y que se deja llevar hasta que se harta de armonía. La homónima ‘Morning World‘ se arrima a los paisajes de Real Estate. Sus guitarras diáfanas y la sutilidad de los sintetizadores son el despertar ideal; plácido y sin resaca. La estampa imposible tras la tormenta perfecta llega con ‘Post Storm‘, que cae con la parsimonia con la que lo hace una pluma o con la serenidad (y nostalgia) de los mismos Dakota Suite. Me parece el tema más logrado del disco y el que, con menos texto (y más instrumentación), refleja mejor cuánto ha cambiado respecto 2010. Con ‘Life in the Sea‘ concuerdo en que Jamison haya compuesto este disco pensando en un mundo desprovisto de sufrimiento. Busca belleza y la encuentra sólo imaginándola. Como en el último minuto de ‘Along‘, que se mira en los estados de trance de The Antlers (otros enamorados de la naturaleza). Maravilloso, por cierto.

Habiendo visto paisajes de todos los colores, Teen Daze cierra el disco con la lógica que precede el día: con la nocturnidad del piano en ‘Good Night‘, cantándonos (por si no había quedado claro) que la vida son todo cambios y que al fin y al cabo se resume en la hermosura de las cosas. Una premisa que, desde luego, se cumple en “Morning World” ya que logra el propósito de transmitir paz mediante un mundo demasiado perfecto para ser real.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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