Críticas

[Crítica] The Wombats – Glitterbug

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Lo de “The Wombats cantando en petit comité” en el Festival de les Arts de Valencia me ha tentado, os lo aseguro. Verlos al desnudo sin producción de por medio  me ha hecho recordar la banda a la que poco le importaba cómo sonar, que rezumaba inquietud y sudaba a mares en cada puesta en escena. Eran tiempos de “Sam’s Town”, “Costello Music” y “Wait For Me” (¿alguien se acuerda de The Pigeon Detectives?), época en la que descolló este trío de raíces beatlenianas, hoy autor de su tercer álbum de estudio en ocho años. Rozando la década, que se dice pronto.

A parte de atiborrarse de conciertos y festivales, The Wombats, aunque pueda no parecerlo han estado trabajando en un nuevo disco. Para ello se han vuelto a tomar 4 años de margen y los resultados, nuevamente, no han sido espectaculares.Y es que a tenor de sus primeros adelantos, las sorpresas en “Glitterbug” (14th Floor Records) son inexistentes: los de Liverpool insisten y se reafirman en que su registro ha evolucionado en pos del pop de radiofórmula británica y de la electrónica más pomposa.

Sin olvidar el entramado emocional que Matthew Murphy, alma máter y vozarrón del grupo, ha vivido a lo largo de estos últimos años (ha estado sumido en varias depresiones), “Glitterbug” se advierte estoico, cómodo en su hábitat y con ganas de contarnos algo que a los seguidores de largo recorrido no termina de convencernos. Los pocos marsupiales que quedaban en “This Modern Glitch” (2011) tomaron el tren de vuelta para no volver nunca (la juerga, por lo menos,  ya ha dejado de ser en el estudio). Lo mundano pasa en un tercer plano y los dilemas personales esta vez toman un cariz romántico un tanto incierto pero muy relevante.

Y si la esperanza en algunos estribaba en que el trío desenterrara a una nueva estrella británica, esto se queda en nada. Lo dicho, los ganchos persisten, pero ya no son de acero, sino de algodón. ‘Emoticons’, en un intento por no desvincularse de las guitarras, suena laxa, terriblemente endulzada. Y no es para menos, tratándose de una declaración de amor nada optimista: “Necesitas encontrar otro chico a quien masticar su corazón”. No deambulará perdido por ello, pero esa línea marcará la tónica de casi todo el largo (‘Give Me A Try’, ‘Greek Tragedy’, ‘Be Your Shadow’).

El molde que usaban para los coros ahora tiene forma de emoticono sonriente (tan artificial que hasta se confunde con sintetizadores). Y es que la receta que aplican es la misma para todos, tema tras tema, de principio a fin, salvo puntuales excepciones. ‘The English Summer’, una de ellas. Para bajar todas esas calorías nos dan un licor intenso y sin edulcorantes, que se toma, digiere y te revitaliza en menos de tres minutos (en él, ni rastro de teclados fogosos).

La falta de inspiración me parece evidente. El cambio de registro, un hecho absolutamente respetable y entendible. No obstante, creo que la conexión emocional con una parte de su público tiene y seguirá teniendo fisuras. Más allá de su discurso, que en parte puede haber eclipsado su ingenio, The Wombats han fabricado un disco muy olvidable. ¿Grupo de «one album wonder»? Eso parece.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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