[Crítica] Teen Daze – Themes for Dying Earth

Rozas la treintena y todavía no has hecho esa gran escapada, el dejarlo todo y empaparte del mundo. ¿Cuándo sino? La premisa de vivir el presente no fue fugaz en el caso de Jamison, el corazón de Teen Daze que, más que viajar por su cuenta, nos proponía él el viaje. Eran sitios idílicos, lugares que sonaban a pura entelequia. En fin, parajes en los que te gustaría pasar mucho tiempo, sea despierto o dormido, es indiferente. El caso es que “Morning World” (2015), su referencia en largo más inmediata, nos proponía un escenario donde primaba el pop y la belleza ambiental, algo que, dos años después, sigue siendo así. La única diferencia es que ahora Jamison ha acumulado más vivencias por el globo, en especial por el continente asiático. Como pueden ver en la portada, Sakura florece y el pop de Teen Daze vuelve a cristalizar en “Themes for Dying Earth“. Aquí es primavera.

El título del disco puede sonar irónico, y es que en parte lo es. Jamison contaba que las canciones son fruto del choque social que estamos viviendo hoy en día; debate del cambio climático inclusive. Con toda su lógica este disco se nutre de ambientes armónicos y lo hace a base de contemplación y más contemplación. La fórmula sigue siendo semejante a la de hace dos años: en la balanza, las pinceladas de electrónica ganan algo más de peso. Jamison canta menos y apenas hay guitarras. Pero no resta. Hay momentos que con un bucle hermoso ya vale, y otros en los que oler una simple llovizna lo es todo.

Yendo al conjunto, que al final es lo que cuenta, Teen Daze nos ofrece un recorrido en el que propone sumergirse pronto. ‘Dream City‘, del clásico formato 4 minutos, es un bucle eterno y hermoso, lleno de fuerza; una reflexión. Poco a poco va despertando y al final acabas con la idea (no sé si buscada) de que deberíamos soñar menos y hacer más. En ‘Becoming‘ uno podría estar paseando bajo cerezos japoneses, como en ‘Lost’, en la que canta la artista Nadia Hulett. A partir de ahí empieza una sucesión de colaboraciones de lo más suculentas y que le dan cuerpo al álbum. Primero Dustin Wong en ‘Cherry Blossoms‘, una canción onírica de todas buenas y que acaba buscando la épica. Luego, el incofundible sello de Sean Carey deja su huella en una ‘First Rain’ que tiene ínfulas de ‘Creaking’. ‘Rising‘, tema en el que colabora Sound of Ceres, es una bofetada en cámara lenta. En otras palabras: una crítica al cambio climático. Y la última mano ajena que interviene en este disco es la de Jon Anderson en ‘Anew‘, un tema que danza al son de un rimbombante y pasivo sintetizador que se desvanece poco a poco, como la llama de una vela que se apaga.

Para el final, Jamison ha reservado la inspiración que le proporcionaron las clases de yoga de Indonesia, es decir, su calma más absoluta. Con la inercia que ya llevamos, ‘Breath’, que podría ser como un sueño profundo, no desencaja.  Así, cerrar con ‘Kilika‘, un corte mucho más despierto y luminoso, es todo un acierto. Y concluyo: temas que condenan a este planeta hay muchos, pero verlo con los ojos de quién acepta la derrota no tendría sentido. Por suerte, aún queda gente como Jamison que ayudan, aunque sea modestamente, a abrir los ojos de otros tantos. Solo por eso ya merece la pena aplaudirle.

0 Shares:
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

También te podría interesar